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Los miles de candidatos

Lo normal –porque en este campo habrá que admitirse que hay de todo, hasta lo más insólito– es una cúpula (grande o pequeña) de un partido la que elige a capricho a los candidatos. Y, a veces, más directamente incluso, es el “jefe indiscutido del partido, el “caudillo”, el que apunta con el dedo para la elección.

Una papeleta marcada. Foto: comunicacion.gob.bo

Una papeleta marcada. Foto: comunicacion.gob.bo

Gabriel Peláez Gantier

00:00 / 28 de noviembre de 2014

Estamos ya, oficialmente, camino a las próximas elecciones departamentales y municipales. Se puede analizar muchísimos temas en relación a aquéllas, pero, tanto con referencia a las mismas como a las ya pasadas nacionales, en este trabajo queremos limitarnos a realizar algunas consideraciones relativas a los candidatos que participaron y participarán en los respectivos comicios.

Y, más específicamente, a tratar de absolver la interrogante que aparece como elemental, en sentido de preguntarnos ¿cómo “aparecen” aquellos? O sea, ¿quién los designa, bajo qué normativa?

Inicialmente, señalemos que el tema no es tan simple como parecería, porque se trata no de unas cuantas personas, sino de varios miles.En efecto, para las recientes elecciones que llevaron a la conformación de la Asamblea Legislativa Pluri- nacional en sus cámaras de Diputados y Senadores, ¿cuál fue el panorama? Suponiendo que los cinco partidos políticos participantes en dicha elección, como es lo normal, hubiesen presentado candidatos titulares y suplentes en los nueve departamentos, estaríamos hablando de cerca de 1.700 postulantes, nada menos.

Pero ese número habrá de crecer bastante más a medida que descendamos a la composición de los gobiernos departamentales y los gobiernos municipales.

En cuanto a los primeros, el número no constituye un problema para el órgano ejecutivo de éstos. El problema comienza y termina nombrando en cada departamento un candidato a Gobernador, que serían nueve.

El tema, en cambio, se complica al hablar de las asambleas legislativas departamentales, teniendo en cuenta que su número no es igual, que varía en cada jurisdicción, por eso tendremos que atenernos a un promedio para alcanzar un total nacional, solo para el propósito que perseguimos.

En aquel afán, y tomando un promedio de solo 15 asambleístas por departamento, estaríamos hablando de más de mil candidatos (titulares y suplentes) considerando que en cada departamento se presenten solo cuatro partidos políticos y/o agrupaciones ciudadanas.

Pero el tema se complica más todavía cuando llegamos a los gobiernos autónomos municipales.

En el caso anterior, solo refiriéndonos a un partido o agrupación ciudadana de nivel y ámbito nacional que quisiera participar en la totalidad de las elecciones de los más de trescientos municipios, requeriría como candidatos a concejales municipales casi 3.400 personas (titulares y suplentes), a las que habría que añadir otras casi 700 como candidatos (titulares y suplentes a alcaldes municipales. Todo esto hace un total de más de 4.000 candidatos en números redondos.

En cuanto a elecciones pasadas, dejamos constancia que no estamos haciendo referencia concreta a las realizadas para organizar las distintas entidades del Órgano Judicial con la elección de magistrados. Téngase en cuenta que solo para el Tribunal Constitucional Plurinacional (tcp) se presentaron como trescientos candidatos.

Teniendo en cuenta que para una participación en todos los niveles y organismos donde deben llenarse funciones bajo el sistema de elección directa se requeriría más de 7.000 candidatos, nos preguntamos si cualquier partido político que se precie de tal y quiera mostrar seriedad no irá a tener problema para encontrar aquel número.

Se podrá decir que el número de ciudadanos habilitados para votar en el país supera los 5.200.000; total del que el número de candidatos representa un porcentaje mínimo. Pero nos preguntamos, ¿es que se puede partir del hecho de que todo “ciudadano” es, de por sí, un activo militante político-partidista y, además, va a escoger aquellas funciones como las preferidas para “dedicarse” a ellas? Obviamente que no, todo lo contrario. Salvo por razones “non santas”, la función pública no es ni ha sido en Bolivia de las más apetecidas.

Pero existe, asimismo, otra razón fundamental, aunque muchas veces no se la tome en cuenta. Y es que el desempeño de aquellas funciones es obvio que amerita ciertos conocimientos, cualidades o capacidades. En este detalle, nuestra normativa es muda.Preguntémonos, ahora que finalmente el partido político equis tiene los cuadros de militantes suficientes para llenar aquella cifra o una incluso mayor,

¿cómo lo hace?

¿Existe en la cual normativa electoral (Ley del Órgano Electoral Plurinacional del 16 de junio del 2010 y sus varias modificaciones) algún texto que, en forma concreta y específica, se refiere al tema de los candidatos en cuando a su origen y su repentina “aparición”? Ninguno.

Entonces, ¿qué es lo que se debe suponer que sucede en la práctica, porque, de alguna manera, fulano o fulana de tal “aparecen” de candidatos del partido político o de la respectiva agrupación ciudadana?

Lo normal –porque en este campo habrá que admitirse que hay de todo, hasta lo más insólito– es una cúpula (grande o pequeña) de un partido la que elige a capricho a los candidatos. Y, a veces, más directamente incluso, es el “jefe indiscutido del partido, el “caudillo”, el que apunta con el dedo para la elección.

Ante tantos miles de candidatos que se deberá escoger para marzo de 2015, a todos los integrantes de las cúpulas de partidos o simplemente a los jefes y/o caudillos se les va a “gastar” el dedo de tanto usarlo.

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