La Gaceta Jurídica

Una mixtura de historia

Así como la vida, el Carnaval está marcado por sucesos y acontecimientos propios y ajenos, suele reflejar, a manera de burla u homenaje, la vivencia de las personas comunes que se disfrazan de personajes importantes de la época que viven.

El pepino paceño fue adoptado a fines del siglo XIX.

El pepino paceño fue adoptado a fines del siglo XIX. Foto: Archivo La Razón

La Razón (Edición Impresa) / Amelia Peña Aguilar*

00:00 / 20 de febrero de 2015

La vida, es una mixtura de sucesos. La vida individual y la colectiva de las personas se construyen en la cotidianidad y en los acontecimientos importantes, familiares y sociales; también con los sucesos y accidentes propios o ajenos.

Así como la vida, el Carnaval está marcado por sucesos y acontecimientos propios y ajenos, suele reflejar, a manera de burla u homenaje, la vivencia de las personas comunes que se disfrazan de personajes importantes de la época que viven.

Por ejemplo, de los años 60, los abuelos cuentan que después de la muerte de Che Guevara, mucha gente se disfrazó de él.

Pepe Podestá

En el tema particular del pepino de carnaval, la hipótesis más aceptada entre los historiadores es que este personaje nació a raíz del impacto que tuvo a finales del siglo XIX la llegada al Teatro Municipal de La Paz de un importante artista uruguayo radicado en Argentina, cuyo personaje se llamaba Pepino 88.

Su verdadero nombre era José Juan (Pepe) Podestá, quien nació en Montevideo, Uruguay, el 6 de octubre de 1858 y murió en La Plata, Argentina, el 5 de marzo de 1937. Actuó junto a sus hermanos Gerónimo, Pablo y Antonio marcando una tendencia importante en el mundo circense de esa época.

José Podestá, hablando de su personaje, en sus memorias dice que “Pepino el 88 se presentaba así: ‘Acepto, estudio, trasnocho, salto, brinco, con maestría y el público, casi chocho, me llama desde aquel día Pepino el ochenta y ocho’”.

Los historiadores suponen que el impacto de Pepino 88 fue tan grande en las personas que, en el siguiente carnaval, cientos de paceños se disfrazaron de esta figura.

Pagliacci

La obra italiana Pagliacci, en español “Payasos”, es un drama en dos actos con un prólogo. La música y el libreto en ese idioma pertenecen al composi- tor Ruggero Leoncavallo y la trama tiene tres personajes, Pierrot, que es el principal, con su antagónico el Arlequín y la Colombina, esposa del primero.

Pierrot es un protagonista triste, agrio y celoso. Al contrario, Arlequín es despreocupado, alegre y divertido. Ambos, Pierrot y Arlequín, estaban enamorados de Colombina, la que era fiel a Pierrot; sin embargo, las constantes serenatas de Arlequín frente al maltrato de Pierrot hacen que Colombina decida escapar con galán.

No obstante, las habladurías de la gente hacen que Pierrot impida la fuga de su esposa y, en un forcejeo tratando de averiguar el nombre de su amante, termina matándola. La obra termina con la clásica frase “Llora Payaso, llora”. La obra se estrenó en París, Francia, alrededor de 1890.

En relación a este drama, e nuestro ámbito la hipótesis que se maneja es que la aristocracia boliviana de fines del siglo XIX se disfrazaba de los personajes del Carnaval Veneciano, entre los cuales se encontraban Pierrot, el Arlequín y Colombina, pero que el pueblo se identificaba más con Pierrot.

Los “tundiquis”, en debate

Los datos del Instituto Nacional de Estadística del último censo muestran que el 52% de los bolivianos se considera mestizo.

Cuando hablamos de afrobolivianos, estamos hablando de mestizos, pues no son negros de África.

Los etnógrafos clasifican a las danzas que representan el tráfico de personas como danzas “afrocoloniales”, en este caso danzas en las que hay dos personajes, los esclavos y el capataz.

Así como los congós en Panamá, la danza de los tundiquis es una representación de lo que fue parte de la historia de la Colonia y se la valora como una forma de tradición oral que nos ayuda a no olvidar.

Los bailarines no son negros, son mestizos aymaras, pues por razones artísticas utilizan el maquillaje para representar algo que no son; los mismos afrobolivianos no podrían representar sin maquillaje a los africanos traídos como esclavos.

El viceministro de Descolonización, Félix Cárdenas, cree que este baile emite acciones racistas y discriminatorias al representar del sufrimiento y humillación del pueblo afro y se está a punto de borrar ésta danza de la historia de nuestro folclore, que es, precisamente, una manera narrativa y figurada de representar nuestra realidad.

El presidente de la Asociación de Conjuntos Folklóricos del Gran Poder, Justo Soria, defiende a la fraternidad “Negritos del Colegio Ayacucho” por que tiene 41 años de antigüedad.

Si los tundiquis representan algo que “no somos”, ¿acaso el pepino representa “lo que sí somos”?, ¿no es un error tratar de borrar la historia de los pueblos por la consideración teórica de una autoridad gubernamental o de un grupo que no se siente identificado?, ¿cuántos cientos de paceños protestarían si se les prohibiera entrar de pepinos, aún explicándoles que el pepino viene de Italia o de Uruguay? y con mucha razón, pues ya lo hicimos nuestro; como suele suceder en el mundo entero, los acontecimientos cambian la vida de la gente y a la sociedad, además, la historia no es lineal.

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