La Gaceta Jurídica

Una opción postmoderna para quebrantar estructuras

La solidaridad

Amelia Peña Aguilar

00:00 / 21 de marzo de 2014

Gabriela Castellanos dice que por mucho tiempo la política no era un tema para las mujeres, la prohibición era  tácita, gobernantes como Napoleón, papas como San Pablo o intelectuales como Nietszche nos conminaban a callar.

Hoy se cuenta con el derecho al voto y al ejercicio de cargos públicos y la siguiente conquista no es división entre la esfera privada y pública, “lo personal, es político”. Nuestra subordinación social, la búsqueda de mayor  equidad es un tema urgente en las convenciones de derecho internacional.

Joan Scott estudió la relación entre género y poder inspirada en los conceptos de Foucault. Ella dice que “género” no es otra forma de decir “mujer”, sino es un concepto para hablar de la relación entre hombres y mujeres, nuestras diferencias de roles y que esas diferencias no son producto de una esencia invariable, sino que cada cultura concibe, tiene su propio concepto de lo que es “ser hombre” y lo que es “ser mujer” y estas concepciones son diferentes, además que evolucionan.

Género

Scott define al género como “un elemento constitutivo de las relaciones sociales que se basa en las diferencias que distinguen los sexos”, “una forma primaria de relaciones significantes de poder”, “campo primario dentro del cual o por medio del cual se articula el poder”, “un conjunto de saberes sociales, creencias, discursos, instituciones y prácticas sobre las diferencias entre ambos sexos”. En síntesis, género es una categoría íntimamente ligada a las relaciones sociales, al poder y a los saberes.

Saber

Foucault dice que “saber” es la “comprensión sobre las relaciones humanas producida por las culturas y las sociedades”, por lo tanto, el “saber” es “relativo” no “absoluto”, sobre éste se construyen las relaciones de poder.

Los saberes se producen y comparten por determinados tipos de discurso, desde los cotidianos y familiares hasta los científicos y profesionales y en estos discursos en batalla se va decidiendo cuál es la verdad, cuál es el legítimo, lo que es valioso e importante, ahí se establece quién tiene derecho a tomar decisiones en la vida social, quién obtendrá cada tipo de poder.

Poder

Foucault plantea que “el poder es guerra, la continuación de la guerra por otros medios” , los conflictos se producen en la “lucha por el poder” y opera mediante leyes, instituciones que ponen en movimiento las relaciones de dominación y el poder lo ejercemos todos de múltiples formas en las interrelaciones, los dominadores y los dominados que podemos ser de diversas maneras, intercambiando roles de acuerdo al tipo de relación, por ejemplo, una mujer es subyugada por su marido, pero es dominante sobre la servidumbre; un obrero es subyugado por el patrón pero es dominante sobre su mujer.

El poder se ejerce mediante una red de discursos y prácticas sociales, del poder participan hasta los mismos dominados que apuntalan y comparten en la medida que repiten los dichos e ideas que justifican su propia dominación y esa resulta ser la mejor dominación, “la que cuenta con el apoyo de los miembros del mismo grupo subyugado”, por eso los esclavistas elegían a sus capataces entre los esclavos, por eso las madres, tías y abuelas mantienen el control sobre el comportamiento de las jóvenes y niñas.

Nos convertimos en cómplices de nuestra propia dominación haciendo uso de discursos y prácticas que justifican y perpetúan esa dominación.

Por eso no se puede concebir a una mujer como una impotente víctima de un sistema masculinista, debe repensarse el término “patriarcado” como la jerarquía de género en el cual prima el varón, tampoco se trata de trasladar la culpabilidad a las víctimas, sino, dejar de interpretar la dominación en términos de “culpa”,  ya que es uno de los mecanismos de dominación.

La resistencia

Algunos dominados luchan en contra del poder que los subyuga, eso es “resistencia”, que también se realiza en el campo de los saberes y los discursos que van desde los políticos y académicos hasta los chismes o bromas que hacen mofa del poder patriarcal.

Las estructuras de poder se reacomodan constantemente tratando de asimilar y neutralizar cualquier resistencia, pero ese mismo esfuerzo por cooptar conlleva un desplazamiento que más tarde se traduce en grietas en las estructuras existentes que pueden agrandarse con el tiempo.

Lo personal es político

Las relaciones afectivas y domésticas están atravesadas por una lucha política; el lenguaje, el discurso, los dichos y las costumbres pueden llegar a socavar estructuras; para Foucault, lo discursivo es político en la esfera personal y en la pública.

Lo subjetivo es una construcción histórica, no es natural del ser humano, sino resultado de los procesos sociales.

Subjetividad

En el mundo se generalizó la idea de que lo subjetivo es la capacidad del ser consciente de pensar, sentir, decir y oponerse al mundo. La capacidad de diferenciarse entre el yo y el mundo aparece como una cualidad innata al ser humano, pero sólo es un intento de totalizar la verdad, de globalizar la filosofía, de tener fundamentos universales de conocimiento.

Por otro lado, vivimos un culto a lo moderno y, ni bien aparece un concepto, lo devaluamos porque pensamos que es efímero y que mañana será obsoleto.

Postmodernismo

El postmodernismo no puede definirse, en términos cronológicos, como una época después de la moderna, sino como una posición, una actitud de incredulidad y escepticismo ante las grandes concepciones de la historia humana.

Es la idea de que nuestra realidad puede entenderse en relación de una esencia universal y que todo acontecer está dirigido a un fin que concuerda con la realización de esa esencia. Pero la incredulidad a ésta postura es necesaria para la teoría feminista, la crítica a la idea de una sola razón, de una sola verdad objetiva, nos permite pensar en otras verdades que incorporen otras perspectivas, entre ellas la perspectiva de la “mujer”.

Posmodernismo y feminismo

La objetividad y neutralidad de la razón, que son la base de la investigación científica, históricamente han sido puestas al servicio de un sujeto hegemónico. Linda Nicholson dice que “los planteamientos presentados como universalmente aplicables han sido invariablemente válidos sólo para los hombres de una cultura, una raza y una clase en particular”.

Pero, desde la perspectiva postmoderna podemos descubrir que los puntos de vista de otras razas, clases, culturas, género o cualquier otro grupo dominado parecen débiles, pobres, injustificados ante la arrolladora fuerza de la “razón universal”.

Tomar una actitud postmodernista es muy bueno para el feminismo, porque esto permite que en el mismo feminismo se evite la tendencia a generalizar el feminismo, algunos feminismos se proclaman como válidos para todas las mujeres; una experiencia femenina que no toma en cuenta las diferencias entre las mismas mujeres en términos de clase, etnia, edad, orientación sexual y su experiencia como mujer no es sino una vivencia de mujeres blancas, adultas, occidentales, burguesas y heterosexuales.

La solidaridad

Richard Rorty plantea un concepto de “solidaridad” que es la “capacidad de identificarse con el sufrimiento de otros”, imaginarse el detalle de sus vidas. Se plantea una utopía como una meta por alcanzar por medio, no de la investigación, sino de la imaginación, ver a los extraños en el sufrimiento, incrementando nuestra sensibilidad por el dolor y la humillación de los seres humanos distintos y desconocidos.

¿Cómo podríamos construir esta solidaridad? Lo podríamos hacer por medio del periodismo, de la etnografía, de la novela, del cine, de la tira cómica, de la historieta, identificando detalles que nos son comunes e ir borrando diferencias entre “ellos” y “nosotros”.

Este método puede ser una excelente manera de ir entendiendo las formas distintas de dominación, diferentes a las que nosotros sufrimos, crear una articulación de demandas entre mujeres, aymaras, trabajadores, homosexuales, etc., construyendo imaginariamente un “nosotros y nosotras” en lugar de un  “ellos y ellas”.

La solidaridad, además, refuerza el concepto de “lo personal, es político” un concepto muy femenino que demuestra que Napoleón se equivocaba al callar a las mujeres cuando ellas querían hablar de “política”.

Fuente:

Gabriela Castellanos. Género, Poder y Postmodernidad: hacia un feminismo de la solidaridad. Universidad del Valle, Cali, Colombia.

Es economista, egresada en Derecho y diplomada en Pedagogía para la educación superior y en Diplomacia Cultural de los Pueblos.

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