La Gaceta Jurídica

La panacea del proceso oral frente al escrito

El Señor Justicia

Carlos Conde Calle

00:00 / 27 de septiembre de 2015

Como una de las novedades, el nuevo Código Procesal Civil (cpc) ha incorporado el proceso oral. En realidad, éste ya fue consignado en el anteproyecto de cpc de 1997 por René Blattman, quien tomó la modalidad del Código Procesal Civil Modelo para Iberoamérica, publicado en 1980, y lo reconocen los neoliberales. Estos dos proyectos fueron producidos en el apogeo del neoliberalismo. Lo nuevo en nuestro análisis es que todos esos cambios contaron en 1996 el apoyo de Usaid, órgano que depende del “imperialismo estadounidense”. La base ideológica de ese cambio superestructural estaba en el ANÁLISIS ECONÓMICO DEL DERECHO (de cuño liberal).

Antes de ingresar al tema, me gustaría realizar un par de consideraciones. La primera de relación con el campo político. Diríamos que el presidente Evo Morales fue sorprendido en su buena fe cuando los dispositivos jurídicos fueron denominados “CÓDIGOS MORALES”. El mandatario debe saber que, v. gr., el cpc fue copiado del anteproyecto de Goni; es decir, del neoliberalismo.

Los intelectuales orgánicos, para usar categorías gramscianas, no dijeron la verdad, que estaban copiando el anteproyecto de Gonzalo Sánchez de Lozada. ¿Porqué? No sabemos. Ningún gobierno es perenne; en algún momento Evo debe dejar el gobierno (y no digo poder) y, con seguridad, el sucedáneo le dirá, precisamente, eso: que los Códigos Morales han sido copiados de los proyectos del neoliberalismo; pienso que es una razón por la que Carlos Alarcón y Bernardo Wayar se callan ahora.

Nosotros propusimos que el gobierno abrogue el cpc que todavía no entró en vigencia plena; simultáneamente, se debe designar una comisión de abogados que sientan el proceso de cambio, que sean abiertamente antineoliberales, v. gr., Idón Chivi Vargas y Marcelo Fernán- dez Osco, bajo la tuición de Gonzalo Trigoso, actual ministro de Trabajo. És- tos deben presentar un cpc que responda al nuevo Estado, que no es republicano, sino plurinacional. En otros términos, deben tener la capacidad de producir un código revolucionario, emancipador y, fundamentalmente, descolonizador.

La descolonización debería empezar por el sistema jurídico. Deben demostrar los intelectuales orgánicos del mas que se puede crear un sistema jurídico propio y no ajeno, es decir, lejano al sistema jurídico occidental.

Es otro punto es el vinculado a la conciliación como mecanismo de resolución de conflictos legales. Ratifico plenamente lo ya escrito: los conciliadores deben ser abogados y abogadas; si opera en sentido contrario, como ocurre la actualidad, el sistema fracasará como los jueces ciudadanos.

Como profesor universitario estoy de acuerdo con la conciliación. Propongo que a la audiencia conciliatoria deben asistir únicamente los abogados de las partes y el juez conciliador, son éstos los que deben llegar a un acuerdo definitivo. Podríamos flexibilizar la medida, aceptando la presencia de las partes, pero no podemos prescindir de los abogados.

Una de las novedades del nuevo cpc es la incorporación de la oralidad como método de resolución de conflictos, antes que un principio. Hay quienes ven en la oralidad la panacea a los conflictos legales. Nosotros convenimos en parte con esta propuesta (en realidad es una verdad a medias). Sin embargo, menester es sostener que este  método no ha sido creado por el cpc, su origen es más remoto.

El anteproyecto de Goni, publicado en la memoria 94-97 del Ministerio de Justicia, hoy está en la biblioteca de la planta baja de esa cartera; en él, los proyectistas Mario Cordero Miranda y Enrique Diaz Romero, entre otros, sostienen que “el Nuevo Código del Proceso Civil se sustenta en la ORALIDAD, aunque estrictamente se trata de un proceso mixto, con predominio de la palabra hablada, porque no se pretende perder los beneficios de la escritura. No se prescinde del todo del sistema escrito o escriturado porque el proceso por audiencia se inicia con la demanda y la contestación escritas, de la misma manera que los recursos impugnatorios también tienen naturaleza escrita”.

El argumento es muy endeble porque no precisa y, fundamentalmente, no conceptualiza qué debemos entender por ORALIDAD. No hay que olvidar que son dos códigos distintos; a la dinámica de lo oral, a veces, se contrapone el lenguaje escrito.

En la exposición de motivos del cpc –que también fue copiado del cpc de Blattman– se afirma que “el nuevo Código Procesal Civil se afilia al sistema oral, haciéndose con esto militante el sistema predominante en el sistema procesal mundial”. ¿Acaso no habían creado un sistema propio?

Eso no es todo, de los pocos “creados” por los proyectistas, en el artículo 1 se dice: “ORALIDAD. Es la forma de desarrollar el proceso, sin perjuicio de la escritura en los actos establecidos por Ley”. Tampoco se cita un concepto claro y preciso.

Amable lector, ¿qué puede comprender cuando los proyectistas conceptualizan la oralidad como “la forma de  desarrollar el proceso?, ¿qué es eso? Falta de prolijidad, más aún cuando se incorpora la oralidad como principio. Era obligación establecer un concepto preciso. Luego dice: “...sin perjuicio de lo escrito”, que es un barbarismo absoluto.

Pregunto: ¿Qué quisieron decir con los vocablos “sin perjuicio de la escritura”? En todo caso, el anteproyecto de Blattman es más preciso, sin ser exacto, cuando sostiene que la demanda, respuesta y reconvención y recursos serán presentados por escrito. Pero, la  fuente remota sobre la oralidad está en el Código Modelo de Proceso Civil, publicado en 1980. Este proyecto fue labrando desde 1945.

Los que trabajaron el proyecto fueron los profesores Enrique Vescovi, Adolfo Gelsi Bidart y Luis Torrelio Giordano. Más bien que el neoliberalismo que contrato a Mario Cordero Miranda y Enrique Diaz Romero, entre otros, reconoce esta fuente; lo que no ocurre con los proyectistas del actual cpc, los profesores César Villlarroel Bustios y Andrés Valdivia, quienes se olvidaron de citar la fuente. Segu- ramente de aquí a 20 años se sabrá la verdad. Todos, incluido este columnista, tendremos que rendir cuentas ante la historia.

La pregunta es ¿cuán originales son los Códigos Morales? Precisamente, en la página 37 del Código Modelo del Proceso Civil se sostiene que “el proyecto se afilia al sistema de oralidad conforme a lo dispuesto por las Bases (...). La  oralidad por la cual se han inclinado la mayoría de los procesalistas iberoamericanos, no sin alguna discrepancia, es entendida en sentido general, aunque en puridad se plantea un proceso mixto porque no se trata de perder los beneficios y virtudes de la escritura (...). Es así que es escrita la demanda (...) y la reconvención, en su caso la interposición y la fundamentación de los recursos y la contestación a la expresión de agravios...” (sic).

Este último parece más preciso. En materia civil no se puede postular, en términos absolutos, el juicio oral; se discute derechos y obligaciones y, apelando al lenguaje popular, “papelitos, cantan”. La mayor debilidad del proceso oral es que sea manejado en extremos subjetivamente. Tendrán mucho éxito quienes se hayan formado en oratoria forense, que hayan estudiado a Demóstenes, Cicerón, Aristóteles y Quintiliano, entre otros.

Un buen orador profesional podría llevar las aguas a su remolino; un orador que sabe que su cliente no tiene razón jurídica y logra persuadir al juez con la palabra, puede lograr una sentencia favorable. Un juez puede ser impresionado por un orador profesional.

En conclusión, la oralidad, como método de resolución de conflictos, tampoco es una creación del nuevo sistema político. Como profesor de oratoria forense, propongo que sea creada la materia de redacción jurídica en las facultades de Derecho. En general, el abogado no se caracterizan por escribir bien.

*    Es experto en Derecho Privado.

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