La Gaceta Jurídica

El paradigma triádico en los sistemas jurídicos

(Parte II)

Foto: cuentos-cuanticos.com

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La Razón Digital / Sebastiao Batista

00:00 / 17 de abril de 2015

Para Bachelard, quien comenta la epistemología no-cartesiana, el hombre, en su esfuerzo de cultura científica, se apoya en dos actitudes filosóficas fundamentales, asociadas al espíritu científico moderno. Son dos metafísicas contradictorias a las que, bajo las etiquetas clásicas, se denomina racionalismo y realismo.

Ellas presentan dos aspectos igualmente necesarios, uno subjetivo y otro objetivo, dado que no es posible prescindir o cambiar las leyes del espíritu o las leyes del mundo natural.

Con esto se debe respetar la extraña ambigüedad que exige que todo el pensamiento científico se interprete a la vez en el lenguaje racionalista y en el lenguaje realista.

Con este nuevo espíritu científico se sustituye la intuición de la doctrina de las naturalezas simples y absolutas por un estudio discursivo que realiza una especie de dualidad fundamental.

Así, todas las nociones de base pueden de algún modo ser desdobladas y marginadas por nociones complementarias, que llevan, por tanto, a una especie de ambigüedad esencial en la base de la descripción científica.

Esta epistemología perturba el carácter inmediato de la evidencia cartesiana, puesto que ningún método unidimensional, sea racional sea experimental, garantiza la fecundidad del proceso científico (1).

Ya no se puede ser realista o racionalista. Para el sabio, el Ser no se capta en un bloque por la experiencia ni por la razón. Es preciso, pues, que la epistemología se encargue de la síntesis más o menos móvil de la razón y de la experiencia (2).

Por otro lado, para Lefebvre, la lógica dialéctica (refiriéndose a la dialéctica diádica) añade a la antigua lógica la idea de las transiciones, de los desarrollos, del “enlace interno y necesario” de las partes en el todo. Muestra, a la vez, el enlace, su necesidad y “el origen inmanente de las diferencias”.

Afirma, con Lenin, que la dialéctica muestra “la lógica interna objetiva” del desarrollo y la “lucha de las diferencias polarizadas”. Así, de la lógica formal dependen las relaciones abstractas y generales, como “inclusión-exclusión”, y de la lógica dialéctica dependen las relaciones duales y más concretas, como reciprocidad, complementariedad, doble determinación y también recurrencia, simetría, repetición y diferencia, etc. (3).

Aunque la humanidad se haya dado cuenta de la díade de la interdependencia, la complementariedad mínima de dos lados, partes o actores, las nociones de justicia y de Derecho aún no han asimilado eso en su filosofía y en su práctica legislativa o judiciaria.

Todo sigue monádico, a excepción de las conciliaciones con o sin mediación; ahí las dos partes desisten de llevar la disputa hasta el extremo de “todo o nada” y aceptan un acuerdo en que ambas pierden y ganan dentro de los límites de proporcionalidad.

Sin embargo, en la percepción de la realidad conforme los cánones o procesos inherentes a las tres culturas, simultáneamente, o en la perspectiva que la considera con tres partes y tres fuerzas elementales entrelazadas y posicionadas o en cooperación y oposición, “jugando dos contra una”, es decir, dos en cooperación y una en oposición o dos en oposición y una en cooperación, se tiene una dinámica triádica.

Esas tríadas componen estructuras, sistemas y cadenas de sistemas que se repiten en distintos niveles de complejidad.

En la física cuántica se adopta un paradigma triádico. Gell-Mann, en sus planteamientos, lo plantea todo en “tríadas” (4). En el marco del paradigma de la física cuántica, la realidad se define como momentos de estructuras triádicas de partículas interconectadas componiendo un conjunto estructural superior, según el principio de la incertidumbre y ante la presencia de la ley de convertibilidad de la energía, según la cual la materia, como masa, puede transformarse en energía y viceversa a lo largo de cualquier escala o cadena sistémica (5).

Así, v.g., se tiene una cadena como la de los quarks, protones, neutrones, átomos, moléculas, células, organismos o materias más complejas que convierten en sistemas menos complejos de energía “líquida” o desmaterializada, etc.

Así, la energía triádica, como sustancia básica de la materia, de las cosas y del todo en su estructura y movimiento, es tomada como paradigma para la interpretación de toda la realidad. Las ciencias han estado reflexionando durante la última mitad del siglo XIX y todo el siglo XX sobre la interpretación de la realidad según esos dos principios:

-Todo está en permanente coevolución sistémica.

-Todo obedece a un patrón o molde triádico en su composición e interacciones de supervivencia, reproducción y convivencia.

Por eso se han integrado, cada vez más, la Física, la Química y la Biología bajo el título general de Teoría de los Sistemas Dinámicos, conocida también como Teoría del Caos, cuya aplicación práctica se presenta en la ecología, ambientalismo, economía, sicología, etc. Con fundamento en estos nuevos descubrimientos, también las corrientes de la ciencia jurídica y de la filosofía del Derecho tendrán que revisar sus fundamentos.

En el caso que ahora se presenta, se trata de un paradigma que unifica y relaciona triádicamente aspectos o elementos de la realidad antes tratados separadamente, tanto con relación a los aspectos de la estructura, como del movimiento y del fin de las cosas.

En este supuesto se afirma que en los debates éticos, por ende en los debates jurídicos, las ciencias positivas también pueden presentar valiosos elementos de percepción, interpretación y actuación, en especial modelos de coherencia para sus paradigmas que “no sólo pueden aclarar, sino que hoy no se concibe un debate ético que no se apoye en resultados científicos” (6).

En el debate sobre el orden jurídico-social vigente predomina el paradigma monádico, donde reinan disociados e irreconciliables los imperios del racionalismo, del realismo y del iusnaturalismo, cada cual intentando argumentar, respectivamente, por medio de la razón, de la fuerza o de la creencia y mito y excluir los demás aspectos de las diversas esferas de los ordenamientos nacionales o internacionales (7).

La escasa distribución y garantía de bienes satisfactorios y condiciones elementales en el campo de las tres culturas (educación, ciencia y ley; bienes materiales; espiritualidad, disfrute y felicidad) entre los partícipes de una sociedad indica que la ordenación y ejecución del ordenamiento jurídico se orientan por un modelo monádico que representa el pensamiento y las demandas dominantes (y excluyentes) de un grupo, en detrimento del pensamiento y de las demandas sociales de los demás.

Las consecuencias de la adopción de un ordenamiento jurídico según un paradigma monádico basado en la percepción unilateral de la realidad son, entre otras, la intolerancia, la segregación, el fundamentalismo religioso o político, el totalitarismo y el despotismo, el imperialismo, el monopolio económico, la concentración de riqueza y poder para unos y la miseria para otros, etc.

Como alternativa al paradigma monádico concentrador de poder y riqueza, especialmente en contraposición al pensamiento único y a favor de la diversidad de posiciones y de conocimiento, análisis y crítica del sistema social, o para dividir el poder, el siglo XX había adoptado el paradigma diádico o marxista para gran parte de la humanidad.

Pero tampoco ha traído respuestas adecuadas a las necesidades sociales. Las altas tensiones entre las partes antagónicas no permiten síntesis aceptables, por eso se vuelve al monismo y a la exclusión de una de las partes y a la posición o verdad del más fuerte.

Conlleva, entonces, el dualismo a una dicotomía insuperable, que divide la realidad en dos partes antagónicas, irreconciliables e incapaces de cooperación, donde la síntesis es la sumisión máxima para una y el poder máximo para la otra.

Además de que sigue siendo un paradigma excluyente, reduccionista y mutilante, por no admitir en un mismo contexto o nivel de realidad otra afirmación que no sea la oficial y su negación, le falta, por lo menos, otro elemento que pueda ejercer la función de mediador.

Por otro lado, la realidad, ya se sabe, en diferentes momentos de su estructura comporta antagonismos complementarios que no se pueden traducir por contradicción. Más bien es una invitación al pensamiento complejo, capaz de absorber las aparentes contradicciones e incertidumbres.

“No se trata de tolerar blandamente la contradicción, ni siquiera de esperar que un nuevo progreso cognitivo la haga desaparecer, se trata de servirse de ella para reactivar y complejizar el pensamiento. Hace falta un pensamiento que sepa tratar, interrogar, eliminar, salvaguardar las contradicciones. Esa es la tarea del pensamiento complejo”  (8).

Por esto se afirma la necesidad de un paradigma capaz de romper los estrechos límites monádicos del objeto jurídico y reubicarlo e integrarlo en la dinámica triádica efectiva de la realidad con su correspondiente representación formal triádica, sin mutilarlo en su naturaleza racional, trascendente y pragmática, puesto que el Derecho lleva en sí una estructura cognoscible, una esencia trascendente y una relación constitutiva en el espacio/tiempo.

Con referencia al pensamiento lógico/analítico, más identificado con el cerebro izquierdo, lo que precisamente lo constituye son los vínculos que relacionan las cosas con todo lo demás, por el principio de la nocontradicción y por el principio de la identidad.

Según el primero,  puesto que “A es A”, “A es no B”; o, conforme al segundo, A es más A, cuanto más se identifica consigo mismo.

Por el primero solo se puede identificar algo si se consigue diferenciarlo de todo lo demás; por el segundo solo se puede diferenciarlo si se consigue identificarlo mostrando que no es como todos los demás (9).

Pero la identificación implica la relación y la diferenciación. Se identifica relacionando y diferenciando elementos de una misma o diferente categoría o sistema. Así, el tercer elemento no es propiamente excluido sino mediata o inmediatamente relacionado.

Según el orden o las relaciones establecidas, factores componentes adquieren mayor o menor (o ningún) peso en la identidad, calificando o descalificando un ente para determinados fines en un contexto. Son las funciones elementales del pensamiento lógico. Los conceptos, razones, juicios, resultan de este proceso recurrente de identificación, relación y diferenciación.

Por su parte, la historia del pensamiento sintético/intuitivo, más relacionado con el cerebro derecho, en la comunicación de las experiencias humanas al margen de las leyes físicas, lógicas, y del mundo visible y material, está llena de registros del pensamiento apoyado en la percepción tridimensional de la realidad.

Esa intuición se manifiesta con toda claridad en las más expresivas doctrinas religiosas, que retratan la constitución ternaria del hombre (cuerpo, alma y espíritu) y del universo (mundo divino, humano y natural) y revelan lo absoluto en su naturaleza unitriádica.

En la encíclica “Fides et Ratio - La fe y la Razón” (10), por ejemplo, el Sumo Pontífice Juan Pablo II enseña que, en el camino de la doctrina cristiana, “la fe y la razón (fides et ratio) son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad (...) El fin último de la existencia personal, pues, es objeto de estudio tanto de la filosofía como de la teología. Ambos, aunque con medios y contenidos diversos, miran hacia este ‘sendero de la vida’ (Sal 16[15]11), que, como nos dice la fe, tiene su meta última en el gozo pleno y duradero de la contemplación del Dios Uno y Trino”. En esta doctrina, se ve, con claridad, rasgos del pensamiento triádico.

También la lógica de la ciencia y tecnología de este nuevo siglo exige un pensamiento complejo. En las palabras de Hawking, en la mecánica cuántica “se basa casi toda la ciencia y la tecnología modernas. Gobierna el comportamiento de los transistores y de los circuitos integrados, que son los componentes esenciales de los aparatos electrónicos, tales como televisores y ordenadores, y también es la base de la química y la biología modernas” (11).

Para Gregori, según el paradigma dialéctico triádico, la realidad es una red de sistemas en la que se efectúan permanentemente transformaciones energéticas, de la cual todos participan.

Se trata de una transformación evolutiva recurrente y diferenciadora (como entre hijos, padres y ancestros), en ciclos plausibles o probabilísticos, que pueden moverse en cualquier dirección y en secuencias regulares o caóticas.

Es una red que tiene automovimiento triádico, formando ciclos y secuencias de juegos unitriádicos diversos y con diferentes apariencias, como manifes- taciones de un gran juego triádico universal.

Cada sistema y toda la red tienen capacidad de feedback, que es la capacidad de informarse intuitiva y lógicamente para conseguir autorregulación y autoconducción en la búsqueda por supervivencia y reproducción, entre otras metas específicas, según el grado de complejidad de cada sistema (12).

En este sentido, según distintos puntos de vista y en todos los niveles de la realidad, la energía se manifiesta siempre en una triple estructura o unidad triádica, sea cuando se manifiesta en forma pura (energía cuántica), material (minerales, vegetales y animales), noónica (mental: conciencia, pensamientos y emociones), económico-social (productos, monedas, servicios), como también en forma gregaria (organi- zaciones, instituciones, política) o teleológica (ideales, metas, utopías), etc.

Continuará

Notas

1. Bachelard, G. O novo espírito científico, Lisboa 1996, Edições 70 Ltda., págs. 10 a 101.

2. Ídem, pág. 18.

3. Lefebvre, H. Lógica formal Lógica dialéctica, Madrid 1975, Siglo XXI de España Editores, 5ª ed., págs. 26 a 30.

4. Gell-Mann, M. El Quark y el Jaguar, Barcelona 1998, Editorial Tusquets, pág. 198.

5. Hawking, S. W. Historia del Tiempo, Barcelona 1999, Editorial Drakontos, pág. 40. Fórmula de la convertibilidad de la energía: E = mc², donde “E” es la energía, “m” es la masa, y “c” la velocidad de la luz).

6. Fourez, G. La construcción del conocimiento científico: Filosofía y ética de la ciencia, Madrid 1994, Editorial Narcea, pág. 181.

7. Para Ortega y Gasset, la realidad, vista desde única perspectiva, resulta un concepto absurdo. Toda perspectiva que pretende ser la única resulta falsa. Así, concluye que la filosofía, hasta ahora, ha sido utópica, ya que cada sistema ha pretendido valer para todos los tiempos y para todos los hombres. Sin embargo, la realidad, como un paisaje, tiene infinitas perspectivas, todas ellas igualmente verídicas y auténticas. Por lo tanto, desde la doctrina del punto de vista, exigiese que cada sistema vaya articulado con otros sistemas futuros o exóticos. Así, “la razón pura tiene que ser sustituida por una razón vital, donde aquélla se localice y adquiera movilidad y fuerza de transformación” (Ortega y Gasset, J. “El tema de nuestro tiempo”, en Obras completas, vol. III, Madrid 1966-69, Revista de Occidente, pág. 201).

8.  Morin, E. El Método IV -  Las ideas, Madrid, 1992, Edit. Cátedra, pág. 202.

9. Panikkar, R. La intuición cosmoteándrica, Madrid 1999, Editorial Trotta, pág. 89.

10. Juan Pablo II. Fides et Ratio, Madrid 1998, Ed. San Pablo, 2ª ed., págs. 7 a 30.

11. Hawking, S. W. Historia del Tiempo, Barcelona 1999, Editorial Drakontos, pág. 85.

12. Gregori, W. Capital Intelectual e Administração Sistémica - Um manual de jogos de inteligência, mercado e poder, São Paulo 2000a, Pancast Editora, pág. 20.

Es abogado brasileño. El texto es un extracto de su Tesis doctoral Aproximación al concepto del Derecho desde la perspectiva triádica: Descripción de su estructura, su dinámica y su finalidad, disponible en eumed.net/tesis/sb/

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