La Gaceta Jurídica

Una percepción para el análisis y la reflexión

Hoy, mucho más que antes, la cuestión de la “democracia” ocupa un lugar destacado y ampliamente discutido y debatido, tanto en la arena política como en todo tipo de espacios académico-culturales, en las luchas políticas y sociales en América Latina y, desde luego, en la Bolivia nuestra, que hace pocos días cumplió 31 años de la democracia ininterrumpida y en transformación.

La Gaceta Jurídica / Ariel Néstor Flores Mamani

00:00 / 18 de octubre de 2013

Las corrientes revolucionarias mueren, pero la idea de revolución no. Es la única que, junto con la de democracia, atraviesan toda nuestra era sin nunca desaparecer completamente (Ana Arenth).

Bolivia es un país de contradicciones y, sin embargo, de esta contundente afirmación ha conseguido, con relativo éxito y en menos de una década, iniciar una de las más profundas reformas estructurales registradas en nuestra historia y, con ella, desde luego, contribuir en la consolidación de la democracia.

Hay muchas maneras de encarar el análisis a los 31 años de la democracia en Bolivia, desde aquellas que describen los acontecimientos y los actores desde una perspectiva historiográfica (1); aquellas que plantean el desarrollo democrático a través de etapas históricas concretas (primera etapa de la democracia contemporánea 1952-1964, segunda etapa 1966-1969, tercera 1978-1982 y cuarta 1978-2007) (2); hasta aquellas que definen ejes temáticos generales de análisis (eje político, eje económico y eje social) lo suficientemente amplios para acoger la totalidad de los temas que forman parte del amplio concepto de democracia (3).

Por otro lado, se suele recurrir, casi tautológicamente, al origen etimológico, mediante el cual se señala que el término “democracia” proviene de dos vocablos griegos: demos (pueblo) y kratein (gobernar), lo que significa “gobierno del pueblo”. Sin embargo, como bien lo plantea Fernando Molina, ¿vamos a seguir guiándonos por su definición etimológica? (Pulso 135).

No es la etimología la que nos va a aclarar el sentido efectivo, real de la democracia. Es decir, “…la democracia ateniense del siglo VI no tiene absolutamente nada que ver con la democracia moderna (4). Por tanto, no damos una verdadera explicación cuando afirmamos, de manera casi mecánica y tautológica, que la democracia es “el gobierno del pueblo, para el pueblo y con el pueblo”.

Además, la inspiración que conoció la democracia en Atenas, sumada a la democracia representativa y liberal, tuvo múltiples influencias hasta adquirir su textura actual”. La pertinencia de iniciar el análisis se presenta como una opción abierta.

Integralidad y calidad

En esta oportunidad evitaremos recurrir al análisis acostumbrado sobre el “balance” de las luces y sombras de la democracia, alejándonos también de los fundamentos y el origen etimológico del término, para referirnos más bien a los aspectos que hacen a la “concepción integral” y a la “calidad” de la democracia, en el entendido de que el desarrollo de la democracia precisa de una permanente medición de su calidad, es decir, “…una comprobación empírica de cuán “buena” es una democracia…, ya sea en su procedimiento, contenidos o resultados” (5).

En cuanto al primer aspecto, resulta sintomático cuando nos referimos a la democracia o intentamos dar un concepto de la misma, generalmente lo hacemos tratando de resaltar o destacar uno o varios de sus elementos o principios constitutivos. Es decir, dependiendo del tema o del contexto, la relacionamos a uno o varios elementos que forman parte y hacen a la democracia (igualdad, equidad, libertad, tolerancia, libertad de expresión, pluralidad, participación, elecciones, estado de derecho, etc.).

La literatura, en general, y las investigaciones, en particular, han desarrollado importantes aportes al estudio de las democracias en el mundo. Muchos destacados estudiosos bolivianos también han contribuido, desde diversos campos, a la reflexión democrática. Asimismo, la propia sociedad boliviana en su cotidiano vivir percibe con mucha más hondura su significado.

En ese sentido, existen varios conceptos de democracia, tantos como ciudadanos hay, y este variado y multifacético término responde a diversas formas de significarla, de concebirla o vivirla, dependiendo del enfoque teórico que adoptemos o del contexto socio-económico por el que coyunturalmente transitemos.

Es en ese sentido amplio, pero responsable, que a 31 años de la democracia en Bolivia señalamos que la manera de imaginarla, manifestarla y ponerla en práctica es posible desde una perspectiva integral.

Es decir, entendemos la democracia como forma de gobierno; como ideología; como mecanismo para elegir gobiernos; como método para llegar al poder; como participación en la toma de desiciones colectivas; como sistema político; como conjunto de instituciones y normas (estado de Derecho) e, inclusive, como “forma de vida”, pues no es posible concebir la democracia como simple conjunto de reglas, procedimientos o instituciones. La democracia implica, también y sobre todo, el ejercicio cotidiano de ciertos valores, principios y prácticas cotidianas.

Quiebre de modelo

Todas éstas concepciones enunciadas (que no son limitativas, sino meramente enunciativas) son válidas y correctas. En concreto, la democracia implica todas estas facetas. Pues es ésta la manera de pensar en la democracia desde una perspectiva “integral”, que incluya tanto el desarrollo histórico del término, como el contexto social en el que se desarrolla, tomando en cuenta tambien los particularismos propios de una sociedad en la que se la práctica. Pues, como lo señalaba Fernando Savater, “Pueden haber otros formatos de democracia, además del liberal, pero éste es el único realizado en la historia”…

Sin embargo, lo importante no es entonces tratar de conceptualizar/definirla sino, más bien, procurar su construcción a partir de los rasgos característicos de nuestra sociedad, que no sigue ni pretende seguir la línea y formato de la democracia liberal. Un claro ejemplo de este quiebre con el modelo occidental, y en contraposición a lo señalado por Sabater, bien podría traducirse en la recientemente constitucionalizada “democracia comunitaria”.

El sociólogo Álvaro García Linera, actual Vicepresidente de Estado, planteaba que la democracia (tradicional liberal) está cuestionada en Bolivia a partir del 2000 por una “irrupción de la plebe en el campo político”. A su entender “…la política innovada por los movimientos sociales (en Bolivia)…, está provocando una regeneración sustancial de la democracia…” (6).

Si bien esta “innovación” provocada por la incursión de los movimientos sociales en el campo político estuvo legítimamente justificada en un primer momento de “transformación” de las estructuras políticas, sociales y económicas en el pais, coincidimos con el estudio citado en cuanto a que “…las organizaciones sociales prácticamente han sustituido a los partidos en la representación ciudadana (lo que no es malo en realidad) pero, no han logrado “agregar” las demandas sociales en función de una posición ideologica, porque esa no es una función que les corresponda realizar…”, “…en estas circunstancias, la democracia como bien común se reduce a un juego de intereses entre grupos de presión, organizaciones y/o movimientos sociales”. Los ejemplos son numerosos.

Ahora bien, con respecto al segundo aspecto, bien ha señalado Leonardo Morlino que “…como la democracia se ha extendido a la mayoría de los países del mundo, los estudiosos han puesto en marcha un debate sobre su calidad. Alejándose de las relexiones sobre la transición hacia la democracia, ahora el debate refleja preocupaciones académicas más generales sobre el estado de la satisfacción con la política democrática en las nuevas democracias establecidas…” (7).

Entonces, a partir de esta afirmación, lo que interesa en la actualidad no es tanto la democracia como tal, sino, más bien, las condiciones que permiten mejorar y ampliar su “calidad”. Las propuestas de medición de la calidad de la democracia no han sido pocas. Sin embargo, todas estas iniciativas tienen un razonamiento común,“las democratizaciones en curso en el mundo no tienen porqué seguir, ni es aconsejable que necesariamente sigan, la senda de democratización de los países nor-occidentales” (8).

Documentos

Pero si la calidad de la democracia no debe ser medida a partir de criterios occidentales ¿Cómo identificar las características peculiares de la democracia nuestra?

Un importante estudio propiciado por el pnud, en referencia a la construcción democrática en Bolivia, señala que: “…no existe un modelo único de democracia “al cual llegar”, sino son diversas concepciones y prácticas democráticas en interrelación. Esto ha dado lugar a un marco constitucional y normativo que no busca consolidar –o profundizar– la democracia liberal-representativa, representativa y comunitaria. Ello plantea el reto, como horizonte en construcción, de gestionar una democracia intercultural” (9).

Por tanto, desde este punto de vista, las democracias nunca se consolidan, siempre están en riesgo, a cada momento tienen que responder a nuevos desafíos y constantes pruebas.

Otro importante estudio publicado por la Asociación Boliviana de Ciencia Política y la Fundación Konrad Adenauer Stiftung, en líneas generales, señala que: “…los resultados nos muestran una baja calidad de la democracia en Bolivia que nos ubica, nuevamente, como en la pasada gestión entre las democracia en transición” (10). Y aunque nos advierten que esto no significaría una “involucion hacia una democracia meramente nominal”, se cree que en el actual contexto socio-político nuestra democracia boliviana, más que ubicarnos entre las democracias en “transición”, nos ubica entre las democracias de profunda “transformación”.

A esto añadimos que el desarrollo de la democracia también necesita de nuevos espacios para avanzar, espacios que le permitan probarse a sí misma, cuánto ha madurado y a qué niveles pude responder (Bobbio, 2001).

A 31 años de la democracia en Bolivia se propone que la democracia no puede ni debería ser encapsulada en una mera conceptualización, por más precisa o completa que parezca, sino ser entendida como un todo integral que está en constante y gradual proceso de construcción y reconstrucción.

La democracia, en fin, será un largo proceso de maduración y perfeccionamiento, de cambio de actitudes, mentalidad y valores; y de una constante medición de su calidad, puesto que las democracias nunca se consolidan, siempre están en riesgo, a cada momento tienen que responder a desafíos específicos. No tendrá el glamour de las democracias occidentales ni tendrá las mismas características y los mismos obstáculos en su desarrollo, pero reflejará su propia realidad, que consideramos que es lo más importante.

Notas

1. Sanjinés Ávila, Ricardo: “25 Años de vigencia democrática”, La Razón, Bolivia, 2007.

2. Cordero Garrafa, Carlos: “Historia electoral de Bolivia 1952-2007”, Corte Nacional Electoral, 2007.

3. Vicepresidencia de la República: “25 años construyendo democracia”, La Paz, 2008.

4. Varios estudios coinciden en señalar que la democracia ateniense sólo pudo funcionar gracias a su limitación geográfica y demográfica y que la supremacía militar y el sistema esclavista contribuyeron a ello.

5. Morlino, Leonardo: Explicar la calidad de la democracia: ¿qué tan relevantes son las tradiciones autoritarias?; en Revista de Ciencia Politica, Vol. 27, No. 2, 2007; (págs. 2-22).

6. Citado por León Bieber en “Democracia: Apreciaciones sobre un concepto multifacético”. En Revista  de la Universidad Católica Boliviana San Pablo “Ciencia y Cultura”, Nº 18, 2006.

7. Asociación Boliviana de Ciencia Política: “La calidad de la democracia en Bolivia 2011. Percepciones y evaluación de los actores”, Fundacion Konrad Adenauer Stiftung, Bolivia, 2012.

8. Prats, Joan: “Demócratas y democratizaciones”, en Revista Gobernanza, 2005.

9. PNUD: Informe Nacional sobre Desarrollo Humano. Los cambios detras del cambio. Desigualdades y movilidad social en Bolivia, Bolivia, 2010.

10. Ibid, pág. 61.

Es abogado, coordinador regional de la Red Jurídica Amazónica (RAMA).

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