La Gaceta Jurídica

El periodismo de prebenda riñe con los principios de ética

El Señor Justicia

Carlos Conde Calle

00:00 / 20 de diciembre de 2013

Vivimos tiempos navideños donde es frecuente recibir y dar regalos. Los periodistas reciben regalos de todo tipo en estas fechas. Pero, también se recibe obsequios y otras ventajas durante el año. Es lo que Eugene Goodwin, en su Por un periodismo independiente, titula como prebenda.

Los periodistas fácilmente nos dejamos seducir por los regalos de Navidad. Si son de poca monta no habría problema alguno; si los “regalos” son de consideración nos plantean un dilema ético: rechazar o recibirlos. En todo caso, empecemos por citar algunos dispositivos deontológicos (QUE NO SON JURÍDICOS).

El Código de Ética de la Confederación de Trabajadores de la Prensa de Bolivia manda que “los periodistas no podrán percibir remuneración alguna de las instituciones públicas o privadas que FRECUENTEN POR RAZONES INFORMATIVAS” (sic). Sucesi- vamente, el Código Nacional de Ética sostiene que en los DEBERES (es falta ética) “recibir remuneraciones, obsequios o prebenda alguna de instituciones o personas públicas o privadas, que frecuente en el ejercicio del periodismo”.

Del mismo modo, el Código de la FEBAP (Federación Latinoamericana de la Prensa) afirma que es una falta ética. Artículo 7: “son acciones violatorias de la ética profesional (…) el SOBORNO, el COHECHO y la EXTORSIÓN”. El Estatuto Orgánico del Periodista, en su art. 21 manda imperativamente: “Si el periodista en el ejercicio de su profesión incurriere en soborno, extorsión, cobros indebidos en las  fuentes de información (…) será sometido a proceso en el tribunal de honor…”. Finalmente, el Código de Ética de la Asociación de Periodistas de La Paz sostiene que el periodista debe “rechazar y denunciar todo intento de soborno coacción y otras prácticas que tiendan a distorsionar o desvirtúen la información”.

El amable lector columbrará, entonces, el margen de las normas jurídicas (que no es del caso analizar). Los códigos de ética ven como falta grave el soborno. Esto significa, que ningún periodista puede ni debe solicitar dineros extras a las fuentes de información.

En la práctica, podría ocurrir que la misma fuente ofrezca al periodista dinero a cambio de una noticia “favorable”. En este caso el periodista debe rechazar categóricamente el soborno. En sentido contrario, tampoco el periodista puede pedirle dinero ni otras ventajas a la fuente para que la noticia sea publicada. Lo que es peor, v. gr., si mi fuente es el Congreso, por nada del mundo debo recibir dineros de la fuente (sea diputado o senador); si me ofrecen dinero, debo rechazarlo. Más grave será que como periodista pidamos explícitamente a la fuente.

En todo caso, el concepto de las PREBENDA es muy extenso. La columna de hoy empezó con una cita, hasta inocente: obsequios de navidad. Por lo general, no deberíamos recibir “regalos” de nuestras fuentes; pero, excepcionalmente, tal vez sí se debe recibirlos cuando sean de poca monta y no hay ningún interés subterráneo de nuestra fuente.

Los regalos no sólo ocurren en Navidad; existen diferentes razones y oportunidades para dar obsequios; v. gr. día de la madre, día del niño, día de la mujer, etc. El tema está en si recibimos el regalo. Si el regalo es de mucha consideración, es decir, de mucho valor, es seguro que comprometerá nuestra tarea. ¿Que puedo decir contra un señor que me hace un “buen regalo”? En materia de regalos al periodista se le plantea un dilema ético que sólo él debe resolver.

Otra manera de comprometer nuestra independencia son los almuerzos y cenas “trabajo”. Instituciones privadas y públicas suelen invitar a estos eventos. Podemos observar que se trata de una gentileza, dentro de las reglas del trato social. Pero, ¡por Dios, qué es un almuerzo! Es una manera indirecta de comprometer nuestro trabajo. No ir al almuerzo también nos generaría desencuentros con las fuentes (que en el futuro, tal vez no nos den la primicia). Sin embargo, lo peor que puede pasar es que los mismos periodistas reclamen el almuerzo o la cena. Es otro dilema ético que el buen periodista debe resolver cuidando siempre que no comprometa su independencia periodística.

¡Y los viajes! Es otro tema demasiado sensible. Instituciones del Estado, empresas e instituciones de la sociedad civil invitan al periodista a viajes para la cobertura de un hecho que le interesa sobremanera a la fuente. Normalmente, el que paga los pasajes de ida y vuelta además de estadía del periodista es la fuente. La pregunta es: ¿El hecho de que la fuente pague mis pasajes y estadía, no comprometerá la información? ¿No será sensato que el medio de comunicación social pague los pasajes y estadía de su periodista?

Es muy difícil que lo haga, considerando que apenas puede pagar los salarios de sus dependientes. En estos casos, tal vez, el periodista debería pedirle viáticos a su empleador o no viajar. Sigue siendo un dilema ético que debe resolver el periodista, el jefe de prensa y el  mismo titular del medio de comunicación social.

En lo interno, también como dilema ético, es recibir entradas para un espectáculo deportivo. Depende con el lente con que se mira. Los periodistas reciben de cualquiera de sus fuentes entradas para que puedan obsequiarlas a sus radioescuchas o televidentes. Al parecer todo parece inocente y que no habría problemas.

Como en el periodismo deportivo predominan los géneros de opinión, cuando un comentario toca la sensibilidad del club que regala entradas, con seguridad, el dirigente deportivo reclamará al periodista. Sigue siendo un dilema ético que los periodistas deportivos deben resolver. Les recuerdo que hasta aquí no se escribe sobre normas jurídicas o ciencia jurídica; estamos en el campo de la ética, que es parte de la filosofía. Para la falta a los deberes éticos no hay sanción jurídica; en sentido contrario, si hubiera sanción dejaría ser ética para transformarse en derecho.

Un fenómeno muy interesante se observa en programas de entretenimiento. En el género de la música tropical, los grupos pagarían para que en los programas se toque su disco. Bueno, al parecer, si los mismos conductores de estos programas alquilan espacios nada tendríamos que objetar.

Porque, ¿de dónde sacarían el dinero para pagar el tiempo en el medio? Si el conductor estudio comunicación social tiene un dilema ético que sabrá resolverlo inteligentemente.

Volvamos al periodismo, que es lo que nos interesa. En ello nos debemos a un titular de éste derecho, que es el público, por eso, en lo posible, el periodista no debe contaminar la información. En estos tiempos en que está de moda la información judicial, ¿se imagina el lector, televidente o radioescucha que su periodista favorito o presentador apreciado haya recibido dinero o alguna ventaja de su fuente?

Por ello el periodista debe trabajar con mucho cuidado. Debe saber, por ejemplo, que en un proceso judicial hay dos partes (querellante y querellado y, además, está el fiscal). Debe saber que cada uno maneja intereses precisos. Al respecto existe normativa deontológica internacional. Bruce Swain contempla lo siguiente: “los obsequios, favores, viajes gratuitos, tratamientos especiales o privilegios pueden poner en peligro la integridad de los periodistas y sus empleadores. No debe aceptarse bienes de valor…” (Código de Ética de la Sociedad Sigma Delta Chi). El mismo autor, en su libro Ética Periodística, manda que “los gastos realizados por la tarea informativa deben ser pagados por el periódico (Código de Ética de la ajrap).

Como advertirá el lector, la tarea periodística es muy delicada y es deber propia no corromperse. La decisión de no recibir soborno es personalísima, porque así es la ÉTICA, y el Derecho muy poco puede hacer sobre esto.

Es experto en Derecho de la Información.

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