La Gaceta Jurídica

El problema de la sociedad de masas

Publicidad y fracciones

00:00 / 15 de agosto de 2014

El inconveniente radica en que en una sociedad de masas el público no participa en la toma de decisiones, por tanto los resultados casi nunca son los deseados; por eso, las élites se ven en la necesidad de convencer mediante los medios que, lo que hacen, es lo que queríamos que hagan.

El dominio de las élites, la tiranía de la mayoría, los populistas y los elitistas nunca encontrarán comunión; la división de la sociedad en clases, grupos, poder y deseos de poder no se refleja en los sondeos de opinión, pues éstos reducen la complejidad del problema y, de paso, se atribuyen la representatividad del gran público escasamente interesado en la discusión de los temas políticos.

La manipulación de los medios

La opinión pública ve en su derecho al voto como la manifestación más directa de su opinión, porque apoya a unas políticas y a otras no; sin embargo, como no nos encontramos en el marco de una democracia ateniense, donde la representatividad era directa, el proceso democrático precisa “representantes” a los que se le da el voto de “confianza” y la discusión pública es sustituida por la discusión parlamentaria, la opinión pública es sustituida por la opinión parlamentaria y la decisión de sobre qué individuos deciden el futuro de un país recae en los medios de comunicación.

La publicidad invade el espacio público y se introduce en el espacio individual quebrantando la intimidad de nuestros principios y valores. Aparecen fenómenos como la demagogia, la promesa de imposibles que con la publicidad creemos posibles y, a menudo, la masa participa sin querer de la socialización de las promesas.

En Bolivia es virtual y realmente imposible establecer mecanismos de comunicación entre los políticos y los votantes sin que un medio intervenga; son los medios los que transmiten los mensajes políticos y los encargados de transmitirles a los políticos la opinión pública.

Los medios adquieren legitimidad y son los portavoces de ambas partes, del poder y del pueblo; frente a esto ellos pueden vigilar, persuadir, advertir y, en última instancia, decidir lo que se hará a nivel político, económico y social en una sociedad.

Es por eso que los estratos de poder hacen lo posible por comprar la mayor parte de los medios de comunicación o asimilarlos mediante sobornos, sueldos, reconocimientos o amenazas de controlar y manipular los resultados de los sondeos de opinión de los medios.

El poder se publicita donde la masa no lo nota, propagandiza sobre el gas domiciliario en un programa de cocina y entrevista a un candidato en un programa de humor, sin mencionar la incapacidad absoluta de la opinión pública de denunciar o sancionar a los órganos de poder encargados de sancionar al mismo poder.

Es por eso que la lucha por la democracia pasa por el arduo trabajo que tiene la “opinión crítica” de denunciar, a como de lugar, la manipulación del poder sobre los medios de comunicación.

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