La Gaceta Jurídica

El psicoanálisis y la opresión de la mujer

Siempre ha existido un desacuerdo entre los movimientos gay y los feministas con el psicoanálisis, lo que pasa es que la tradición clínica ha fetichizado la anatomía.

La estratificación sexual hace sentir el derecho de violentar a otras personas vulnerables.

La estratificación sexual hace sentir el derecho de violentar a otras personas vulnerables. FOTO: primeraedicionweb.com.ar

La Razón (Edición Impresa) / Amelia Peña Aguilar*

00:00 / 16 de diciembre de 2014

En anteriores artículos vimos los puntos de vista filosóficos de Marx, Engels y antropológicos de Lévi-Strauss, entre otros. En esta ocasión iniciaremos en tema desde el punto de vista del psicoanálisis, que también trata de explicar el por qué la sociedad somete y oprime a las mujeres.

Siempre ha existido un desacuerdo entre los movimientos gay y los feministas con el psicoanálisis, lo que pasa es que la tradición clínica ha fetichizado la anatomía.

El psicoanálisis supone que los niños viajan a través de los estados de su organismo hasta llegar a su destino anatómico y la posición misionera y los psiquiatras siempre han asumido que su tarea consiste en “reparar” a los individuos que han perdido su objetivo “biológico”.

Hacer esto implica trasformar la “ley moral” en “ley científica”, imponiendo convenciones sexuales, es así que el psicoanálisis, más allá de ser una teoría, se ha convertido en un conjunto de mecanismos de reproducción de normas sexuales, es decir, en un mecanismo de opresión.

Freud

Sigmund Freud, de manera personal, a pesar de sus revolucionarios descubrimientos, rechazaba los movimientos de mujeres y de homosexuales. Nadie ha descrito tan excelentemente los efectos sobre las mujeres de los sistemas sociales dominados por los hombres como los que describe la literatura psicoanalítica clínica.

La “ortodoxia freudiana” considera que alcanzar la “femineidad normal” es algo que nos cuesta severamente a las mujeres.

La teoría de la “adquisición del género” pudo haber sido una base a la crítica de los papeles sexuales, pero las implicaciones de Freud reprimieron las conclusiones radicalmente; en su teoría los sexos son divididos y deformados, los niños originalmente andróginos y bisexuales se transforman en niños y niñas.

“Al estudiar a las mujeres no podemos dejar de lado los métodos de una ciencia de la mente, una teoría que intenta explicar cómo las mujeres llegan a ser mujeres y los hombres llegan a ser hombres. La frontera entre lo biológico y lo social, que halla expresión en la familia, es el territorio cuyo mapa se propone trazar el psicoanálisis, el territorio donde se origina la distinción sexual”, dijo Juliet Mitchell en 1971, en “Women State”, citada por Gayle Rubin.

¿Cuál es el objeto del psicoanálisis, sino los efectos prolongados en el sobreviviente adulto de la extraordinaria aventura que desde el nacimiento hasta la liquidación de la fase edípica transforma a un animalito engendrado por un hombre y una mujer en un niño humano? Los “efectos” aún presentes en los sobrevivientes de la humanización forzada que transforma al animalito humano en “hombre” o “mujer”,  afirmó Louis Althusser en 1969 en su artículo “Freud and Lacan”, publicado por la revista New Left.

Lo que es claro es que ambos concluyen, tal vez sin querer, que ser mujer y ser varón es producto de una construcción social, que si no existirían reglas de comportamiento impuestas desde afuera, todos seríamos bisexuales y andróginos como lo son los niños, pero que la necesidad de imponer una sociedad donde unos tienen poder sobre los otros, en este caso de los varones sobre las mujeres, hace que la opresión sea una construcción con un objetivo poco claro, todavía.

La violencia sexual

Los temas sobre violencia a las mujeres, violación a las niñas y a los niños parecen redundantes y desgastados, tanto que hasta son tomados con normalidad, incluso ya no sorprenden, ya no generan zozobra en la población.

Detrás de la violación existe un sentimiento o un pensamiento que le hace suponer al abusador que “tiene derecho” sobre un ser, existe un menosprecio del victimario sobre su víctima, un poder que lo hace sentir que puede hacer daño porque sí, porque simplemente tuvo ganas.

Pero esa falta de respeto por la integridad de otra persona, de la mujer, de la niña, del niño, de un bebé trae una historia antigua por detrás, siglos de herencia de pensar que un hombre joven o anciano, débil o fuerte, tiene derecho sobre el cuerpo de una mujer, de una niña, de un niño o de cualquier persona incapaz de defenderse.

En un próximo artículo desarrollaremos el “Hechizo de Edipo” y cómo esta leyenda se ha convertido en un modo de reprimir a los niños el amor a sus padres y a las niñas el amor a sus madres con el objeto de imponer una sociedad un orden por sexo, edad, parentesco, etc.

Es decir, la estratificación sexual genera el sentimiento de superioridad de los agresores sobre sus víctimas y les hace sentir, tener el derecho de violentar su paz física y/o psicológica y cuyos orígenes se remontan a siglos de construcciones psicosociales, económicas y culturales que hacen de las mujeres seres inferiores a los que pueden maltratar, abusar… violar.

Fuente:

Gayle Rubin, Economía política del género.

*    Es economista, egresada en Derecho y diplomada en Pedagogía para la educación superior y en Diplomacia Cultural de los Pueblos.

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