La Gaceta Jurídica

La regulación no es suficiente para frenar la utilización masiva de agroquímicos

Renato Maluf:

El experto, durante un exposición en un centro universitario en Brasil.

El experto, durante un exposición en un centro universitario en Brasil. Foto: iisd.ca.

La Gaceta Jurídica / Fundación Tierra

00:00 / 26 de octubre de 2012

Renato Maluf, ex presidente del Consejo Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional (Consea) de Brasil, dice que ese país es el mayor consumidor mundial de químicos. Según el experto, la regulación existente sobre los agroquímicos no es suficiente para evitar su uso extendido. Hace falta una reglamentación dura e iniciar la transición hacia el modelo agroecológico.

La preocupación por los daños a la salud humana y al medio ambiente que ocasionan los agroquímicos son factores que impulsan una creciente conciencia ciudadana y de allí puede surgir una alternativa de producción de alimentos, distinta a la monocultora de soya, maíz y caña de azúcar con fuerte peso en la economía y política.

Maluf también se refiere al acaparamiento y concentración de tierras. Relaciona ese fenómeno económico como causa de la crisis alimentaria y del crecimiento de la desigualdad social.

¿Hace algo el estado para regular el uso de agroquímicos?

En realidad, Brasil dispone de algunas normas sobre el uso de agroquímicos en la agricultura, pero es muy evidente que no son suficientes y que no han sido aplicadas con el rigor necesario. ¿Por qué digo esto? Porque el consumo de químicos se ha incrementado demasiado. Nos convertimos en el mayor consumidor mundial de químicos y hoy la misma población brasileña ya tiene conciencia de los daños a la salud por este uso abusivo.

Lo que sí se está demandando es la prohibición del uso de algunos componentes que ya están prohibidos internacionalmente en tratados que Brasil firmó. Entonces (hay que pedir) que se apliquen, que se aplique esa norma. Segundo, que se avance en la reglamentación del uso con fiscalización dura. Eso se necesita. Mucha fiscalización. Se necesita de un control rígido.

El tercer componente que se empieza a hablar en Brasil, pero no todavía con el ritmo que nosotros gustaríamos, es iniciar un proceso de transición para la agricultura. Que utilice menos o que no utilice químicos y, sobre todo, que transite en la dirección de un modelo agroecológico que sea más respetuoso de la naturaleza. Yo diría que la conciencia es creciente, pero los actos siguen necesitando ser implementados.

Todo lo que se hace en Brasil repercute en Bolivia, el tema de los agroquímicos también. Es importante tener una señal de Brasil o ver qué es lo que está pasando allí. Muchos de los productores en Bolivia usan agroquímicos. ¿Usted ve alguna perspectiva de que en un mediano plazo se resuelva el tema de los agroquímicos en Brasil?

Sí. Porque no creo que ese sea un problema exclusivamente brasileño ni tampoco boliviano o sudamericano. Eso es una tendencia global. Lo que pasa en Brasil tiene que ver con tendencias globales. Sólo que en nuestro país los controles han sido más flojos, digamos. Por otro lado, es también un movimiento global la preocupación por la salud humana y por el ambiente. Son las dos dimensiones en que los agroquímicos tienen un impacto directo. Por los dos lados veo una conciencia creciente a nivel global, pero también en Brasil y, espero, en la sociedad boliviana.

De ahí puede venir una respuesta en términos de procesos alternativos. El movimiento de agroecología en Brasil es muy grande, muy importante. No hay que subestimarlo. Pasa que estos sectores de la producción a gran escala, monocultora, básicamente de soya, maíz y caña de azúcar, son muy fuertes en términos económicos y políticos pero el movimiento de agroecología es muy importante. Está construyendo alternativas de producción más respetuosas para el ambiente y que valoricen los hábitos culturales.

Yo sigo siendo optimista en ese sentido, de que ese modelo me parece condenado y creo que la sociedad lo va a condenar cada vez más.

Al margen del movimiento como sociedad civil y de la sociedad en general, ¿qué puede hacer el Estado a través de los gobiernos o cómo se podrían articular los gobiernos de Bolivia, Brasil, Argentina? ¿Hay alguna pers- pectiva para aquello?

Claro que sí. En el período de la crisis de los alimentos, entre 2007 y 2008, hubo intentos de una articulación regional respecto de los alimentos y la seguridad alimentaria y la soberanía, pero luego ya no se escuchó nada más. Tenía que ver con enfrentar una crisis muy fuerte que sigue. Los precios siguen. Hubo un periodo de alza entre 2007 y 2008, después permaneció constante en 2009, en 2010 volvió a crecer. Siempre que hay un alza de los alimentos, los precios no regresan a los niveles anteriores. Es por eso que los alimentos son más caros.

Ese entonces noté de los bolivianos, pero sobretodo de Sudamérica, una preocupación por una articulación regional, pero veo que esto sigue siendo un tema dominado por intereses económicos más fuertes que dificultan una acción que es necesaria, de construcción de una estrategia regional.

Lo que sucede es que en el Mercosur están dos de los mayores exportadores de alimentos del mundo, que son Brasil y Argentina, y el peso de esos exportadores dificulta pensar una estrategia para juntar a los países con otras preocupaciones que sean distintas a vender, vender, vender al mundo.

Ahí está la dificultad.

Pero, al mismo tiempo, uno nota que los movimientos campesinos y de los pequeños agricultores se están reuniendo, estableciendo referencias comunes. Eso puede ser una señal de algo distinto.

Otro tema es el acaparamiento de las tierras. ¿Cómo está ese proceso en Brasil?, que a Bolivia le preocupa porque algunos súbditos brasileños están concentrando tierras bolivianas a través del alquiler y de la compra directa.

Eso nosotros lo sabemos, hay capitalistas brasileños comprando tierras no solo en Bolivia, sino también en Paraguay. Es un fenómeno mundial de acaparamiento de tierras. Tiene relación con la crisis de alimentos y los precios. Se trata de intentos de aprovechar una coyuntura favorable y los precios en alza para comprar tierras, producir y asegurar.

De un lado están los chinos, comprando tierras por todos lados o asegurando su suministro de alimentos, sobre todo en África, y, de otro lado, están grandes productores como éstos, como los brasileños y de otra nacionalidad, que están en ese negocio como negocio, concentrando tierras y capacidad de exportación.

Es una lástima, porque la concentración de tierras es una de las principales causas históricas de la desigualdad social en Brasil. Si eso está pasando en Bolivia y otras partes, significa desigualdad (social), eso quiere decir que crece la desigualdad social, lo cual es malo.

¿Cómo pueden enfrentar los estados este proceso?

En nuestro caso esa es la más antigua de las batallas respecto de la propiedad de la tierra, porque Brasil tiene uno de los más altos grados de concentración de la tierra del mundo y, por tanto, esa es una presión que está allí desde siempre y el Estado tiene una actuación un poco ambigua. Por un lado, dice que va a seguir con la Reforma Agraria y distribución de tierras, desapropiación de grandes áreas improductivas, pero, por otro, tiene un montón de apoyo a la producción. Entonces la condición de gran exportadora de Brasil está ligada a condiciones de propiedad de la tierra, entonces es una actuación ambigua. De un lado favorece a los pequeños, dice que impulsará la Reforma Agraria y de otro tiene programas que son los programas que soportan a la gran propiedad.

En Brasil no pasó la idea de establecer límites a la propiedad. Se intentó un debate una vez, pero no hubo soporte político para eso.

Tomado de: ftierra.org

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