La Gaceta Jurídica

El reiterado tema del incremento de salarios

Realidades jurídicas

Gabriel Peláez G.

00:00 / 16 de mayo de 2014

Todos los años, en la misma época y casi con las mismas características, aparece en el país el problema relativo al incremento de salarios.Inicialmente, todos parecen estar de acuerdo en que el referido aumento se soluciona relacionando el mismo con el porcentaje de inflación, al considerar que este parámetro resulta ser un indicador justo y equilibrado en todos los casos. Pero poco después aparecen los peros y comienzan, además, a anotarse las muchas diferencias entre los “sectores” laborales.

El problema se complejiza en extremo por la heterogeneidad de esos sectores laborales, en los que hay de todo. Vamos a tratar de agrupar a tales sectores dentro de los inconvenientes que este empeño supone.

Primeramente, colocaremos a los llamados funcionarios del Estado central, que, aclaramos, no agotan a los conocidos como “funcionarios públicos”. Y es que entre éstos, además de los ya indicados, están los que corresponden a los organismos subnacionales (entidades departamentales autónomas y entidades locales o municipales también autónomas).

Asimismo, figuran todas aquellas entidades descentralizadas o de otro tipo, pero que finalmente dependen de alguna manera de Estado. Nos rendimos para ubicar a la Fábrica Nacional de Cemento Sucre SA (tres entes públicos autónomos conformando una sociedad anónima). Este es un bodrio, no una institución, pero el problema es que igual hay aumento.

Luego vienen las entidades opuestas, o sea aquellas de carácter privado. Pero éstas tampoco presentan una característica uniforme ni menos todas son iguales ni mucho menos. Ahí están las que podríamos llamar “grandes empresas o comercios de gran rendimiento, que son pocos; en mayor cantidad se presentan aquellas medianas y pequeñas e, incluso, como en todo el país, las pequeñas y muy pequeñas. Entre estas últimas están incluso aquellas que no llegan siquiera a tener dependientes.

Pero hay más, están los integrantes de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, con peculiaridades muy propias entre sus componentes. Y si no, que lo diga el último conflicto de los suboficiales y clases.

El panorama no termina aquí. Qué pasa con el campesino que, al final, llega a convertirse en asalariado trasladándose del campo a la ciudad, donde no pocas veces se lo coloca al margen de las normas laborales. Por último, los protagonistas del sempiterno conflicto, los pasivos. Ahí están los jubilados, los y las que ya dejaron de trabajar, pero aportaron durante décadas y siguen aportando. Ahora resultan excluidos o arrinconados en otra categoría.

Antes de ingresar siquiera a la discusión del tema del incremento, nadie se ha propuesto realizar aquella “clasificación”. Entonces, el primer problema dentro de este gran conflicto es que de comienzo se parten de bases endebles.

Pero existe otro detalle que complica su tratamiento y está relacionado con el factor ya anotado de la heterogeneidad de los interesados. Es la imposibilidad de que, a través de sus representantes, participen en la discusión del tema la totalidad o una gran parte de aquellos en forma directa.

Aquí, en buena parte, se podrá decir que al menos los sectores laborales han estado y lo acaban de estar representados por la Central Obrera Boliviana (cob). Pero, en este momento nos preguntamos con énfasis, ¿la COB realmente REPRESENTA A LOS TRABAJADORES DEL PAÍS? ¿No se ha convertido más bien en un apéndice del Gobierno, en una especie de cogobernante y, finalmente, en un portavoz del mismo? Entonces, ¿qué confianza puede tener la ciudadanía en general en las propuestas y en las posturas “imparciales” de aquella, cuando se discuten los pormenores del tema?

Recordemos lo recientemente ocurrido. Preguntémonos, ¿cómo se determinó finalmente el porcentaje del incremento salarial? Negociación directa entre delegados del Gobierno central y de la cob (sea los directivos de esta última institución). ¿El resto de los asalariados (de entidades públicas y privadas) ha participado a través de sus delegados? No lo ha hecho.

Cuenta con lo obrado. Aquí no se trata de señalar si el aumento ha sido justo o no. Se trata de calificar el procedimiento utilizado para aprobarlo finalmente, pero frente a este complicado panorama, estamos frente a un hecho que es por demás paradógico.

Aquél aumento, generalmente tan peleado, ¿a quiénes beneficia?, o sea, ¿a cuántos? Pues sólo a MENOS DE TREINTA POR CIENTO DE LA POBLACIÓN TOTAL ECONÓMICA- MENTE ACTIVA. El resto, la mayoría, no es parte de los asalariados, no es parte de la población que cuenta con ingresos que pueden considerarse fijos.

Este es un detalle francamente desilusionante. La pregunta es ¿cuál es la alternativa para aquella población mayoritaria? Pues, si está en posibilidad de hacerlo y lo más rápidamente posible, es trasladar el incremento derivado del aumento en el incremento de salarios a sus propios costos, como única defensa que le es posible pero que, a su vez, no es la solución ideal ni mucho menos.

El eterno círculo de todos los años acaba de comenzar a dibujarse. El país, nunca ha sido el beneficiado.

El presente año, dentro de un mismo panorama, no creemos que vaya a ser una excepción.

Al menos, no hay demasiados factores para que podamos empezar a pensar de una manera distinta.

Es abogado, analista de la constitucionalidad y ensayista.

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
14 15 16 17 18 19 20
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia