La Gaceta Jurídica

El sistema siempre es el culpable

Los autores escudriñan en el origen de la delincuencia y ponen de relieve que el propósito de la vida se ha reducido a la ambición por las posesiones. Concluyen que en el caso de Bolivia, como debe ocurrir en otros lugares del mundo, el Derecho Penal alcanza pocas soluciones.

La sociedad se ha reducido a la ambición y asume el castigo como solución.

La sociedad se ha reducido a la ambición y asume el castigo como solución. Foto: sol915.com.ar

Alejandro Eíd/Luis Villa Núñez

00:00 / 13 de febrero de 2015

El estudio e investigación especializada de la Criminología ha evolucionado conforme al desarrollo histórico de la humanidad. Para inaugurar esta ciencia conocimos a tres racistas, Césare Lombrosso, Enrique Ferri y Rafael Garófalo, quienes, eruditos en la realidad penitenciaria italiana de su época, sostenían que el factor fundamental que daba origen al delito era biológico e, incluso, anatómico, clasificando al delincuente como nato, loco, violento…

Conforme al avance del tiempo y, por tanto, el paulatino descubrimiento o, más bien, que hayamos ido asumiendo conciencia de que la causa principal para la existencia del crimen es lo social, aparecieron destacados autores como Alessandro Baratta, David Garland, Eugenio Zaffaroni y otros.

En estos tiempos sería absurdo pretender desconocer esta realidad tan despiadada que nos golpea a todos. Desde el más rico hasta el más pobre son continuamente víctimas de los “maleantes”, de aquellos individuos que tienen como modo de vida el delito que vulnera los bienes jurídicos que están protegidos por la ley, que, básicamente, son la vida y la propiedad.

Para atacar y castigar este “mal social” se creó y desarrolló el Derecho Penal –que también tiene su propia historia–, que se inició prácticamente, a decir de Marx, junto al surgimiento del Estado, cuyo fin originario fue proteger la propiedad privada desde el estadio denominado esclavista.

La óptica del Derecho Penal, que es transversal a la historia humana, fuera de buscar soluciones para la sociedad, se limita a imponer castigos y, peor aún, en un sistema como el nuestro el Derecho Penal causa más problemas de los que soluciona.

Antes la propiedad estaba sobre la vida y ahora, aparentemente, al revés, olvidando por completo el porqué de los delitos, que es el tema principal que nos ocupa.

Aunque no queramos decirlo, o lo digamos con palabras bonitas, el delito surge gracias a nuestro instinto nato que es el egoísmo, lo que nos aleja a unos de otros, lo que nos hace olvidar que somos hermanos y miembros de la gran comunidad humana.

Esta afición a lo material nos doblega todos los días, con el propósito de vida de acumular bienes y dinero, por lo que podemos afirmar que el delito es inherente a la condición humana.

Personificando al delito como el némesis del Leviatán de Hobbes, decimos y afirmamos que estos monstruos reflejan la miseria de la humanidad, que día a día se deshumaniza.

Como dicen los economistas, cabalmente refiriéndonos a la “Curva de Philips”, queda claro que “a mayor empleo mayor inflación” y “a menor empleo menor inflación”, que es consecuencia del sistema de libre ejercicio de las leyes de la oferta y la demanda; entonces, los mismos gobiernos deben ejecutar políticas económicas para tener más trabajadores desocupados, por “el bien de la mayoría” (por ejemplo el Decreto Supremo 21060, de 29 de agosto de 1985, en Bolivia).

A decir de John Rawls, esa es la “desigualdad socialmente necesaria”, por lo que el único camino es penalizar y sancionar a ese sector de la sociedad que se dedica al crimen como modo de vida, debido a la desigualdad generada por el mismo sistema que los castiga.

Son estudiantes de Derecho de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), La Paz.

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