La Gaceta Jurídica

Tres de cada diez han sufrido violación

Mujeres en Quillacollo

En la actualidad,  la provincia alcanza las cifras más altas de violencia contra  las mujeres  en el país.

En la actualidad, la provincia alcanza las cifras más altas de violencia contra las mujeres en el país. Foto: commons.wikimedia.org

alianzaporlasolidaridad.org

00:00 / 08 de mayo de 2016

Un estudio de Alianza por la Solidaridad, publicado a fines de marzo, ha puesto de relieve que en Quillacollo, provincia de Cochabamba con las cifras más altas de violencia contra las mujeres en el país, el 40 por ciento de ellas ha sufrido algún tipo de violencia sexual.

Estas agresiones se producen, sobre todo, en la propia familia o de mano de conocidos y son consideradas problemas de índole privada por las autoridades y como situaciones vergonzantes por la sociedad, motivos por los que estas mujeres no denuncian la mayoría de las veces.

Cuatro de cada diez mujeres adultas ha sido víctima de violación, de acuerdo al estudio Impacto de la Violencia Sexual en la vida de las Mujeres en la Provincia Quillacollo, realizado por esta institución entre noviembre de 2015 y enero de 2016.

La provincia, formada por cinco municipios –Quillacollo, Tiquipaya, Sipe Sipe, Colcapirhua y Vinto–, tiene una población de 335.393 habitantes (Censo 2012) y alcanza las cifras más altas de violencia contra las mujeres en el país.

El estudio identifica, además, que cuatro de cada diez mujeres sufrió en su vida violación, acoso sexual, insinuaciones o fecundación forzada, entre otras formas de violencia sexual.

La investigación fue realizada con mujeres de 18 a 60 años de edad, quienes son víctimas de violencia sexual y trabajadoras sexuales, también con servidores y servidoras públicas de la Fuerza Especial de Lucha Contra la Violencia (felcv), de los Servicios Legales Integrales Municipales (slim), operadores de justicia e instituciones y organizaciones sociales e indígenas.

En el proceso se recogió historias de vida de quienes han sufrido esta violencia. Por ejemplo de Esther, una mujer adulta violada por los amigos de su hijo en estado de ebriedad; de Juana, la líder de su organización que, al salir tarde de una reunión, fue abusada y luego culpada por la sociedad, o Rosa, la mujer que se encuentra en la cárcel culpada de la muerte de su agresor. Las historias hacen visibles las formas en las que la violencia sexual afecta la vida de las mujeres en Bolivia.

El silencio de las mujeres adultas

Historias como las de Esther, una mujer de 60 años de edad, muestran que existe gran cantidad de adultas que sufren violaciones y guardan silencio por vergüenza, miedo y por los prejuicios que la sociedad tiene frente a las mujeres adultas.

Esther relató: “Nunca presenté la denuncia por falta de dinero, por miedo, por dolor y, desde ese día, no volví a ver a mi hijo; pero sí recuerdo algo que nunca se me olvidará. Uno de los chicos que me violó dijo: ‘de qué lloras si eres vieja, agradece el favor que te hacemos, quién te va creer que te violamos, estás vieja y no sirves’”.

El estudio devela que el 49,5 por ciento de las mujeres víctimas de algún tipo de violencia sexual tiene entre 31 y 60 años de edad y el 38,3 entre 18 y 30 años. En cuanto a la violación, el 34,7 por ciento de las víctimas tiene entre 31 y 60 años de edad y el 21,9 entre 18 y 30 años.

Agresores cerca de casa

El estudio evidencia que la mayor cantidad de mujeres víctimas de violencia sexual están separadas de sus parejas o divorciadas y las agresiones sufridas son uno de los motivos para la separación. Este dato se cruza con el hecho de que cuatro de cada diez víctimas de violación tienen como agresor a su esposo, familiar o algún conocido.

Algunas de las conclusiones de la investigación son la aceptación de la violencia en el ámbito familiar; la persistencia de creencias, prácticas y actitudes machistas; la falta de conocimiento de la norma por parte de las víctimas y la falta de recursos económicos que obstaculizan el acceso de ellas a la justicia, entre otros.

Usos y costumbres naturalizan la violencia sexual

Existen elementos culturales machistas que hacen impunes los delitos de violencia sexual sobre las mujeres en la provincia de Quillacollo. La investigación lo demuestra cuando el 40 por ciento de las mujeres entrevistadas indica que la violencia sexual no es considerada tema para las autoridades, solo la tratan como conflicto privado que debe apuntar a la conciliación; al castigo con chicote (cable usado a modo de látigo) al agresor, una sanción común de ciertas autoridades indígenas originarias para algunas faltas, o, en algunos casos, sanción económica.

Por otro lado, una de las prácticas frecuentes en el área rural, llamada “rapto”, es mencionada por muchas mujeres por la relación que tiene con las violaciones en las comunidades. El 60 por ciento de las entrevistadas mencionó que no existen violaciones en sus comunidades, sino una errónea interpretación y confusión con la tradición del “rapto de la mujer”, que consiste en que el hombre interesado en una de ellas, generalmente joven, la encierra en su cuarto o casa por unos días, dejándola incomunicada, así expresa su interés en formar un hogar con ella, luego la lleva ante su familia y la convierte en su esposa y madre de sus hijos.

Falta de políticas

La violencia sexual en Bolivia no forma parte de los debates mediáticos ni propuestas políticas, por lo menos no con la profundidad que el tema exige. Las cifras oficiales son contradictorias, ya que, de acuerdo al estudio, las denuncias solo representan el 20 por ciento de los casos en la provincia Quillacollo. Las sanciones son muy pocas y los planteamientos para su prevención casi inexistentes.

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