La Gaceta Jurídica

Los telenoticiosos reemplazan al vilipendiado Telepolicial

El Señor Justicia

Carlos Conde Calle

00:00 / 29 de agosto de 2014

¿Qué está ocurriendo con nuestros telenoticiosos “serios” que están reemplazando el legendario pero vilipendiando Telepolicial? Con un olfato propio de un sagaz empresario de medios, Carlos Palenque creó este programa, que, en cierto momento, se constituyó en el espacio comunicacional que trituraba a sus rivales y enemigos circunstanciales.

Desde la radio, el conductor era Cacho Ordoñez. En los años 90,  estudiosos del sistema televisivo opinaban acremente contra el Telepolicial. Claro, todos los días el televidente veía hechos de violencia y escenas de sexo lo que se erigía en la pedagogía del delito, porque aquí se “contaba” cómo se perpetraba un delito.

Ciertamente, nosotros compartimos esos criterios, aunque recién empezábamos una carrera comunicacional que está por cumplir 20 años en este programa.

Seguramente, en la línea diseñada por su productor, más que informar, primaba la opinión. En realidad, las opiniones que se vertía eran más bien sentencias de condena. La opinión no era cualificada, no establecía una clara discriminación entre delitos de orden público y privado. Todos los casos judiciales, laborales civiles, familiares y otros eran susceptibles de información.

Los delitos vinculados con violación parecían preferidos en el programa; nadie se salvaba de él; la gente tenía miedo y rezaba para no salir en estas pantallas. En esa década, ningún medio tenía en los casos judiciales una fuente de información, por tanto, el Telepolicial tenía monopolio sobre las noticias en el campo judicial y policial.

Estos elementos que acabamos de compendiar son una síntesis acerca de las apreciaciones que “especializados” en crítica de medios (como eran las teleguías) afirmaban.

Corría 1998 y el gobierno promulgó el Nuevo Código de Procedimiento Penal, donde, entre otras cosas, se instituyó a los jueces ciudadanos y se abrevió los procesos. Constantemente los medios de comunicación en general y, de manera particular, el sistema televisivo asignaron periodistas a los órganos jurisdiccionales porque veían un interesante material.

Por supuesto que el Telepolicial se mantuvo desde esa década, sus productores realizaron esfuerzos por mejorar la calidad y se advirtió el mejor manejo de estas noticias, de hecho, el horario fue cambiado a uno menos comprometedor para los niños.

Sin embargo, los primeros 10 años del siglo XXI, además de los últimos hasta 2014, ¡con sorpresa! vemos que absolutamente todos los informativos “serios” de todos los canales, en horario estelar, realizan tarea parecida al Telepolicial.

Dicho de otro modo, ese programa tiene competidores, pero no programas especializados, sino absolutamente todos los informativos. Si el televidente hace un reporte a todos los informativos, al medio día y en horario vespertino, encontrará que los canales “serios” destinan el 80 por ciento del tiempo a penas judiciales y policiales.

¿Qué pasó? La respuesta es que, de acuerdo con Mario Vargas Llosa y Guy Debord, se considera que la televisión es un espectáculo, así los delitos son excelente material para brindar espectáculo. Esta forma cultural, propia de la postmodernidad, rima con los intereses empresariales.

Por supuesto que estas noticias son las que “venden” más. Los informativos “han perdido más de diez mil años”. A esta altura de los hechos, todos los telenoticiosos han desplazado al Telepolicial y cometen los mismos errores, aunque ahora, con los equipos modernos, pueden transmitir en vivo y en directo los delitos.

De esta manera que el televidente tiene “Telepolicial” en todo los noticieros televisivos. El espectador tiene que acostumbrarse a vivir con las noticias judiciales a la hora del almuerzo y, ¿quién sabe?, cuando se sirve la cena.

Pedir que se elimine esta fuente sería una utopía. Los espacios están instalados y no hay posibilidades de eliminarlos. Debemos vivir con estos informativos. Ojalá este artículo motive a los colegas que cubren esta fuente para que cualifiquen su trabajo y lo manejen con responsabilidad. Pido con el mayor respeto que se lea mi libro Periodismo Policial.

Para empezar, el periodista que cubre esta fuente mínimamente debe ser, al margen de su condición de periodista, estudiante de leyes. En la Facultad de Derecho aprendería el manejo adecuado del lenguaje jurídico y el uso apropiado de la nomenclatura jurídica. Debe conocer con mucho rigor el Código Penal y el Código de Procedimiento Penal, además de la ley del Ministerio Público y leyes conexas.

El periodista debe saber que a la hora de informar trabaja con un valor fundamental: la libertad de locomoción de sus fuentes y el honor de las mismas. En su tarea cotidiana debe saber que no puede penetrar en los procesos familiares, laborales, civiles y otros, PORQUE ESTÁN EN EL ÁMBITO PRIVADO; puede que haya hechos injustos que le molestan en lo personal, pero debe permitir que los juzgados hagan su trabajo.

Su radio de acción está dentro de los delitos de orden público (inclusive debe rehuir la cobertura de los delitos privados). Debe saber que esta fuente, como otras, maneja intereses diversos y puede, perfectamente, instrumentalizar al periodista.

El fiscal y víctima expresan intereses diferentes; los mismos abogados pueden querer una decisión judicial y manipular a los periodistas para sus objetivos.

Cada día vemos víctimas y, esto es lo más grave, fácilmente el periodista, como ser humano, se “solidariza” con ellas; fácilmente se parcializa y está “convencido” de que el “victimador” es su rival, sin considerar que podría ser inocente.

El periodista debe mostrar IMPARCIALIDAD. Esa es una tarea muy difícil, lo sé. Pero la tarea profesional obliga imparcialidad. Debemos dejar que sean las autoridades quienes encuentren al culpable. Si, por ejemplo, abogados y familiares de la víctima se ponen de acuerdo para atribuir el delito a un tercero, constituye una falta ética. ¿Qué tal si no es cierto? Por eso el periodista de esta fuente debe ser, mínimamente, estudiante de Derecho.

No se debe aceptar ningún tipo de prebenda ofrecida por las partes. En las transmisiones en vivo se debe tomar en cuenta el estado de ánimo de la fuente, entrevistar sólo a quienes aceptan responder. No se debe “meter” cámaras irresponsablemente; no se debe transmitir “en vivo” desde los velorios, se debe respetar la privacidad de las personas.

El ordenamiento penal dice que no podemos presentar en primerísimo plano al supuesto culpable del o los delitos sin el consentimiento del supuesto delincuente. Sin embargo, los mismos policías obligan a los supuestos delincuentes a ser grabados para ser presentados en los informativos.

Congruentes con la línea de esta columna, sostengamos que el presentador de noticias no es juez ni fiscal. Todos los informativos, son “tribunales paralelos” donde los presentadores se han convertido en jueces y leen “sentencias de condena”. Eso no puede ser, pues constituye una grave falta ética.

Lo sensato sería que, si la fuente no deja de existir, de ese 80 por ciento del tiempo actual se reduzca a 20. En otros términos, que el informativo de un canal contenga más noticias de otras fuentes; que haya equilibrio.

Lo que no debe ocurrir es que los informativos de la televisión se hayan convertido en “telepoliciales” y que practiquemos los mismos vicios del vilipendiado Telepolicial. Estamos a tiempo, podemos mejorar.

Es experto en Derecho de la Información.

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
14 15 16 17 18 19 20
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia