La Gaceta Jurídica

Algo más sobre el tema de la capitalidad

Realidades jurídicas

Gabriel Peláez G.

00:00 / 29 de noviembre de 2013

Trataremos de referirnos a algunos otros detalles que tienen que ver con el tema de la capitalidad, complementando, en cierta forma, un trabajo anterior sobre la misma temática.

Comencemos señalando que el país, hasta la última Constitución Política del Estado (cpe), promulgada el 7 de febrero del 2009, nunca tuvo una que podría haberse llamado “Capital Constitucional”. En efecto, catorce años después de la fecha formal de declaración de la independencia de Bolivia, se dictó la Ley de 12 de julio de 1839, que declara a la actual ciudad de Sucre como Capital de Bolivia.

Lo anterior significa dos cosas: uno, que, durante los primeros catorce años de vida independiente, el país paradójicamente no tuvo, de manera formal, ninguna Capital ni constitucional ni legal. Recién desde 1839 tiene una capital legal y desde el 2009 una Capital Constitucional.

A este detalle jurídico se añade el que corresponde a lo sucedido a fines del siglo xix, o sea la llamada “guerra federal” (que de federal no tuvo nada) y que acabó arrebatando a Sucre su calidad de capital del país, digamos que en “buena parte”.

Aquél hecho configuró otro panorama sui géneris, por decir algo, Sucre quedó sólo con el título de “capital legal”, pero conservando la sede de uno de los actuales órganos (entonces poderes) del Estado, el Judicial, mientras que La Paz, sin contar formalmente con ningún título, quedó con los otros dos poderes del Estado (Ejecutivo y Legislativo). Actualmente, desde la vigencia de la cpe, La Paz acumuló un órgano más, el Órgano Electoral Plurinacional (oep).

Este panorama, que nos acaba dando una “Capital Constitucional”, como título formal, y una “Sede de Gobierno”, como otro título formal pero ni siquiera con derechos completos, no puede ser más irregular. Pero claro, como la sede se ha mantenido durante más de un siglo y una década, ¿quién se atreve a cambiarla? Y, además, ¿cómo se la cambia?

¿Se imaginan ustedes lo que significaría desde la perspectiva económico-financiera el traslado de los actuales tres órganos del Estado con sede en el ciudad de La Paz hasta Sucre? O, en otro caso, ¿el traslado del Órgano Judicial, con sede en Sucre, hasta La Paz?

Téngase en cuenta en este último caso que el Órgano Judicial ha crecido enormemente desde que se crearon otras instancias del mismo, como el Consejo de la Magistratura y el Tribunal Constitucional Plurinacional. Además, que si de títulos hablamos, nuevamente se ha consolidado a favor de Sucre, cuando no, el título de Capital de la Justicia Boliviana, confirmado recientemente por el propio Presidente del Estado Plurinacional en el acto de promulgación de la Ley que consagra la vigencia del Código Procesal Civil. Sucre, de esta forma, se sigue llenando de títulos de lo más diversos, sin relación alguna con un mejor desarrollo y su mayor progreso.

También el propio Presidente del Estado Plurinacional, no hace mucho tiempo, declaró que no habrá ningún cambio en ese título de la ciudad de La Paz, como sede de gobierno. Y añadió —y esto es más importante— que por eso mismo el Gobierno debe estar comprometido y empujar el desarrollo de esa ciudad.

Esta “conclusión” a la que llega el Primer Mandatario parece lógica, partiendo de la premisa acostumbrada de sede del gobierno, aunque no lo sea en su totalidad. Pero nos preguntamos, ¿en qué queda la otra ciudad (Sucre), favorecida con el título (ahora constitucional), de CAPITAL DEL ESTADO?Recordemos que el artículo 6.I de la actual CPE dice en forma textual: “Sucre es la Capital de Bolivia”. Ni siquiera se trata de una redacción del todo correcta. Y es que debería haberse dicho: “La ciudad de Sucre es la Capital del Estado Plurinacional de Bolivia”. El texto actual, queda corto y no es el mejor.

Pero volvamos al tema principal y formulemos la interrogante directa, que no parece más apropiada. Desde que esa ciudad fue “Capital Legal” del país, en 1839 y más todavía ahora en su condición de “Capital Constitucional”, ¿en qué se ha beneficiado? O es que, ¿la intención era satisfacer a aquella ciudad con sólo títulos?

No tiene sentido decir que el hecho de designar a una ciudad, aquí y en cualquier parte del mundo, como CAPITAL de un país es solamente una especie de reconocimiento honorífico o si se prefiere histórico. Son pocos los países del mundo cuya capital no es al mismo tiempo la ciudad más importante y la más desarrollada y favorecida por los gobiernos de turno.

Ni de lejos ha ocurrido ese panorama en Bolivia. Ya era más que sabido que Sucre, en el momento de la fundación de la República, había acumulado suficientes “méritos” para el título de Capital. No fue tampoco una mera casualidad que la fundación formal de la República se hubiese efectuado en aquella. Por eso mismo, y esto aún no le han podido quitar, el mayor monumento histórico del país se llama Casa de la Libertad de Sucre.

Pero, particularmente después de la llamada “guerra federal”, el traslado fundamental del Poder Ejecutivo a La Paz repercutió en forma absolutamente decisiva a favor de La Paz y en contra total de Sucre; esta última es ahora la quinta ciudad en población entre las capitales de departamento y El Alto, está muy cerca de pasar a ser la sexta.

¿Por qué no entonces pensar, aunque más no fuera por aquella calidad, desde mucho antes (pero no es tarde), en una especie de esquema de “compensaciones” de auténticos planes específicos de desarrollo que los impulse y los apuntale el Gobierno central, sin importar que su sede se encuentre en La Paz? ¿Alguna vez nos pondremos a reflexionar seriamente en este extremo?

Es abogado, analista de la constitucionalidad y ensayista.

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