La Gaceta Jurídica

La teoría de la “clase ociosa” de Thorstein Veblen

De la barbarie a la política

La proeza necesita de habilidades modernas fuera de la moral para vencer al contrincante.

La proeza necesita de habilidades modernas fuera de la moral para vencer al contrincante. Foto: xpressate.net

Amelia Peña Aguilar

00:00 / 29 de agosto de 2014

Muchos abogados de la universidad pública recordarán las clases de Derecho Romano y lo divertido que era escuchar a Remmy Camacho decir “ha terminado la clase, que entren los bárbaros” y el aula, que reventaba de llena, era invadida por otro centenar de alumnos que querían ocupar los bancos, entraban como quien entra a combate en guerra.

También decía que el derecho Romano estaba tan avanzado que el Derecho boliviano no se comparaba al grado de civilización que habían alcanzado ellos, pero que deberían dejarnos vivir nuestra propia historia... “nuestra barbarie…”

La clase ociosa

Una característica del estadio superior de la Barbarie es justamente la aparición de la “clase ociosa”, como sucedió en la Europa feudal y en el Japón feudal, donde se observó con claridad la distinción de clases.

Las clases altas estaban excluidas de ocupaciones y se adscribían a tareas que tenían cierto grado de honor, como eran la guerra o el sacerdocio, dependiendo de la belicosidad de la comunidad bárbara, el estar exenta de tareas industriales denotaba superioridad en rango.

En la India brahmánica, dentro de la clase ociosa existieron subdivisiones: el gobierno, la guerra, el sacerdocio y el deporte. En términos generales, podía pertenecer a la clase ociosa aquel que no tenía que ocuparse de la tarea cotidiana de conseguir medios de subsistencia, ésta tarea era ocupación exclusiva de la clase inferior en la que están incluidos los esclavos, los siervos, las mujeres y otros subordinados.

Los reyes y los caudillos se ocupaban del gobierno, la guerra, la religión y los deportes; para los miembros de un rango superior esas eran las actividades permitidas por la costumbre de la comunidad.

Cuando el esquema se desarrolló, los deportes dejaron de ser una actividad de la clase ociosa y bajaron a los rangos inferiores; en su lugar, la clase ociosa se ocupó de la manufactura bélica, como canoas de guerra, amaestramiento en el manejo de caballos, halcones, perros, etc.

Pero, ¿cómo surgió ésta institución? ¿Cuáles fueron los usos, los motivos y circunstancias por las que apareció? Las tribus fueron marcando diferencias entre las ocupaciones de los hombres y de las mujeres y esta distinción tuvo carácter valorativo.

Invidious

Es un término inglés empleado por Veblen, es un calificativo que de ordinario significa envidioso u odioso. Luego, el sentido de la palabra cambió, empleándose para describir personas con el objetivo de escalonarlas y graduarlas con respecto a la valía o valor relativos de cada una de ellas en sentido estético o moral, también conceder y definir los grados relativos de agrado con que pueden ser legítimamente contempladas por sí mismas y por las demás.

Las mujeres son la clase trabajadora

En la mayoría de las tribus las mujeres estaban adscritas por una costumbre prescriptiva a aquellos trabajos que surgieron en el estadio siguiente, las ocupaciones industriales propiamente dichas. Los hombres estaban exentos de esas tareas vulgares y se reservaban para la guerra, la caza, los deportes y las prácticas devotas.

Existía discriminación rigurosa entre hombres y mujeres, pero, además, esta división del trabajo era una distinción entre una clase trabajadora y una clase ociosa, tal como apareció en la cultura bárbara superior donde cualquier actividad industrial era considerada actividad para las mujeres.

En los grupos salvajes la diferenciación de tareas era aún menos complicada y la distinción valorativa entre clases y tareas menos rigurosa. Mientras su estructura era más arcaica y simple, por lo general eran más pacíficos y pobres, pero la propiedad individual no era una característica dominante, por otro lado, la estructura social era menos diferenciada.

Condiciones para el surgimiento de  la clase ociosa

Estudios que describen los rasgos culturales de las comunidades  indican que la clase ociosa surgió gradualmente en la transición del salvajismo primitivo a la barbarie, al cambiar de hábitos pacíficos a bélicos.

Al parecer, las condiciones necesarias para que surja una clase ociosa bien desarrollada fueron:

1) La comunidad debe tener hábitos de vida depredadores (guerra, caza mayor o ambas a la vez); es decir, los hombres, que constituyen en estos casos la clase ociosa en proceso de incoación, tienen que estar habituados a infligir daños por la fuerza y mediante estratagemas.

2) Tiene que haber posibilidades de conseguir medios de subsistencia suficientemente grandes para permitir que una parte considerable de la comunidad pueda estar exenta de dedicarse, de modo habitual, al trabajo rutinario.

La institución de una clase ociosa es la excrecencia de una discriminación entre tareas, con arreglo a la cual algunas de ellas son dignas y otras indignas. Bajo esta antigua distinción, eran tareas dignas aquellas que podían ser clasificadas como hazañas; por el contrario, eran indignas las ocupaciones de la vida cotidiana en las que no entraba ningún elemento apreciable de proeza.

Significados heredados

¿Será posible que la distinción entre ocupaciones apreciables y no apreciables, entre lo cotidiano y la proeza, sea una distinción heredada en la comunidad industrial moderna? Los economistas no han tomado la debida importancia, ya que esto se encuentra dentro de un sentido común moderno que no merece estudiarse, pues es formal y no sustancial para los “hombres”.

En estos tiempos existe una distinción clara entre actividades superiores e inferiores, pero como algo preconcebido de una aversión casi natural a las ocupaciones serviles.

Los hechos bélicos traían consigo riqueza y desarrollo, traían “poder” y esto hacía que se considerara a estos hechos como sobresalientes y sustanciales.

El bárbaro distinguía la diferencia entre una actividad y otra por la interacción entre lo animado y lo inanimado, interactuar con la naturaleza era interactuar con lo inanimado, interactuar con otro ser humano era lo que en verdad importaba para un bárbaro; la guerra, la política, etc. son actividades que podían llevarlo al éxito, a la hazaña.

La distinción ingenua entre los inertes o inanimados y lo animado dividía a las actividades del grupo social primitivo en dos clases que en los tiempos modernos son llamadas hazaña e industria.

Supervivencia moderna de la proeza

En la modernidad, la clase ociosa consigue la supervivencia mediante la adquisición, no por aptitud física, pero heredó del pasado el esquema general bárbaro y arcaico de la vida que se impone sobre los estratos inferiores; éste esquema general de vida se impone a través de las convenciones que moldean al ser humano, como la educación y otro tipo de acciones que se ejercen para conservar los hábitos y los rasgos ideales que los hace pertenecer a la era de la proeza y vida depredadora.

La expresión inmediata de éste fenómeno es la propensión combativa que con frecuencia se llama patriotismo.

La guerra es honorífica a los ojos del hombre moderno, la diferencia de temperamento entre clases se debe a la herencia de carácter adquirido históricamente, pero también a una diferencia étnica en países donde existe una población más o menos homogénea desde el punto de vista étnico.

Los deportes crean una ficción de proeza –por eso son tan importantes las medallas olímpicas, las copas de fútbol, etc.– porque aluden a la hazaña. La proeza afecta las relaciones diplomáticas, las relaciones económicas y las políticas a nivel mundial.

La proeza moderna conlleva modernas habilidades

La proeza en los tiempos actuales que la empresa guerrera de cada país cultiva y robustece necesita de ciertas habilidades modernas, no sólo de la fuerza física, nos referimos a la falsedad, la arrogancia, el fraude, la minuciosa elaboración de reglas y el empleo de árbitros, todo en el intento de vencer al contrincante.

El objetivo es superponerse al contrincante, no importa el método; desarrollar la aptitud para el fraude se convierte en un gran talento, la legitimación legal o consuetudinaria de esa práctica es un hábito mental egoísta.

Los rasgos bárbaros de ferocidad y astucia son la actitud de un depredador que lo llevará al éxito de sus propósitos.

Es por eso que la clase ociosa en los tiempos modernos –la clase política– busca de cualquier manera mantener su estatus de superioridad bajo cualquier concepto, sin ninguna moral, la moral es un mito.

La búsqueda del poder constante y sin descanso es lo que motiva a los grupos ciudadanos, partidos políticos, etc. a enfrentarse salvajemente y con instrumentos de guerra modernos como son el uso de la tecnología, los medios de comunicación y otros que constituyen armas innovadoras para mantenerse en el cómodo sitial de clase ociosa.

Fuente

VEBLEN, Thorstein. Teoría de la clase ociosa. Editores Elaleph, 2000.

Es economista, egresada en Derecho y diplomada en Pedagogía para la educación superior y en Diplomacia Cultural de los Pueblos.

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