La Gaceta Jurídica

Más vicios en el ejercicio de tareas periodísticas

El Señor Justicia

La Gaceta Jurídica / Carlos Conde Calle

00:00 / 20 de julio de 2012

El estar en medios de comunicación social, durante 20 años, me da el privilegio de ver en la praxis cómo se desarrolla este oficio. Algo aprendí, no somos infalibles, nos equivocamos. No somos seres de otro mundo; tenemos, como cualquier ciudadano, aciertos y errores. Autores como Carlos Soria, José María Desantes, Carlos Gonzales Eugene Goodwin, Furio Colombo y otros, constituyen intelectuales de inevitable consulta a la hora de desarrollar nuestro trabajo periodístico.

La relación amigo-enemigo –propia de la ciencia política, como Karl Smitch– también se instala en los medios. No es frecuente pero, a veces, el periodista deja escapar sus demonios. Uno de ellos es el odio. Con motivo o sin él, la fuente es declarada “enemiga”. El periodista amenaza, desafía –particularmente locutores y presentadores– a la fuente. Puede hacerlo cuantas veces lo desee. La fuente, al no contar con un medio de comunicación, “pelea” con el periodista en condiciones desiguales.

El periodista se aprovecha de la ventaja comparativa que tiene frente a la fuente. ¡Sí!, la fuente tiene derecho de réplica. Pero eso es insuficiente. En consecuencia, el periodista no debe aprovecharse de esta ventaja en desmedro de la fuente. El periodista debe saber que es un servidor público y que el titular del Derecho a la Información es la sociedad.

Otro vicio, y apelo a Godwin, es el engaño a las fuentes de información. Imagine el lector a un periodista haciéndose pasar por policía; un periodista que pretende hacerse pasar por médico o enfermera. Existen diferentes formas de engaño; v. gr. Llamar desde el medio de comunicación, haciéndose pasar como cliente, a un centro de prostitución; instalar cámaras y micrófonos escondidos para el logro de una entrevista no pactada.

Ninguna de estas supuestas pruebas vale en el ámbito judicial. El artículo 13 del Código de Procedimiento Penal (cpp) ordena: “Los elementos de prueba sólo tendrán valor si han sido obtenidos por medios lícitos e incorporados al proceso, conforme a las disposiciones de la Constitución Política del Estado y este Código”. Si estas pruebas no valen en el ámbito judicial, ¿qué valor pueden tener periodísticamente?

Está claro que no podemos engañar a la fuente de información. El recibir regalos es otro error frecuente que debe ser desechado. En el campo periodístico, en la medida en que nos debemos a los titulares del Derecho a la Información, no podemos recibir regalos de nuestras fuentes, ni siquiera en las fiestas de navidad. La pregunta es: ¿Importa el valor de los bienes regalados? La respuesta es muy difícil. Es la conducta moral e individual del periodista, estudiar la Ciencia Ética nos puede ayudar a resolver el problema.

¿Cómo rechazar una tarjeta navideña? ¿Se puede aceptar como regalo una computadora? No obstante, es frecuente que, especialmente el Estado, invita a periodista de todos los medios para viajar al interior y exterior del país. ¿Quién paga los pasajes de ida y vuelta? ¿Quién paga la estadía de los periodistas? Nosotros creemos que el medio de comunicación debe pagar los pasajes y estadía de sus periodistas. Esto garantiza la imparcialidad.

Otro de los males es que, en los géneros opinativos, el periodista es presa fácil de las visiones maniqueas y absolutistas de ver la información; lo bueno frente a los malo, en términos absolutos. No acepta posiciones intermedias. En esa línea, casi siempre ve la realidad como mala en términos absolutos, todo está mal; se deja guiar por el pesimismo y, como dice Carlos Gonzales, “un pesimista cree que vivimos en el mejor de los mundos. Un pesimista teme que eso sea verdad”.

El periodista pretende mostramos que él puede ser el salvador, el mesías que redime su pueblo, porque él se considera enteramente bueno: luego, todos son malos.

Es frecuente ver análisis apocalípticos. El periodista debe saber que, como dice Max Weber, no necesariamente las acciones buenas tendrán por resultado efectos buenos; a menudo es todo lo contrario. La realidad es dinámica, cambiante, dialéctica y así debe ser asumida por el periodista.

Otro mal del periodista es que lee muy poco, el límite de sus lecturas son los periódicos del día sin considerar que, en los niveles del conocimiento, de acuerdo a Mario Bunge, el periódico encaja en el nivel de conocimiento vulgar. Por tanto, continuando con Carlos Gonzales, la tarea periodística, se reduce “…a los estereotipos de las simplificaciones, de las frases hechas e incluso de los arregostos o querencias; en fin más allá de los buenos y malos, de héroes y villanos, de admirados y rechazados…”.

El periodista debe estudiar constantemente, mejor si es una especialidad. Debe huir de frases hechas, de estereotipos; debe mejorar su lenguaje y pulir su estilo.

Esto se logra leyendo a buenos autores. Este mal está radicado fundamentalmente en la radio y la Televisión.

Con seguridad que en la televisión usted ve las mismas imágenes y los mismos planos en todos los canales, inclusive a las mismas horas. ¿Qué pasó? Presionados por el tiempo, por mandato de su mismo jefe de prensa, debe llevar a su medio, entre ocho y diez notas. Buscar, recoger y difundir ocho notas es humanamente imposible. Considerando que los telediarios normalmente empiezan a las 12.45, las fuentes de información recién trabajan desde las 10  am, ante esta realidad los periodistas de todos los medios se juntan y trabajan por equipos; intercambian imágenes. Este vicio es anotado como “periodismo en serie” por Carlos Gonzales en su libro El Periodista en su Circunstancia.

El autor dice: “Cuando varios periodistas persiguen juntos una información para distintos medios se produce un extraño fenómeno de contaminación que acicata e impulsa la emulación y la competitividad, pero que, con demasiada frecuencia, desfavorece, desvirtúa, daña y prohíbe los valores propios, individuales de cada profesional. El resultado es un periodismo uniforme, cómplice, que bajo una apariencia de objetividad, acepta y asume con excesiva facilidad prejuicios y sobreentendidos. Un periodismo de síntesis, en el que se da por supuesto, sin las comprobaciones necesarias, aquello que justamente se debe probar en primer lugar”.

Bruce Swain puntualiza que otro de los males es que el periodista no conoce sobre los conflictos de intereses, es un humano, animal social diría Aristóteles. Las fuentes con también humanas. Entre periodistas y fuente se traban relaciones sociales con resultados a veces imprevistos. A manera de ejemplo citamos un par de casos: a) la periodista, cuya fuente es el Parlamento, en su tarea cotidiana, conoce al Presidente del Congreso. De una relación de amistad terminan siendo novios. b) Otro periodista es asignado a la fuente de seguridad; su hermano es juez en el campo penal; este fue suspendido del cargo por el Consejo de la Magistratura. En ambos casos su tarea es informar sobre todas las actividades que desarrollan sus fuentes.

¿Serán creíbles? No ¿Tendrán que dejar de trabajar? No. Sería injusto. Lo sensato es que por decisión propia o del jefe de prensa se cambie de fuente a estos periodistas; de esta manera se garantiza la imparcialidad del medio.

Finalmente, el periodista se asume como sobrehumano; en este mundo consumista, al parecer, también se enajenó y dejó de ser el mismo y sus conductas son mecánicas e informa sin considerar el estado emocional de la fuente. Sería bueno que se pregunte: ¿Qué me pasaría si la fuente fuera yo? ¿Cómo me afectaría la información? Esto se llama empatía. El periodista debe colocarse en el lugar de su fuente. ¿Qué diría el periodista sin un pariente suyo fallece? ¿Le gustaría que ingresen al velorio y muestren imágenes de primer plano? Y si le preguntan ¿Cómo se siente? Esto tiene que ver con el derecho a la intimidad.

Es bueno que sepamos que el periodista y todos los ciudadanos vivimos en un mundo de leyes. Que somos servidores públicos y el titular del Derecho a la Información es la sociedad.

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