La Gaceta Jurídica

La violencia machista empieza por casa

Relaciones humanas

Carlos F. Toranzos

00:00 / 08 de noviembre de 2015

Hace algunas semanas, unos hechos violentos rellenaron las páginas de las redes sociales, no en solo ellas, sino también en los periódicos y seguro que en las conversaciones de calle y de bar. Ese hecho fue el impuesto por un joven que administró una dosis de violencia solamente vista en video juegos y películas de mal gusto.

Esta violencia fue una cosa pocas veces vista en su total brutalidad, en su total deshumanidad y en el abuso más animal. No solo los golpes, sino la gana de eliminar al individuo, ahora víctima, con sus propias manos y pies.

Esta brutalidad seguro que no tiene otro origen que el que el administrador de la misma haya sido herido en lo más profundo de su orgullo masculino. Ese orgullo que, además, el grandísimo varón lo manifiesta que el golpeado se burló y no solo le dijo que le había quitado la novia, nótese: QUITADO LA NOVIA, es decir, eliminado la propiedad, robado sin contemplaciones la propiedad de Kenny y para más Inri, le había tocado las partes íntimas, es decir los huevos.

A un hombre robarle su novia y tocarle los huevos ya es signo de Guerra sin cuartel y sin contemplación. Si no lo mató es porque todavía le quedó algún resabio de humanidad. Vaya uno a saber, el video solo muestra lo que muestra y no lo que hizo después de arrastrarlo como un bulto.

Este hecho de violencia no es otra cosa que la manifestación más flagrante de la violencia machista. Es la misma que se ejerce contra la mujer.

En el ejemplo no parece tan claro al no haber mujer…, sin embargo, el lenguaje que se utiliza para justificar la violencia es el mismo. Me engañó, me insultó, no me controlé, etc. El mismo tipo de abuso, tratar a la otra persona como objeto. Como objeto para el abuso y la justificación no puede ser más parecida.

Esto indica solamente que algo grave estamos haciendo. Seguimos educando machos, seguimos justificando una cultura violenta y no queremos ver que ésa está en cada esquina, en cada manifestación de abuso a los hijos, a los amigos, a las amigas, a las novias y a ellas no solo mal trato verbal, son consideradas propiedad, por tanto, el abuso es justificado.

Una sociedad que no reacciona a esos arranques de abusos es una sociedad que debe revisar sus relaciones humanas dentro del marco de igualdad de género, esto conlleva a desahuciar todo tipo de abuso en el deporte, en el colegio, en la universidad en el campo, en el sindicato, en todo el ámbito familiar.

No importa cómo ni quién ejerza la violencia, ésta debe ser erradicada.

En la casa ya debemos empezar a erradicarla. Fuera el castigo corporal, fuera las palabras con implicaciones denigrantes de género.

Es imperioso cambiar la cultura de la opresión. La erradicamos con educación liberadora.

Es analista.

Tomado de: bolpress.com

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