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‘Adán y Eva Newton’, la experiencia sonora

a sonorización en vivo de Adán y Eva Newton le otorga a la exhibición un sentido de happening, que es a dónde se dirige mucho del cine contemporáneo.

‘Adán y Eva Newton’, la experiencia sonora.

‘Adán y Eva Newton’, la experiencia sonora.

La Razón (Edición Impresa) / Claudio Sánchez / La Paz

00:00 / 01 de noviembre de 2015

La experimentación sonora en el cine ha sido un elemento muy importante a la hora de pensar una película. El diseño sonoro es un punto de singular trascendencia desde que existen las exhibiciones públicas (que este 2015 celebran 120 años). Hay filmes que se recuerdan más por sus bandas sonoras que por sus propias tramas, y existen trabajos de composición que son indivisibles de la propia cinta.

En el caso particular de Adán y Eva Newton (Nicolás Dwreski, 2015), la nueva producción franco boliviana recientemente estrenada en La Paz, el sonido es presentado como un personaje más de la película. A través de un particular sistema llamado acousmonium, el que ha sido utilizado desde la década del 70 —en el siglo pasado— para la difusión de la denominada música concreta, que son composiciones electroacústicas.

Con la instalación de 32 parlantes en la sala, y la intención de un sonido envolvente que sea protagonista de la historia, la cinta intenta provocar una experiencia audiovisual directa. La sonorización en vivo de Adán y Eva Newton le otorga a la exhibición un sentido de happening, que es a dónde se dirige mucho del cine contemporáneo. A contramano del sistema 3D que intenta sorprender constantemente al espectador a través de sus efectos especiales, la presentación de proyecciones con características de sonido en vivo se convierten en auténticos acontecimientos artísticos. En el caso particular de la película de Dwreski no se trata de una orquesta que interpreta la música, sino de un técnico que opera una computadora y le brinda sentido a las imágenes intentando que exista una relación de comunión entre ambas, aunque en más de una oportunidad exista más bien un divorcio audiblemente perceptible.

En un filme que tiene al sonido como un protagonista principal, la desincronización entre la modulación y las palabras que se escuchan parece ser una broma de mal gusto. Si el tratamiento del sonido es lo fundamental, que lo que se escucha en voz de los actores esté fuera de sincro resulta algo más que una torpeza inicial, cuestión que podría pasarse por alto si es que acaso la pretensión del filme no fuera la de una prolijidad extraordinaria en su sonido.

Dwreski apuesta por contar una historia dispersa que cruza la ciencia ficción con ciertas películas de acción, el drama aquí se sostiene por cierto duelo entre quienes quieren estar fuera de la zona conectada y los que están dentro intentando ampliar el área de acción. Bajo la premisa de que estamos ante la realización de un referéndum que determinará si se usan o no chips en los ciudadanos para poder controlarlos, se desarrolla una trama dividida en siete episodios que muestran divisiones y fracturas dentro de un débil guion.

Con citas a películas de los más diversos géneros, desde el western (la llegada de Macqui a Tiwanaku), con referencias a películas de culto (la escena del ascensor), con mucha cinefilia puesta en valor durante la mise-en-scène, pero también con pocas intenciones de salir de cierta zona de confort en la que se cae continuamente en lugares comunes, en referencias absolutamente obvias.

Con la intención de poner de manifiesto un discurso concreto, aquel de la importancia de la tecnología en un mundo hiperconectado y como esto altera las relaciones del hombre con su entorno, la caricatura de un grupo comando que intenta actuar en contra de lo que está sucediendo sistemáticamente e institucionalmente apoyado desde un gobierno resulta poco más que un ingenuo argumento. Sin embargo, si esta lectura se la lleva a otro contexto más actual y de coyuntura, la cercanía de un referéndum como el que tenemos programado, o como el que acabamos de vivir, y el porcentaje de rechazo a una imposición por parte de la sociedad resulta ser algo más que una simple especulación. Lo que puede estar diciendo Dwreski es que a pesar de los intentos por imponer criterios, la democracia tiene sabias respuestas desde la participación ciudadana para los grandes problemas y cuestiones nacionales. Esa es otra lectura de una cinta que se queda en buenas intenciones audiovisuales.

Para estar al tanto de los últimos lanzamientos en el séptimo arte en el mundo visitar la página web cinemascine.org.

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