La Revista

Adiós a Gladys Dávalos Arze, escritora para niños y adultos

Legado. Entre sus obras inéditas están la ‘Oda a la salteña’ y un cuento

títeres. La novelista (izq.) en 2011, junto a la adaptadora de ‘La muela del diablo’, Karina Noya. Foto:  Flia. Dávalos

títeres. La novelista (izq.) en 2011, junto a la adaptadora de ‘La muela del diablo’, Karina Noya. Foto: Flia. Dávalos

La Razón / Gemma Candela - La Paz

00:00 / 05 de noviembre de 2012

El viernes por la noche, tras un año  de lucha contra el cáncer, murió en La Paz a sus 62 años la escritora y poetisa Gladys Dávalos, orureña de nacimiento y creadora de cuentos infantiles como Ururi, novelas para adultos, sátiras y poemas.

En la puerta de la que fue su casa, en Sopocachi, cuelga un crespón negro. Allí vivió, años atrás, el pintor Cecilio Guzmán de Rojas, padre de su marido, Iván. Gladys fue quien organizó una pinacoteca del artista en la casa, y ella misma dirigía el tour por el pequeño museo, contó una de sus hijas, Cecilia Guzmán. Su madre empezó a “escribir” a los cinco años: llenaba de garabatos los libros de contabilidad que su abuelo ya no usaba. Pero allí no había nada legible, pues todavía no sabía leer ni escribir.

La Guerra del Chaco dejó a su madre viuda. “Eso le marcó”, afirmó el marido de la escritora. Años después, escribió Los pozos del lobo, una novela que retrata el conflicto pero no desde el campo de batalla: muestra cómo las mujeres sacaron adelante el país durante aquellos años.

“Sus obras tenían un estilo diferente”, dijo Iván. Cuando escribía para niños, lo hacía tratándoles como a pequeñas personas, “no como a wawas”. La muela del diablo, Ururi (que fue traducida a varios idiomas, entre ellos el francés, el inglés y el alemán), Qatari y Asiru y El rincón del tigre azul son algunas de las historias juveniles que publicó. Algunas, las inventó junto con su hija Cecilia, cuando ella tenía siete u ocho años. “Luego, ella las escribía”. Apasionada. Nueve quimioterapias y tres cirugías en un año contra el cáncer de ovarios no impidieron que, cuando se encontraba bien, viviera feliz y que, incluso, practicara su deporte favorito, el tenis. La última vez fue hace un mes y medio. “Siempre estaba haciendo chistes”, dijo su hija, y añadió: “Tenía más energía que todos juntos”.

Por ello, hasta que la salud se lo impidió, siguió ejerciendo de profesora en el Colegio Alemán, donde daba clases de lengua germana, además de impartir lecciones privadas. Es por ello que alumnos, familiares y miembros de la Academia Boliviana de la Lengua, entre otros, acudieron al velorio, el fin de semana. Luego, fue incinerada. Ahora, sólo queda cumplir su última voluntad: esparcir sus cenizas sobre los rosales de la casa.

Autora premiada

GalardónObtuvo, entre otros, el primer lugar en el Premio Nacional de Cuento Franz Tamayo.usin publicar

Oda a la salteña y un cuento sobre la modorra.

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