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‘Antigiles’: Krauss, de blanco y negro

En la tapa del primer disco homónimo de Krauss, el nombre se redibujó como un caligrama colorido sobre un pasivo fondo negro. El arco iris de matices anunciaba una cualidad musical diversa y tres nombres respetados en la música boliviana —Krauss, Arce y Zapata— imprimían su personalidad musical sobre diez canciones.

Christian Krauss y el 'Conejo' Arce de la agrupación Krauss.

Christian Krauss y el 'Conejo' Arce de la agrupación Krauss.

La Razón (Edición Impresa) / Sergio Candia

00:00 / 22 de diciembre de 2013

En la tapa del primer disco homónimo de Krauss, el nombre se redibujó como un caligrama colorido sobre un pasivo fondo negro. El arco iris de matices anunciaba una cualidad musical diversa y tres nombres respetados en la música boliviana —Krauss, Arce y Zapata— imprimían su personalidad musical sobre diez canciones.

Quimeras ilustró la vertiente pop, Los impresionistas exploró las sendas del rock, Un poco expuso sensibilidades y cada tema, reveló una posibilidad.

Tres años después de aquel primer trabajo, Krauss llega con un segundo álbum titulado Antigiles. El contraste es inmediato. Color versus monocromía. De todos aquellos colores, de todas aquellas facetas plasmadas en el primer álbum, la banda decidió internarse en la sencillez del blanco y negro, aquellos colores de fondo que contuvieron silenciosamente la explosión inicial.                                  

Antigiles entrega nueve temas que reflejan un puñado de sesiones de grabación en el que el común denominador es la intimidad. Las melodías de cada canción encierran una atmósfera en la que música e intensidad detuvieron el tiempo para convertirlo en melodías. Hay mucha vida: el calor es ahora lo que fue el color en su momento.                                                            

El material abre con Foto de Zappa, que establece una coda a lo que fue el primer trabajo, brillante y frenética, en cuestión de segundos atrapa y promete. Tres noches benditas habla de la mística nocturna en la ciudad. Laberinto desciende varios escalones en el humor para introducir la intimidad de este álbum, redondeando así una primera trilogía que bien podría ser el resumen del disco. Ella sube las revoluciones para entregar ritmo y anécdota. Antigiles trae de vuelta aquellos recordados matices distintivos de la voz de Christian Krauss. Anfibio toma la posta del upbeat con un pulsante bajo de Álvaro Arce, que se carga todo el tema a las espaldas. Caminos es un encuentro con la voz de Christian, recomendable con audífonos si buscas que Krauss te hable al oído. Circo viejo es una de las joyas del álbum, un amasijo de historias envuelto en melodías exquisitas. Los nobles llega hacia el final, cuando todo se ha dicho excepto esto, una despedida perfecta. Antigiles presenta una banda compacta, un grupo de músicos que ha conseguido desarrollar ese espíritu que hace posible dar vida a canciones memorables. Hay Krauss para rato, esta monocromía musical era necesaria.

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