La Revista

Luzmila Carpio celebra la vida en su concierto

Público. El show cerró con una ovación de pie

Recital. Luzmila Carpio mientras emula el canto de la gaviota.

Recital. Luzmila Carpio mientras emula el canto de la gaviota. Wara Vargas.

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Vargas / La Paz

02:17 / 28 de enero de 2016

Del suave Arrullo a la Madre Tierra hasta el imponente canto de la gaviota en Dialogando con los animales, la cantante Luzmila Carpio celebró el ciclo de la vida anoche en el escenario del Teatro Municipal. Pasadas las 20.00, el escenario esperaba abierto la llegada de los músicos ante un teatro expectante. El listón quedó alto en la presentación de la artista potosina en 2013 con un ensamble de músicos internacionales que incluía octobass, órgano de cristal y bansuri. Ayer, profesionales bolivianos nutrieron un concierto creado por Carpio que mostró sus distintas facetas. El espectáculo se repetirá esta noche y mañana a las 20.00.

El viaje comenzó con el Arrullo a la Madre Tierra, una melodía llamada a curar los dolores de una Pachamama maltratada y continuó con un homenaje a los sabios abuelos, los achachilas, con la interpretación de Montañas Sagradas.

En estas canciones destacó la técnica depurada de los músicos locales: Franz Valverde (guitarra y guitarra muyu muyu), Lucas Conrady (percusión), Diego Ballón (piano), Cristian Laguna (contrabajo y bajo), Willy Sulcata y Andrés Flores (vientos) y Miguel Ángel Mamani (charango).

El recital continuó con arreglos más habituales de la música del mundo, como en Danza de los niños o Cautiverio, donde se utilizaron proyecciones para dar mensajes sobre el medio ambiente, el discurso del expresidente uruguayo José Mujica o resaltar en el canto de la gaviota  en Dialogando con los animales, la frase “Mar para Bolivia”.

Las imágenes del corto creado por ocho animadores bolivianos La abuela grillo acompañaron la música compuesta por Carpio para el filme Chillchi Parita. Distintas atmósferas pasaban por el escenario, gracias al despliegue de luces, vestuario y escenografía con íconos quechuas. La alegría llegó con la presencia de bailarines de Chayanta, que zapatearon a gusto, y el cuerpo de baile del Centro Cultural Alfredo Domínguez, llevando al público la alegría de las cabeceras de valle y de las tonadas carnavaleras.

También hubo tiempo para momentos íntimos con Phatitán, la canción de cuna de la madre para su bebé, en que se escuchó la voz de Luzmila.  Pero fue hacia el cierre, con la emblemática Arawi, de Simeón Roncal, que la artista volvió a demostrar por qué es una de las voces más preciadas del mundo: porque canta con el alma. Y la ovación, de pie.

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