La Revista

‘Atrapados en azul’, la duda

Foto: Atrapados en Azul

Foto: Atrapados en Azul

La Razón (Edición Impresa) / Sebastián Morales E.

00:00 / 07 de febrero de 2016

En el afiche de Atrapados en azul de Luis Guaraní aparece el logo de la Berlinale y un pequeño palmarés que anuncia su participación en dicho festival por su guion. Desde este momento el filme comienza a ponerse sospechoso. El logo es de la versión número 54 del festival. En unas cuantas semanas, el evento cinematográfico celebrará su versión 66. ¡Es decir que Atrapados en azul habría participado en una versión que data de 10 años antes! ¿Cómo puede suceder eso en un filme de estreno? Ciertamente la película ha debido sufrir un proceso largo de maduración, ligado sobre todo al tema espinoso del financiamiento. De ahí que se puede defender esta incongruencia asumiendo que la película ha participado en el festival en una etapa temprana de producción, la del guion. De hecho, Guaraní afirma que el filme estuvo en la Berlinale en la sección que se llama Talent Campus. Lo curioso es que en las páginas oficiales de dicha actividad no aparece el nombre de Guaraní y en segundo lugar, esta sección es una instancia de formación. No hace por tanto parte de las muestras oficiales, por lo cual, resulta dudoso que el filme tenga incluso el derecho de usar el logo de la Berlinale. El afiche es dudoso, pero hay que dar el beneficio de la duda, adentrándose al cine para ver lo que realmente importa: el filme.

Efectivamente, lo que brilla primero del filme es el guion. Pero no por su maestría, sino por su total ausencia. A tal punto que es imposible hacer una sinopsis suficientemente clara y concisa de la película que dé cuenta en grandes líneas de su narrativa. Los personajes aparecen esporádicamente,  desaparecen sin mucha congruencia, aparecen otros en momentos avanzados del filme, se construyen escenas “dramáticas” que no tienen ninguna relación con lo visto anteriormente. Tanto es así, que Guaraní está obligado, en los últimos minutos del filme, a poner en pantalla dos personajes que “explican” a partir de diálogos forzados la infinidad de huecos que la película deja en su camino. Aun con tal explicación, sigue siendo un misterio la línea narrativa del filme.

Las escenas inconexas se van interponiendo, sin ninguna coherencia ni narrativa ni estética (se pasa de imágenes “poéticas” a videoclips, por intermedio de escenas de imágenes sucias, sin ningún tipo de código formal). El montaje no ayuda tampoco a suturar dichas secuencias, por culpa de una desprolijidad en la edición. Cortes a destiempo, un pobre trabajo de limpieza del sonido hacen del filme una producción francamente amateur. ¿Si la película ha tenido un tiempo tan largo de maduración (de mínimamente 10 años a juzgar por el afiche) ¿no se podría haber utilizado ese periodo para desarrollar mejor una estructura narrativa? ¿Si ya se ha trabajado en la película un tiempo tan largo, no se podría haber concentrado esfuerzos en un montaje más minucioso? El cine es un arte del tiempo, lo que implica darse el tiempo de reflexionar, pensar, ser pulcro.

Hay filmes bolivianos que pretenden vender gato por liebre, lo que no puede hacer más que alejar al público de las salas. Tal vez, como lo ha demostrado el buen cine boliviano reciente, lo mejor es simplemente alejarse completamente de la salas para buscar una cinematografía nacional de calidad en circuitos alternos.

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