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Festival Pachamama curaduría, criterios y jurados

En este sentido, la competencia comunitaria tuvo como ganadora a la cinta Flor brilhante de las cicatrices de piedra (Jade Rainho, 2013).

Uno de los lugares donde se rodó el filme.

Uno de los lugares donde se rodó el filme.

La Razón (Edición Impresa) / Sergio Zapata / La Paz

00:02 / 23 de noviembre de 2014

En su quinta versión, el Festival de Cine Pachamama Cine de la Frontera consolida su vocación de integración cultural y de riesgo cinematográfico, a través de actividades y una programación atractiva. Con homenajes, retrospectivas, secciones competitivas y focos, este encuentro que se celebra en Rio Branco (Brasil) exhibió más de 50 películas.

Muestra de cine comunitario, muestra tri-frontera, homenaje a Coutinho, foco en José Campusano y Danilo de S’Acre, talleres de crítica, cine por la democracia, producción comunitaria, economías creativas, cine y música, encuentros de colectivos, entre otras actividades, compusieron el panorama de este festival emergente, calificado como uno de los 25 más atractivos del mundo, debido a su curaduría. Pues un festival de cine es reconocido y emplazado como espacio por las películas.

En este sentido, la competencia comunitaria tuvo como ganadora a la cinta Flor brilhante de las cicatrices de piedra (Jade Rainho, 2013). En la sección de cortometrajes, los premios a Mejor Corto y Mejor Director recayeron en Cabezas de VHS (Manuel Lacunza, Bolivia, 2014). El premio a Mejor Largometraje fue para Sigo siendo (Javier Cocuera, Perú, 2013), cinta que por su tratamiento y propuesta no comulga ni sintoniza con toda la programación del festival, que en su sección competitiva presentaba títulos como Favula (Raúl  Perrone, 2013), La toma (Sandra Gugliotta, Argentina, 2013), Navajazo (Ricardo Silva, México, 2013), El corral y el viento (Miguel Hilari, Bolivia, 2014), El color que cayó del cielo (Sergio Wolf, Argentina, 2014), entre otros, cuyas trayectorias avalan su carácter atípico, arriesgado e innovador, frente a la cinta reconocida por los jurados.

Este planteamiento revela la interrogante ineludible sobre curaduría, criterios y jurados. La elección de los jurados debe dialogar y responder a la cinematografía que busca identificar a cada festival, pues la curaduría es la identidad misma de los festivales. Más aún, el palmarés que éste tenga, pues de esa manera se ratifica la apuesta curatorial en tanto síntesis de los valores que busca proyectar y fortalecer todo festival.

Además de ganar una cinta que responde a parámetros conservadores en el tratamiento del sujeto a retratar, esgrime elementos condescendientes y maniqueos de la tradición musical, constituyendo un producto dúctil, aletargado y complaciente que se encuentra en las antípodas de lo que ofreció la programación del Pachamama.

Pistas

Mirada indígena

El Festival Pachamama tiene un fuerte componente antropológico a favor de las políticas de inclusión y reconocimiento, por lo que cuenta con una sección competitiva y muestras de cine comunitario, privilegiando lo indígena amazónico. En este sentido, es solo cuestión de tiempo para que esta plataforma, única en su tipo, se posicione como un lugar ineludible de la cinematográfica indígena comunitaria, pues, además de ser un escenario plural, integra materiales de todo el cono sur.

Riesgo

Desde hace dos versiones, la programación del Festival Pachamama es reconocida como una plataforma arriesgada y atípica, con filmes que exploran y cuestionan el estatus del cine como lenguaje y formato. El cierre este año fue la premier mundial de Ragazzi (2014), del prolífico e inclasificable Perrone. Además, el festival permitió degustar piezas como Navajazos (Ricardo Silva, México, 2013), Los hongos (Oscar Ruiz, Colombia, 2014) y cinco películas del creador y exponente del concepto de cine bruto, José Celestino Campusano.

Cortometrajes

Un espacio siempre favorable para la cinematografía boliviana es el cortometraje. Como en anteriores versiones de este festival, un corto boliviano se quedó con dos de los premios de la categoría: Mejor Cortometraje y Mejor Dirección. Cabezas de VHS, del cochabambino Manuel Lacunza, sorprendió a los jurados por la potencia de sus personajes, la capacidad de crear universos y la dirección. Al concluir el festival se dio a conocer un proyecto de largometraje coproducido con base en este cortometraje.

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