La Revista

Cine de narcos

Blow

Blow

La Razón (Edición Impresa) / Sergio Zapata

00:00 / 14 de diciembre de 2014

Las imágenes por distantes idílicas de Scarface (1983), Traffic (2001) o Blow up (2001) permiten reconocer las imágenes que sobre el narco se compusieron en Hollywood y por extensión en el resto del mundo, incluida América Latina. El narco libre, emprendedor, temerario, dueño de su voluntad, algo próximo a un ser de profunda libertad, entregado a su voluntad y sus deseos. Este personaje construyó la moraleja sobre su soledad, por incomprensión o desapego a la ley, pero con toda una mitología detrás.

Bajo la sombra de Pablo —el patrón del mal, como lo inmortaliza una telenovela— las imágenes de narcos fueron tomando un cariz latino: ya no el hombre de libre empresa, sino de familia, no mandaba a matar, sino que él mismo ejecutaba a sus rivales. Se fueron urdiendo y alimentando estos  imaginarios desde la música y la telenovela ancladas en la realidad, mientras que el cine siguió atendiendo al modelo del narco formado en las calles de Nueva York,B Miami o Los Ángeles. Sin embargo, las nuevas imágenes del narco ocupaban puestos gubernamentales, escándalos y tapas de periódico.

No obstante, la guerra al narco, el narco Estado y la industria cultural desencadenaron dos fenómenos antagónicos: el cine de narcos y las narco películas. El cine de narcos está compuesto de piezas que representan a narcotraficantes con cierta moraleja, financiadas por cadenas de Tv o productoras del rubro; mientras que las narco películas son financiadas por el narco. Es preciso marginalizar las películas sobre tráfico de drogas, donde aparecen mulas, migración, prostitución, de alguna manera la postal latinoamericana que demandan los mercados europeos y estadounidense. Las narco películas no buscan seducir audiencias extranjeras, sino masificar la figura del capo, el sicario y el cártel. Títulos como Welcome tu Tijuana (2012), La muerte del Ondeado (2013), El cártel de los Zantoz (2013), La traición de un hijo (2013), conforman el abanico extenso de estas producciones, en su mayoría grabadas en estados del norte de México.

Este fenómeno cultural permite propagar los códigos de crueldad con los que el narco se desenvuelve, como el mayor aparato de propaganda de una organización criminal. Estas cintas no cuentan con distribución internacional, pero están disponibles on line, como cualquier objeto que busca propagar un discurso.

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