La Revista

Lila Downs, aplausos de pie para un canto a la vida

Concierto. Con 17 canciones, la mexicana ayer hizo suspirar y bailar

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Vargas / La Paz

03:00 / 27 de agosto de 2015

“Tercera llamada, ¡principiamos!”, anunció el audio mientras una “calaca” asomaba por la pantalla de video. La voz de Lila Downs abrió a las 20.45 de ayer un show que equilibró emoción y alegría, un festejo a la vida y la muerte en el que no faltaron canciones bolivianas.

Con luces rojas de fondo ingresó la cantante y compositora mexicana en el escenario del teatro 16 de Julio (El Prado) entonando Una cruz de madera. “Yo no quiero llantos/ yo no quiero penas/ no quiero tristeza/ yo no quiero nada/ lo único que quiero es que haya en mi velorio/ una serenata por la madrugada”, decía, abriendo el concierto que reunió tantos éxitos de la carrera de la intérprete nacida en Oaxaca como canciones de su álbum Balas y Chocolate.  Ataviada con un vestido negro con bordados multicolores, sombrero y volados blancos, ante un micrófono adornado con flores, expresó su alegría de estar en Bolivia.

El siguiente tema fue un homenaje a los periodistas que arriesgan su vida en la cobertura: Humito de copal. Le siguió La iguana, canción en la que se resumen “nuestras raíces africana, indígena y europea. Vamos a festejarlas”, anunció Downs, que se puso a bailar, contagiando el ritmo a un músico que empezó el zapateo. Con aplausos animados del público, la artista continuó con el baile haciendo lagartijas y contorsiones. Culminado el ejercicio, la artista se tomó un breve respiro. “Esta parte es luego luego, pero aquí sí se me va la respiración”, dijo antes de que baje el ritmo para cantar La Martiniana.

Le siguió Balas de chocolate, escrita en honor al cacao, “regalo para el mundo”, dijo. El público se mantenía al ritmo de cada interpretación. De su colaboración con Soledad Pastorutti, tomó la canción andina El tren del cielo. Y ya sin los volados blancos y con su sombrero de mariachi interpretó La Farsante, de Juan Gabriel, para continuar con Vámonos, de José Alfredo Jiménez.

Pero antes de terminar la canción, Downs convocó a Jerzain Vargas en la trompeta y a Leo Soqui en el acordeón para que se enfrenten en un duelo. La muestra de virtuosismo terminó con Soqui tocando Collita   y Vargas respondiendo con Viva mi patria Bolivia, lo que provocó una nueva marea de aplausos.

Bajó el ritmo para una dulce versión de Nayla y recobró la fuerza con La patria madrina. “Quiero pedirles esa fe para México”, dijo. Mientras el público respondía al coro, a un lado se levantó una bandera blanca en que se leía “43 estudiantes menos en Ayotzinapa”. “Vivos se los llevaron y vivos los queremos”, cantó Downs. A continuación relató su experiencia de pedir permiso a la Pachamama y de hacer una ofrenda en el lago Titicaca; entonces soltó la tradicional Viene la muerte.

Con una aguda voz interpretó El palomo del Comalito. “El maíz es el legado de la Pachamama, nuestra Madre Tierra”, explicó. A pedido del público soltó un poco de Mezcalito, siguió con Cucurrucucú paloma y cerró el show con Son de difuntos. Pero aplausos y zapateos no dejaron marchar a la artista que tras el grito de “otro, otro”, volvió con Zapata se queda, Paloma negra y La cumbia del mole. El público de pie, bailó y le cantó a la vida y a la muerte.

Público

Espectáculo

Comenzó en el teatro 16 de Julio a las 20.45 y terminó cerca de las 22.30. El mezanine se llenó.

Músicos

Tocaron

Vargas, Soqui, Paul Cohen, Ángel Chacón, Paty Piñón, Luis Huerta y Giovanni Buzzurro.

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