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‘Corazón de dragón’: una lucha contra el cáncer infantil

Sin embargo, para salir adelante, no solo basta con tener recursos para poder sobrellevar el cáncer, sino, y sobre todo, un corazón como el de Sebastián…

‘Corazón de dragón’: una lucha contra el cáncer infantil.

‘Corazón de dragón’: una lucha contra el cáncer infantil.

La Razón (Edición Impresa) / Mitsuko Shimose / La Paz

00:00 / 19 de julio de 2015

Corazón de dragón aborda, en esencia, la problemática del cáncer infantil. Este largometraje documental cuenta la historia de ocho niños que se enfrentan a este mal todos los días en compañía de sus familias. A pesar de que todos tienen esta enfermedad, el documental se centra en Sebastián Ticona, que lleva el cáncer en el corazón. Para los médicos especialistas de esta ciudad, este tipo de cáncer es el más difícil de encontrar. Todos pensaron que no iría a sobrevivir, pero ahora, después de un año de tratamiento de radioterapia, es un adolescente que estudia, corre, juega y ríe sin cesar.

Cuando le diagnosticaron el mal, el desconsuelo y el dolor cayeron sobre su familia. Él mismo no lo soportaba, pero llegó a encontrar el alivio en el origami, ese arte japonés del doblado del papel. Esto tal vez porque este plegado es un “arte enlazado a los sentimientos”, según el origamista Sergio Guarachi. Es por eso que en la parte formal, en la manera de contar, aparte de los primeros planos y del plano general en el documental, también se hizo uso de la animación stop motion que muestra figuras de animales, pero principalmente inmensos dragones de papel, volando sobre un pacífico lago. Este recurso equilibra tanto dolor, tanta carga emocional, al llevar al espectador por un momento a soñar.

Asimismo, está también la música que combina perfectamente con cada una de las escenas. “Si quieres escapar / de todos tus miedos, / encuentra tu lugar / y empieza a volar / y canta con mi voz / vamos a soñar / que es grande el corazón / y sé valiente / y ten la fuerza / de un gran dragón”, se canta en la banda sonora, escrita por Vadik Barrón, con la musicalización de Alejandro Rivas y el acompañamiento de Vero Pérez.

Esta enfermedad se convierte en todo un drama en un país como el nuestro, en vías de desarrollo. La falta de seguros de salud y de colaboración estatal torna más difícil el tema, pues en el documental todos los niños enfermos provienen de familias que no cuentan con los suficientes recursos para enfrentar este mal. Es por eso que el sufrimiento de los padres se torna inacabable, porque al no tener con qué combatir el cáncer, no hay posibilidad… es más, y sin querer ir más allá, por esta situación de carencia de capital, tres de los niños que formaban parte del documental retornaron al paraíso de donde vinieron, por lo que al final se les dedica el largometraje.

Sin embargo, para salir adelante, no solo basta con tener recursos para poder sobrellevar el cáncer, sino, y sobre todo, un corazón como el de Sebastián…

“El Sebas ha nacido con un corazón muy grande, por eso tiene esperanzas y fe”, dice el hermano del que sobrevivió, contando además con el apoyo incondicional de la familia, porque el amor y el cariño sinceros son los mejores remedios que en estos casos se pueden hallar.Para conocer más sobre la actualidad del séptimo arte visitar el portal www.cinemascine.org

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