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Carlos Reygadas: ‘Bolivia es muy cercana a mí’

Cine. El director premiado en Cannes por ‘Post Tenebras Lux’ habló con La Razón vía Skype sobre el estreno de su polémica cinta en la Cinemateca Boliviana el jueves 19

Carlos Reygadas.

Carlos Reygadas. Yaneramai.

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Vargas / La Paz

03:47 / 14 de junio de 2014

El cineasta mexicano, ganador del Premio a Mejor Director del Festival de Cannes 2012 conversó vía Skype con La Razón para hablar sobre su más reciente filme, ‘Post Tenebras Lux’, que se estrenará en la Sala 1 de la Cinemateca Boliviana (c. Oscar Soria 100) el jueves 19 de junio. Yaneramai distribuye la cinta. 

— ¿Qué significa para usted que su filme se vea en Bolivia, un mercado pequeño, pero con visiones parecidas con México?

— Me da igual dónde se estrene porque se hace para otros seres humanos, sin que importe la nacionalidad o la cultura. Creo en el contacto a primer nivel con un tailandés, un chino o un boliviano. Hago cine para compartir con los otros. Cada vez que se puede estrenar la película me da mucho gusto. Personalmente, Bolivia es un país muy cercano a mí porque mi esposa es boliviana.

— En ‘Post Tenebras Lux’ utiliza la figura del Diablo. En Bolivia no es un ser eminentemente maligno, pues se relaciona con mitos de la mina, por ejemplo ¿Cómo lo usó en la cinta?

— En la película es un sueño, no le doy un sentido cerrado, como los sueños no lo tienen tampoco. Yo interpretaría a ese diablo como un tema de conceptualización cultural. Empiezan a hablar del bien y del mal y (en la película) resulta que el diablo no hace ningún daño: Entra a la casa, mira al niño y se mete con los padres a trabajar con su caja de herramientas. Supongo que ese sueño quiere decir que esos temas del bien y del mal y de la conceptualización de la vida es un tema de adultos. La película tiene mucho que ver con la pérdida de la inocencia. Solo las plantas, los animales y los niños están en paz en esa película. No importa a qué cosmovisión pertenezcan los adultos, todos están con cierta angustia. Tiene que ver con el proceso de conceptualización que se empieza a sufrir entre los seis y siete años. Por eso el niño tiene ese sueño a los siete.

— La narrativa que utilizó, alejada del modelo aristotélico, causó polémica en el festival de Cannes ¿Se trata de no ser condescendiente con el público?

— La narrativa en el cine, en términos generales, es un mal necesario. No creo que el cine sea para contar historias como tal. Creo que el cine, a través de historias usadas como andamiajes, te puede poner en contacto con cosas muy fuertes de la vida que tiene que ver con los sentimientos y emociones. Esta parte discursiva del cine no es lo que más me interesa, sino la parte emotiva. Por otro lado, claro que vivimos en una forma narrativa, cronológica y que los eventos se van dando en ese sentido. Yo no quiero ser, como  dijiste, condescendiente con el público y seguirle explicando cuándo estamos en un flashback, un deseo o un futuro imaginario. Siento que la mente humana pasa de un lugar a otro en forma instantánea y rápida; con esta película pude hacer algo similar y dejar que el público pudiera conectarse de la mejor manera y como lo sintiera.

— Sus hijos actúan en la película ¿por qué?

— Va desde las razones más prácticas: necesitaba niños y para no estar discutiendo con la mamá de otra familia si me dejaban hacer esto o aquello, mejor actuar con mis hijos y punto. Eso es lo más elemental. Por otro lado, está un tema de amor y homenaje a lo que más amo. Yo hago películas de lo que conozco y para mí que mis hijos estén allí es una joya personal. En sentido cinematográfico puro, a nadie le van a hacer mejor caso que a su papá y van a ser los mejores vehículos para transmitir las emociones y sentimientos que quiero evocar.

— También filman en su casa…

—Sí, hablo de lo que conozco y eso está cerca a mi familia. La película la pensé así, entonces no tengo miedos ni reparos y trato de mostrar mi casa porque, para mí, la intimidad no reside en tu casa ni en tus calzones sino en el interior de lo que cada uno es.

—¿Es entonces una película intimista?

—Bueno, en el sentido material, sí. Sale mi casa, salen mis hijos… hay una visión intimista, pero irónicamente no es tan personal como pareciera. El conflicto de la pareja o el héroe, que es un tema de insatisfacción espiritual y quizá metafísica, es algo que yo no necesariamente comparto mucho; pero que sí noto como un común denominador en términos generales en occidente. Ya sea en Bolivia, en México, en Europa. En cambio, siento que mi película anterior, que es en un lugar que no conozco, en una lengua que no es mía, ni con mi religión, ni con mis niños, es mucho más personal porque el conflicto que tiene el actor es mucho más parecido a algo que yo podría tener y la forma en que lo vive es como lo podría vivir yo. Entonces, esta película materialmente es más intimista, pero no es personal. Mientras que la anterior es hiperpersonal, aunque la materia no lo es.

—Habla de lo espiritual, lo místico. En su cinta hay una escena de una orgía que tiene esas características. ¿Relacionando el sexo con lo místico?

—Hay un tema con que principio se busca lo físico, sobre todo el hombre. El hombre es muy imaginativo en eso y empuja esta situación. Pero luego, al final, surge un momento de complicidad femenina. Muchas veces las mujeres son muy renuentes porque cuando ya están en el acto pueden influir más, están más en la carne. Y surge ese momento de complicidad femenina muy cercano y brutal. Es algo que yo sentí hasta cierto punto en el momento del parto de mis hijos con la partera.

—En las críticas se calificó la cinta como muy intelectual. ¿hay el público intelectual, uno general? ¿Qué le pide a los espectadores?

—El público no existe, menos el general. Hay gente desesperada, intensa, gente culta, inculta, hay gente a la que le gustan los videojuegos, hay gente a la que le gusta la poesía, absolutamente de todo. Entonces yo creo que una sociedad exitosa es una donde la minorías también tienen qué comer, de qué alimentarse. Una sociedad donde solo existieran sociedades mayoritarias estaría destinada a desaparecer, a la extinción y al fracaso. Yo hago mis películas en torno a mis convicciones, sentimientos y dudas, y sé que otros seres humanos se contactarán con ella. Que sea un público mayoritario o minoritario es pura aritmética. En principio no me interesa ser intelectual, me interesa la gente que ha pensado. A la hora de que uno da o recibe  la película, me interesa la visión, la emoción, la visión interior de otro ser. Si por intelectual se entiende que no es una película de tonterías, pues entonces sí, es intelectual. Cosa de persecución de coches, superhéroes… todas esas cosas, de plano, no son lo mío.

—A mucha gente le cuesta enfrentarse a otro tipo de narrativas.

—No hay que decirle a la gente para qué se escribió ‘Ulises’ de James Joyce si a ésta le interesa que le cuenten historias así directas. Quizá la mayoría de la gente sea así, pero hay cosas que son fundamentales, aunque no sean para la mayoría.

— Post Tenebras Lux se estrena el jueves, ¿Qué hallará el público boliviano en su filme?

— Es una película donde van a ver la visión de alguien, real y honesta, sobre lo que siente y vive en el México de hoy. Como dices,  no es algo muy lejano a Bolivia en algunos sentidos. Y seguramente se divertirán porque también hay mucho humor y una mirada de doble sentido de todas las cosas.

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