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El 6 de Agosto fue casa del rock y cine bolivianos

Balance. Es de los pocos espacios ediles que abrirá el siguiente año

Equipamiento. El teatro ha tenido mejoras técnicas gracias a la Oficialía Mayor de Culturas y su equipo.

Equipamiento. El teatro ha tenido mejoras técnicas gracias a la Oficialía Mayor de Culturas y su equipo. Alejandra Rocabado.

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Vargas / La Paz

05:08 / 25 de diciembre de 2014

El perfil del Cine Teatro 6 de Agosto se ha consolidado en 2014. Conciertos de música rock y urbana, así como permanentes ciclos de cine boliviano han marcado el año. A diferencia de otros espacios municipales, abrirá sus puertas desde enero de 2015.   “Este año hemos querido sentirnos inspirados en hacer del cine y el teatro una experiencia maravillosa. Nuestro motor ha tenido que tener diferentes piezas: pasión, paciencia y trabajo en equipo”, explicó Juan Pablo Ávila, responsable de la sala.

El 6 de Agosto ha sido este año  sede del BoliviaLab, del Proyecto 48 Horas, LaPaz Cultura Caótica, el Festival de cine para niños Kolibrí y apoyó las actividades de la Escuela de Cine y Artes Audiovisuales (ECA). “No ha sido fácil exigir que las producciones que ingresaban potencien su producción. Además, educar al público en el cuidado de la sala nos ha demandado trabajo y muchas satisfacciones”, agrega Ávila.

Entre los logros está el haber sido —junto con la Cinemateca Boliviana— la sala que más películas bolivianas y cortometrajes nacionales ha proyectado en el país. “Hemos consolidado nuestra relación con la Cinemateca y juntos hemos tenido dos temporadas que recorrieron desde la etapa silente hasta lo último de nuestro cine”, agrega Ávila. Así se hicieron las retrospectivas de Marcos Loayza, Jorge Ruiz, Pachamama Films y Rodrigo Bellott.

Además, el 6 de Agosto se convirtió en el escenario más solicitado para conciertos de rock y música urbana. “También nos fortalecimos con el Festiblues, o electrónica, pero el requerimiento para eventos de rock ha sido sorprendente. El teatro y la danza también han estado presentes”.

Gracias al oficial mayor Wálter Gómez, Iris Mirabal (Unidad de Espacios Escénicos) y Jimena Rodríguez (Dirección de Espacios Culturales) —explica Ávila— se han consolidado varias mejoras técnicas importantes en el cine, además de un apoyo del Instituto de Cinematografía de Argentina.

Y de entrada en 2015, el cine se ufana de ser uno de los pocos espacios municipales culturales que ofrecerá programación para la ciudadanía. “Estuvimos trabajando en el mantenimiento de los espacios, lo que nos permitirá abrir las puertas lo antes posible. Nuestra oferta inicial irá de la mano del cine, música electrónica y un tributo especial a Elvis Presley”.

En cuanto a cine se verá: Dios no está muerto (Harold Cronk, EEUU), La oscuridad radiante (Hugo Ara, Bolivia) y Plata quemada (Marcelo Piñeyro, Argentina).  “En 2015 seguiremos inspirados, tendremos cine semanal y empezaremos a producir espectáculos propios”, augura Ávila.

Ricardo Bajo: La infancia es un privilegio de la vejez

La literatura infantil es un hecho cultural “in crescendo” en Bolivia. Editoriales como La Hoguera o 3.600 (con una colección a cargo de Mariana Ruiz Romero) publican a más y más autores . En el país de los grandes de Víctor Hugo Romero es uno de ellos, el último, por salir a la luz. Uno de los hijos de Romero se llama “Huguito” y en el libro (un cuento largo de apenas 50 páginas) el autor “aprovecha” para contarle la infancia de antes en un pueblito alejado de la ciudad con un cine, una librería, un parque, una escuela, una iglesia, un club de video, una revistera… y la fortuna de haber vivido en aquellos tiempos. Años de superhéroes muy buenos y villanos, muy malos (sin tanta violencia innecesaria en historietas, juegos y pelis de hoy), años del suplemento Goyi del periódico Hoy, de tajadores y tristes sopas de verduras, de sueños de pandilleros y astronautas…

En el país de los grandes es un libro ideal para incentivar y cultivar desde wawas el amor por la literatura, el cine y el cómic pero en realidad es un ejercicio de pura nostalgia de ese adulto que ha llegado por fin a lo que quería ser de mayor: un niño. Es la recuperación de aquellos maravillosos años (a veces pueden ser horribles). “La infancia es un privilegio de la vejez”, decía Benedetti.

Ricardo Bajo es periodista

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