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‘Excepciones’: los corazones destrozados

Son 12 monólogos (media de 20 minutos cada uno) sobre las trampas y las prisiones del amor; sobre el desamor idealizado, sobre el fracaso sobrevalorado y sobre las muertes en sus infinitas variedades; sobre los miedos y las mentiras; sobre la necesidad de amar y sentirnos amados (y abrazados); sobre la nostalgia y la melancolía de esos sentimientos que nunca volverán; sobre esas tres palabras que nunca (me) dijiste; sobre el misterio.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Bajo H. / La Paz

02:01 / 08 de abril de 2014

Excepciones: 12 reglas del amor, bajo la dirección general de Eduardo Calla, es el proyecto más ambicioso del teatro boliviano de la última era. Y marca el camino para otras artes: 30 artistas se unen como generación para crear y trabajar hombro con hombro. Aplaudo de pie.

El estreno —con entradas agotadas— fue el fin de semana en la Cinemateca (Fitaz). Son 12 monólogos (media de 20 minutos cada uno) sobre las trampas y las prisiones del amor; sobre el desamor idealizado, sobre el fracaso sobrevalorado y sobre las muertes en sus infinitas variedades; sobre los miedos y las mentiras; sobre la necesidad de amar y sentirnos amados (y abrazados); sobre la nostalgia y la melancolía de esos sentimientos que nunca volverán; sobre esas tres palabras que nunca (me) dijiste; sobre el misterio.

La obra de Calla es pesimista y triste: la felicidad siempre será patética. Excepciones adopta un tono tragicómico: las canciones y el humor de las piezas-sketches de Carlos Ureña (texto de Alejandro Molina), de Denisse Arancibia y de Miguel Vargas (texto compartido con Luis Bredow) entretienen y ayudan a sobrellevar los despojos y los abismos de la obra. La puesta en escena apela a las metáforas minimalistas y desvanecidas: un círculo, un carro, una cama, un jarrón, un chat, unos teléfonos, un órgano musical, una postal de París, un superhéroe… El recurso al metateatro (el teatro dentro del teatro; el afán por mostrar la trastienda experimental) desnuda que todo es un juego (con reglas y excepciones que nadie respeta); que todo es mentira, la verdad; que todo es un trampa, el amor; que todo es un milagro, incluido el desamor y sus fracasos. En esa tarea brilla el maestro de ceremonia, Pedro Grossman, en su salsa, advirtiendo de entrada sobre la pretenciosidad del proyecto, sobre los “derroches de ego”, curándose en salud, evidenciando el artificio.

Como en todo rompecabezas escénico, es inevitable la irregularidad, los altos y bajos, las diferencias. Así cada uno se hace su lista de favoritos. La mía: el primer día me quedo con el desparpajo y frescura de Carlos Ureña (su peta entrando en el escenario y su fracasada sopita caliente de verduras como comparación); la confirmación de Marcos Loayza (genial Mariana Vargas y su amor rutinario en el gym); y la puesta más desafiante, la de Rodrigo Bellott, un tour de force a cargo de la única pareja actoral (Gamarra y Barbosa, ambos Fernando). En el segundo día con el texto “clásico” de Percy Jiménez y un actor que crece a pasos de gigante, Mauricio Toledo. La temporada (también en la Cinemateca) será del 17 al 20 (primera parte) y del 24 al 27 de abril (segunda parte).

Excepciones es la sinfonía mayor en cuatro movimientos —con sus tempos diversos— del pujante teatro boliviano: es el club de los (entusiastas) corazones destrozados. ¿Cuándo se volvió tan complicado el amor?

Ricardo Bajo es periodista.

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