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Grupo Wayra, Japonandes une pop con ritmo nacional

Propuesta. Fusionan la música pop y animé de Japón con el ritmo folklórico boliviano.

Amalgama. Makoto Shishido, integrante de Los Kjarkas, es uno de los precursores del nuevo proyecto musical que une pop japonés y folklore. Foto: Fernando Cartagena

Amalgama. Makoto Shishido, integrante de Los Kjarkas, es uno de los precursores del nuevo proyecto musical que une pop japonés y folklore. Foto: Fernando Cartagena

La Razón (Edición Impresa) / Ibeth Carvajal / La Paz

00:00 / 27 de marzo de 2016

Makoto Shishido, de Los Kjarkas; Hiroyuki Akimoto, de Anata Bolivia; el charanguista Kenichi Kuwabara, y el guitarrista Kohei Watanavi quieren que la música de Japón se ponga de moda entre los bolivianos más jóvenes.

“El motivo de formar el grupo es para agradecer a Bolivia, que nos ha enseñado cómo vivir, porque los cuatro vivimos gracias a la música, por darnos la oportunidad de conocer una variedad de ritmos”, dijo el guitarrista y compositor Hiroyuki Akimoto. Nació en Shogo, Japón, y su gusto por la música folklórica empezó cuando tenía 18 años, en la universidad. Junto a sus compatriotas buscan que los bolivianos se acerquen a la música japonesa.

Otro de los precursores de esta iniciativa es Makoto Shishido, integrante de Los Kjarkas. Nació el 20 de octubre de 1977 en Kanawaga, Japón. Su pasión por la música folklórica emergió cuando estaba en el vientre de su madre.

“Yo escuchaba música folklórica antes de que nazca. Mi papá tocaba la guitarra y mi mamá, vientos; tenían un grupo con sus amigos”, contó Shishido a La Razón. A sus ocho años conoció a Los Kjarkas en un concierto en Japón y ahora es charanguista del grupo que admiraba y también de Wayra Japonandes.

El japonés Kenichi Kuwabara participó en el Concurso Nacional de Intérpretes del Charango en Aiquile (Cochabamba) y logró el tercer puesto en la categoría de Extranjero (2011). Su amor al folklore comenzó cuando tenía 17 años y un paisano charanguista le enseñó a tocar este instrumento. Ahora, a sus 33 años, reside en Bolivia y es otro de los integrantes de la nueva agrupación.  El cuarto miembro de este proyecto musical e intercultural es un joven muy hábil con la guitarra y amante de las tradiciones bolivianas: Kohei Watanavi, quien, como sus compañeros de proyecto, también desarrolla su arte en otros grupos de diversos estilos.

Otro talento japonés que acoge Bolivia es el músico y director de coros Koichi Fujii, quien llegó al país en 1989 gracias al apoyo de la cooperación japonesa JICA. Fue docente y luego director, desde 1997, de la Academia de Música Man Césped de Cochabamba.

La cantante lírica Akiko Makiyama también quedó encantada con Bolivia. Llegó en 2014 y es docente del Conservatorio de Música de La Paz. Empezó con clases de piano a sus tres años y a sus 12 inició su actividad coral.

Escenario. La cantante lírica Akiko Makiyama, en el auditorio del Centro Sinfónico Nacional, en La Paz. Foto: Pedro Laguna

La música, lazo que hermana a Japón y Bolivia

Ibeth Carvajal

La música se convirtió en el vínculo entre la cultura japonesa y boliviana. La cantante lírica Akika Makiyama y el director de coros Koichi fujii, que llegaron al país por trabajo y ahora residen en Bolivia, confiesan que en sus planes de futuro ya no entra la posibilidad de retornar a sus lugares de origen.

La japonesa Makiyama forjó su carrera de cantante lírica desde los 12 años, edad en la que incursionó en el coro de su colegio. Comenzó con clases de piano a sus tres años y a los 15 enfocó su formación a la técnica vocal para dar sus primeros pasos como solista. Reside en La Paz desde 2014, donde trabaja como profesora. “Me gusta cantar y enseñar a mis estudiantes, porque en las clases yo aprendo con ellos cómo educar mejor, por eso me quedo en Bolivia. Aprenden como si fueran esponjas, absorben lo que yo sé mientras yo aprendo cómo es la enseñanza en canto”, dijo Makiyama.

Con una sonrisa que encendía sus recuerdos, Makiyama señaló que llegó a Bolivia en 2012 como cooperante de JICA, donde trabajó tres años. Al terminar consiguió un contrato en el Conservatorio de La Paz para dar clases de canto lírico y lenguaje musical a niños.

Makiyama contó que en Japón enseñan música como parte de la malla curricular ya en primaria y que desde los seis años se aprende a leer partituras; pero en Bolivia el panorama es distinto, solo escriben letras de canciones. “La enseñanza musical desde niños es importante para la formación de un músico y un cantante”, enfatizó Makiyama.

Koichi Fujii, 64 años, vive en Cochabamba. Estudió ópera, piano, dirección orquestal y composición en la Universidad de Osaka, y, como sus colegas japoneses, encontró en Bolivia el lugar ideal para desarrollar su profesión, su pasión y su vida junto a sus cuatro hijas.

COMPROMISO. El japonés llegó a Bolivia en 1989 y trabajó como docente del Conservatorio de Música de La Paz; también fue docente, y es director desde 1997, de la Academia de Música Man Césped, en Cochabamba. “Dirigir la academia supone un enorme trabajo, me quita el 100% de mi tiempo y energía. Con esto no puedo hacer otra cosa más”, afirmó Fujii.

Recordó que realizó una donación de 300.000 dólares para el proyecto Conservatorio Man Césped 2000, que se inició en mayo de 1997 con la finalidad de mejorar la infraestructura y la calidad en la formación. Ahora la academia tiene nuevas instalaciones con seis bloques. La próxima meta es la acreditación para impartir la licenciatura en música.

“En la Academia Man Césped la educación no solo está apuntado a la música, sino que enseñamos que cualquier actividad de aprendizaje musical sirve para elevar la personalidad”, aclaró el músico y director de coros.

Talento: Koichi fujii dirige el centro Man Césped desde 1997. Foto: Pedro Laguna

De la música nacional

Makoto Shishido: "Quería venir y conocer"

No hablaba español y no tenía familiares en Cochabamba. Quería venir y conocer dónde tocaban Los Kjarkas. Desde que estaba en la pancita de mi mamá ya escuchaba música folklórica.

Hiroyuki Akimoto: "Conocer más ritmos"

El motivo de formar el grupo es para agradecer a Bolivia, que nos ha enseñado cómo vivir, porque los cuatro vivíamos gracias a la música, por darnos la oportunidad de conocer más ritmos. AC

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