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El Hobbit: virtuosismo técnico

Cómo hacer una lectura crítica de películas como la trilogía de El Hobbit? El valor de las películas de Peter Jackson no se encuentra precisamente en la obra, sino en algo exterior a ellas. No es posible ver simplemente uno de los filmes, es necesario verlos todos.

Banner de la última entrega de El Hobbit. Cinemascine

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La Razón (Edición Impresa) / Sebastián Morales

00:00 / 11 de enero de 2015

Cómo hacer una lectura crítica de películas como la trilogía de El Hobbit? El valor de las películas de Peter Jackson no se encuentra precisamente en la obra, sino en algo exterior a ellas. No es posible ver simplemente uno de los filmes, es necesario verlos todos. Hay que conocer de antemano las historias que se desplegarán en la pantalla, ya sea por la lectura de los libros o por las expectativas creadas por las anteriores cintas. De ahí que los filmes no requieren necesariamente una estructura narrativa más o menos verosímil. Es decir, las acciones y los acontecimientos no necesariamente responden a la simple lógica de causa y efecto, puesto que en general, la causa de los hechos de la narración no aparece en las cintas, sino más bien en los libros. No teniendo una estructura sólida (que en realidad se encuentra en otra parte) se hace posible la división más o menos aleatoria de una historia unitaria (la de Tolkien) en tres películas más o menos dispersas.

Así, aunque parezca paradójico, la trilogía de El Hobbit tal como la concibe Peter Jackson no es la traducción cinematográfica de los libros de Tolkien. Lo que le interesa a Jackson (y en general a toda la industria hollywoodense) no es tanto el virtuosismo artístico, sino simplemente técnico. Cada uno de los filmes debe superar al otro, cada uno de ellos debe poner en escena efectos visuales cada más grandilocuentes. Por lo tanto, el valor “interno” de las cintas tiene que ver con la expresión de lo grande: enormes ejércitos, paisajes sorprendentes, batallas inmensas.

La demostración de destreza técnica, la puesta en escena de lo sublime, por tanto, coquetea con lo absurdo.

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Un viaje inesperado

En la cinta estrenada en 2012 —como precuela de la trilogía de El Señor de los Anillos— el hobbit Bilbo Bolsón se unirá a 13 enanos y al mago Gandalf para completar una peligrosa misión. El grupo de valientes guerreros emprende un viaje hacia la montaña solitaria, el lugar donde otrora fuera el reino de los enanos. La pequeña compañía busca una reliquia que permita la unión de los enanos para poder recuperar su hogar. Pero para eso, debe derrotar al peligroso dragón Smaug.

La desolación de Smaug

En la cinta de 2013, el grupo de valientes guerreros se acerca lentamente hacia su destino final. En el camino, los personajes deben enfrentarse a una serie de enemigos. La estructura del filme implica la repetición insistente de un motivo: los personajes (en especial Bilbo) estarán al borde de la muerte, pero algún acontecimiento los salvará milagrosamente. En otros filmes, el motivo es eficiente y permite crear cierta tensión, al jugar con las expectativas del público, pero aquí se trata de la eterna repetición de lo mismo.  

La batalla de los cinco ejércitos

La segunda parte de la película terminaba con un enorme final abierto: Smaug, el temible dragón, despierta por culpa de Bilbo Bolsón y el grupo de los enanos. Asumiendo que los dos filmes anteriores anunciaban como el gran enemigo a vencer al dragón, la tercera parte prometía un dramático desenlace. Sin embargo, Smaug es rápidamente derrotado. Jackson se concentra a describir la batalla de cinco ejércitos, aunque no se entiende bien cuáles son las motivaciones que éstos tienen para luchar.

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