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Inauguran Alasita como fiesta de redistribución de la riqueza

La presencia de la illa del Ekeko le dio mayor impulso a la celebración de las miniaturas que comenzó ayer en el Parque Urbano Central y que se extenderá por tres semanas.

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Quispe / La Paz

00:00 / 25 de enero de 2015

Con la illa del Ekeko en la puerta del Palacio, tres gallinas de yeso y un millón de bolivianos de Alasita en las manos, el presidente Evo Morales dijo que la fiesta de la miniatura y la abundancia de este año reflejan la redistribución de la riqueza en Bolivia.

“Somos de la cultura pukara, una cultura de la distribución, lo que el compañero Álvaro (García Linera, vicepresidente) dice como la democratización de la economía y como gobierno concentramos la economía en impuestos, recursos naturales, y esos recursos económicos vuelven al pueblo boliviano”, así comparó Morales el significado que tiene para el país la fiesta de la abundancia a la que se sumó la presencia de la illa después de 156 años de estar en un museo de Suiza.

Pasadas las 08.00, una caravana de amautas llegó hasta la puerta del Palacio de Gobierno, donde Morales y García Linera saludaron respetuosamente a la efigie. “Así es nuestro modelo económico, el de la redistribución de la riqueza; entonces hermanos y hermanas, si venimos de esa cultura de la redistribución tenemos un Dios de la abundancia que es la illa del Ekeko y por eso es una gran alegría presentarla de manera oficial”, sostuvo feliz Morales.

Unos minutos antes, Adolfo Chávez, presidente de la Federación Nacional de Artesanos y Expositores de Navidad y Alasita (Fenaena), le había entregado un millón de bolivianos para “que todos los departamentos tengan teleféricos y compre uno, dos y hasta tres satélites Túpac Katari”, le dijo el gremial al Presidente del Estado. La tradición dice que si uno adquiere con fe un bien en miniatura el 24 de enero, al año el pedido se le hará realidad.  

Ayer, la presencia de la illa no hizo más que impulsar la fiesta de la Alasita en La Paz. “Ha sido toda una celebración para todas nosotras que vendemos desde hace más de 40 años aquí en la plaza Murillo”, expresó Ana Carrillo, dirigente del sector Tarqui, una vendedora de billetitos de Alasita.

Otros llegados del interior también se unieron a la fiesta, como el director del grupo musical de Sucre Los Masis, Roberto Sahonero, que reveló que guarda un Ekeko en su casa. “Yo vine a comprar un nuevo sombrerito para Don Juan, mi Ekeko al que le prendo siempre sus cigarritos todos los viernes”, señaló.Pasadas las 09.00, Morales ya emprendía el vuelo a Cochabamba y la illa del Ekeko hizo su última parada en las oficinas de la Alcaldía de La Paz, desde donde partió a la Avenida del Ejército, para esperar pacientemente la inauguración de su fiesta.

Regalos. Con el sol en su punto, miles de artesanos instalados en sus puestos y Juan Vargas Ricaldi, personificando por décimo segundo año al Ekeko, el programa de inauguración de la mayor fiesta artesanal en La Paz comenzó con el arribo de García Linera y su esposa Claudia Fernández.

Mientras el alcalde interino, Omar Rocha, regalaba réplicas a escala de la illa del Ekeko a las autoridades, el flamante presidente de la Cámara de Senadores, José Alberto Gringo Gonzales, tuvo la ocurrencia de obsequiar un carrito de bebé a la esposa del Vicepresidente, que además llevaba un par de mellizos. Faltaban unos 15 minutos para el mediodía, cuando Rocha anunció la construcción de la Casa del Arte Popular, el dirigente gremial Chávez entregó una credencial ‘oficial’ al, según él, futuro alcalde Guillermo Mendoza, y García Linera reivindicó la fiesta de la abundancia como la celebración de la redistribución de las riquezas en Bolivia, tal cual lo hizo Morales unas tres horas antes al inaugurarla.

Así en un clima de fiesta, la Alasita se inauguró en La Paz, mientras se oía de fondo cantar: “Alt’asitay/ kullakay (comprame pues hermana), un tema musical dedicado al 24 de enero.

Ch’alla de miniaturas no tiene clase social

Jorge Quispe

Mientras el coronel Gustavo Estrada, subcomandante departamental de la Policía, hacía ch’allar sus billetitos, la vendedora de tucumanas Felipa hizo lo mismo con una pequeña casita de yeso que adquirió ayer al mediodía en la feria de la Alasita.

La ch’alla de las miniaturas no hace distinciones sociales. “Hay que tener mucha fe, por eso yo me compré estos billetitos, para que no me falten en todo el año”, sostuvo el coronel de Policía. En tanto Felipa, que el año pasado adquirió un terreno en Río Seco, espera construirlo este año. “Ésta va a ser mi casita, por eso la hice ch’allar, ojalá se haga realidad”, manifestó la mujer de pollera.

El Policía y la comerciante pagaron Bs 5 por la ch’allada o bendición con incienso y copal al maestro amauta Venancio, que pedía que hagan fila a todos sus clientes. “Nosotros se lo ch’allamos muy bien, no somos pajpakus (charlatanes), por eso tengo incluso mi cruz andina”, dijo el hombre de pelo largo, con abarcas y poncho.

El Alto. En la ciudad de El Alto, el alcalde Édgar Patana abrió la fiesta de la miniatura en la zona de Villa Dolores.

“A Villa Dolores llegan muchos vecinos que vienen para comprar de corazón y con mucha fe, de verdad espero que se cumpla y que nuestra ciudad de El Alto tenga más obras para poder vivir mejor”, expresó el burgomaestre.

Una feria más grande que la de Villa Dolores se instaló en la avenida La Paz, donde al menos unos 5.000 artesanos venden desde ayer billetitos, casitas y otras miniaturas.

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