La Revista

LLEGAS ‘He vuelto a ser yo’

Acústico. El músico Rodrigo Villegas habla de su visión actual sobre su carrera, en miras de su 20 aniversario. Con su banda presentará el show ‘Música limpia’ el 4 y 5 de julio en el Teatro Municipal.

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Soruco / La Paz

00:00 / 29 de junio de 2014

— ¿Por qué ‘Música Limpia’?

— Eso responde a un desafío que me planteé el año pasado, y que espero que se amplíe y llegue a otras bandas, la idea es llegar a más gente que los que frecuentan los bares. Una manera es aumentar el porcentaje de tocadas en teatros y espacios abiertos. Es por eso que manejo lo de Música limpia. No quiere decir que mi música es la limpia, sino que la música te limpia, que es algo que a mí me pasó cuando enfermé.

— ¿Por qué optó por el formato acústico para este concierto?

— A mí me encanta. Siempre amé tocar en teatros porque la textura del silencio y del aire es diferente. La comunicación con el público además es distinta a la de los boliches. Hay una solemnidad sin caer en una desconexión, ya que también participa la audiencia.

Pero cuando es acústico, me he dado cuenta, es más lindo. Me parece que es más puro todavía. De hecho las canciones se acercan más a su forma natural, sin el maquillaje que es toda la producción y los procesos de sonidos.

La maderita, el piano —que es como yo escribo las canciones— un concierto así lo siento mucho más natural. Y eso hace que los recitales desenchufados tengan un plus fantástico. Porque la textura se vuelve más pura.

— También el teatro garantiza la atención completa de los asistentes...

— Sí, pero el público no deja de cantar. Es más, me parece tan lindo el silencio y lo que sucede en estos acústicos es que —a diferencia de lo que pasa en los bares— la gente se concentra y canta afinada los temas. Es como si las personas se comprometieran y se sintieran parte del recital.  

— ¿Este concierto será grabado?

— No, porque acabo de sacar un disco en vivo, Se viene el sol, en diciembre de 2013 y en noviembre entro a tocar con la Orquesta Sinfónica Nacional y sería tonto no grabarlo. Voy a hacer algo mucho más grande que en Se viene el sol: 15 cámaras y voy a grabar en 92 canales, para cada instrumento de la Sinfónica por separado... vamos a hacer una locura.

Además, al año, Llegas cumple 20 años. Todo me está apuntando a un gran festejo, el 20 de junio, que casualmente cae en sábado, y es mi fecha exacta de aniversario. Ya estoy pidiendo el Teatro al Aire Libre e invitaré a todos los que alguna vez tocaron con Llegas.

— ¿Tiene algún disco para el próximo año?

— Pensaba sacar al año un disco de estudio con temas nuevos, pero lo haré ahora. Estoy trabajando tan bien, creo que he vuelto a ser yo, que estoy con un disco listo. Estoy corrigiendo los textos, en agosto empiezo a ensayarlos y a finales de ese mes entro a grabar. Estoy pensando estrenar una canción de la placa que me encanta en el concierto.

— ¿Por qué eligió esos invitados en particular?

— Dos de mis invitados nunca han compartido escenario conmigo. La primera es María Teresa Dal Pero, con quien grabé Cada Beso, hace casi 19 años, y que nunca hemos podido tocarla en vivo. Todo el mundo me pregunta de quién es esa voz en el disco, es de la Tere y por primera vez cantará con nosotros.

El otro con el que nunca he compartido escenario, y va a ser una locura, es Matamba. Cantará dos canciones. También tengo otros planes con él con esto de Música limpia.

Y está David Portillo, con quien  estoy muy agradecido. Tocaremos Venas del pasado y Nace la ciudad, temas que cocreamos juntos para el disco Hidrometeoros.

— Tiene una visión contraria a la religión, incluso compuso piezas que hablan al respecto ¿No le causó problemas?

— Hay mucha gente a la que le molesta. Tengo varias canciones anticlericales, pero ahora estoy más tranquilo y decidí ser más tolerante. Es decir, sigo pensando que los dioses son falsos; pero si tú crees y te sientes bien, te tengo que respetar mientras tú respetes mi ateísmo.

Lo que sí estoy sintiendo ahora es discriminación. Este es mi cuarto año limpio, sin alcohol ni drogas, y sí sufro una discriminación de esa normalidad boliviana que es chupar. Me preguntan: “¿Qué tienes?”, “¿te has convertido en cristiano?”.

Te digo esto porque me di cuenta de que este proceso de renovación no había sido sencillo. Incluye renovar amigos y parejas. Ya no puedo estar con personas que chupen, porque les incomoda que no tome y a mí me incomoda estar con ebrios.

Yo disfruto ahora mi vida de otra manera y no puedo perder el tiempo en ese tipo de situaciones. Yo me rescaté de un lugar horrible. Y este nuevo disco va a hablar de esto.

Ojo, no voy a negar mis orígenes. Nos vendieron un discurso de que el rock viene casado con la noche y con el alcohol que nos lo hemos creído... y que además me funcionó. No puedo negar que esta es una experiencia muy interesante, que tiene algo lindo, mágico. He disfrutado mucho y dio lugar a varios de mis discos.

— ¿Tiene alguna canción o un disco que sea su favorito?

— No tengo. Tengo 11 álbumes editados y hay algunos mejores logrados, como el Revólver, y otros menos, pero es imposible decir si hay un tema que me guste más que otro. La utopía del artista es pensar que el nuevo disco es mejor.

— ¿Existe algún tema que se arrepiente de cantar?

— Si, hay una canción que, en terminos futboleros, está en mis conciertos lesionada o en la banca de suplentes. Trato de hacerme al loco, pero la gente me la sigue pidiendo. Es Diamante. Me parece muy melosa, predecible. Cuando la escucho nuevamente, o me piden que la toque, suelo pensar: “Debí estar muy enamorado para hacer algo tan cursi”. Pero a la gente le encanta, especialmente en ciudades como Cochabamba o Potosí.

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