La Revista

Marco cumplió su sueño de tocar con Los Ángeles Azules

Terapia.  El niño se refugia en la música para superar un déficit de atención.

Música. Marco Antonio Romero Aguirre junto al intérprete del trombón Enrique Clavijo, de los Ángeles Azules. Foto: Nemtala Producciones

Música. Marco Antonio Romero Aguirre junto al intérprete del trombón Enrique Clavijo, de los Ángeles Azules. Foto: Nemtala Producciones

La Razón (Edición Impresa) / Ángela Villafán / La Paz

19:44 / 12 de septiembre de 2017

Hace dos años a Marco Antonio Romero Aguirre le diagnosticaron Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Su tratamiento, tocar acordeón, lo llevó a descubrir un talento innato y cumplir su sueño de tocar con Los Ángeles Azules.  

Al tener problemas en su colegio Instituto Jesús de Nazaret por el TDAH —que afecta al 5% de la población infantil, según la Organización Mundial de la Salud—, la psicóloga Carmen Wilde sugirió  canalizar la hiperactividad del niño interpretando un instrumento musical o haciendo deporte.

“Lo inscribí al ballet y a la piscina, pero encontró su vocación y pasión en el acordeón que le prestó mi madre —Zulema Hurtado—. Simplemente escuchando la canción Cómo te voy a olvidar, de Los Ángeles Azules, por YouTube, la interpretaba”, afirma María Luisa Aguirre, madre de Marco.  

Esa misma canción fue la que el niño de 11 años interpretó el viernes junto al trombonista Enrique Clavijo Díaz, del grupo mexicano, además de 17 años.

“Vi los mensajes de su padre —Marco Antonio Romero— en las redes sociales y el video donde el niño tocaba el acordeón. Hice las gestiones para que pudiera conocer a sus ídolos”, cuenta Najwa Nemtala, de Nemtala Producciones, organizadora del festival Juntos por la Cumbia.

Dúo. Marco Antonio y Juan Mejía (Los Ángeles Azules) en el camerino el viernes.

El encuentro entre el fanático y sus ídolos no quedó en un saludo. El niño solicitó a Jorge Mejía Avante (acordeón del grupo) su instrumento y, rodeado por los hermanos Mejía y Méndez, el pequeño músico interpretó los primeros acordes de la canción. Aplausos, sonrisas y una fotografía conmovieron al pequeño músico y a las personas que presenciaron ese momento “mágico”, como lo describe Marco Antonio.

“Fue un sueño hecho realidad, me sentí feliz. Todos ellos fueron amables, incluso lloré de la emoción”, describe Romero, mientras comenta que quiere ser músico profesional y que incluso tiene su propia banda, Cruz Azul, aunque ahora hace presentaciones solo.  

“Jorge Mejía me recomendó que continúe alentando el sueño de mi hijo, ya que nació con el talento”, explica Aguirre. Al acordeón de Romero le falta una tecla, pero la música la lleva en la sangre, su tatarabuelo Ignacio Hurtado fue integrante de la banda Hurtado de Cuevo, en la provincia Cordillera de Santa Cruz, donde interpretaba folklore con sus hijos, los hermanos de la abuela de Marco. “La vi a mi abuela tocando el acordeón y fue el instrumento que me llamó la atención, ahora soy experto en los teclados”, dice.

Marco Antonio estudia en la Academia Mozart, en Villa Adela (El Alto) —cerca de su casa—, donde perfeccionó y pulió su destreza de tal manera que se presentó en las horas cívicas e incluso en un show de la Universidad Bolivariana.      

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