La Revista

‘Adán y Eva’: la sutileza del buen teatro

Una mesa, dos sillas, un vestuario “simple”, un texto inteligente y repleto de humor (de Mark Twain) y dos actores sublimes. Maritza Wilde es Eva y Luis Bredow es Adán.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Bajo H. / La Paz

01:26 / 19 de junio de 2015

El buen teatro no necesita artilugios ni artefactos, no pide desnudos y escándalo gratuito, ni sintetizadores, ni inoportunas (e innecesarias) interactuaciones con el público para ser rebelde y auténtico. El buen teatro no necesita roscas ni autobombos ni premios condescendientes, ni palmaditas y halagos falsos de los cuates.

Del buen teatro el espectador sale reconfortado, contento, satisfecho con el tiempo y la plata gastada. El (mal) teatro dizque “contemporáneo” —obsesionado con su ombligo— aleja al (escaso) público, mira pedante y ególatra desde arriba (autosuficiente). Por eso, una obra como Los diarios de Adán y Eva alegra tanto.

La puesta —estrenada el pasado fin de semana en el escenario de Nuna— te reconcilia con el teatro. Y la fórmula se llama: sutileza. Una mesa, dos sillas, un vestuario “simple”, un texto inteligente y repleto de humor (de Mark Twain) y dos actores sublimes. Maritza Wilde es Eva y Luis Bredow es Adán. Y ambos sienten cada palabra (no recitan), manejan el escenario (saben usar los silencios, entrar y salir) y construyen una química a base de distancias y miradas cómplices. El (buen) teatro siempre llega para hablarnos de los grandes temas: el amor, el hombre, la mujer, la vida y la muerte. “El paraíso estará donde tú te encuentres”.

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