La Revista

Terry Gilliam nos regala un mundo (in)feliz

La última de Gilliam reflexiona sobre un mundo futuro de hiperconexión y soledad (valga la paradoja).

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Bajo H. / La Paz

01:15 / 05 de mayo de 2015

Una película del inglés Terry Gilliam en nuestras multisalas (sinónimo de pipocas, megaproducciones siamesas y banalidad) siempre es una grata sorpresa. Sorpresa que duró una semana pues es lo que aguantó en dichos cines (subsiste aún en la Cinemateca). Teorema cero no es Brazil pero nos sirve para hablar del universo de uno de los puntales de los inigualables Monty Python con el menú de la casa: barroquismo plástico y multicolor, sátira negra, distopía atea y gotas ácidas y surrealistas de crítica social.

La última de Gilliam reflexiona sobre un mundo futuro de hiperconexión y soledad (valga la paradoja). Un actor en gran forma (el austriaco-alemán Christoph Waltz, dos Oscar por Inglourious Basterds y Django Unchained) hace de Qohen Leth, personaje explotado, solitario, marginal, alienado, pesimista y con una pesadilla-alegoría fatalista: desnudo en el espacio exterior, es succionado por un gigantesco agujero negro (el principio y el fin de todo y para todos).

Solo el humor nos salva, como siempre. Por buen tipo, Gilliam nos regala además una (la mejor) fantasía: Bainsley, la lascividad inocente interpretada por la francesa Mélanie Thierry, (nos) lleva a Qohen a una playa caribeña que está en un eterno atardecer. ¿Quién dijo que vivir no tenía sentido?

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia