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De cerca, todos somos monstruos

Parece una típica película sobre los pecados capitales de Hollywood pero el maestro Cronenberg factura una obra profunda, fatalista y compleja, sentando a todos los fantasmas que conoces a comer a la mesa de tu casa, la mía, la de todos

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Bajo H. / La Paz

03:18 / 15 de enero de 2015

Polvo de estrellas (Maps to the stars, en cartelera en nuestros cines) es una película de David Cronenberg. Y se nota. Tenemos un personaje desfigurado (Mía Wasikowska), con marcas físicas que nos hace recuerdo a su filme Crash; tenemos sexo fogoso (uno de sus “leit motiv”, en esta ocasión, Julianne Moore y Robert Pattinson en una “limo”); y tenemos los temas favoritos de un cineasta “enfermo”: la monstruosidad cercana, la codicia, la soberbia, la vanidad, el egoísmo hipócrita y la lujuria.

El canadiense Cronenberg bate su siniestro cóctel gótico-pop sobre el mundo artificial de Holllywood para mostrarnos actrices decadentes y crepusculares de serie B (Julianne Moore ha ganado el domingo pasado un Globo de Oro por este papel “secundario”); ídolos juveniles perdidos y asquerosos (Evan Bird) en una crítica ácida contra los “Justin Bieber” de turno; y gurús sabelotodo falsos (John Cusack). Un poema (Libertad) del surrealista francés Paul Eluard es recitado como estribillo constante.

Parece una típica película sobre los pecados capitales de Hollywood pero el maestro Cronenberg factura una obra profunda, fatalista y compleja, sentando a todos los fantasmas que conoces a comer a la mesa de tu casa, la mía, la de todos. De cerca, todos somos monstruos.

Ricardo Bajo es periodista.

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