La Revista

Imágenes paceñas de Ginsberg

El poeta está en La Paz de paso (fue al cine, a los cafés, a las procesiones…) en busca de la ayahuasca para abrir la puerta a las visiones, a las emociones que perduran.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Bajo H. / La Paz

01:52 / 25 de septiembre de 2014

El 9 de abril de 1960 Allen Ginsberg, el mítico poeta de la “generación beat” estadounidense, está parado en la plaza Murillo de La Paz. Mira al balcón del palacio presidencial donde discursean Siles Zuazo, Paz Estenssoro y Salvador Allende. Las arengas a favor del socialismo le hacen recuerdo a su madre de origen ruso y sus discursos y simpatías comunistas.

Desde ese momento sus opiniones políticas se radicalizan, años más tarde llegaría su ferviente oposición a la guerra de Vietnam. La pequeña y desconocida experiencia boliviana cambia la vida (política) de Ginsberg.

El poeta está en La Paz de paso (fue al cine, a los cafés, a las procesiones…) en busca de la ayahuasca para abrir la puerta a las visiones, a las emociones que perduran. Buscaba terminar su poemario Kaddish, sobre los misterios del dolor, la muerte y su madre recientemente fallecida. La “abuelita” de la selva la encontraría en Perú, como lo hizo años antes, su cuate Burroughs.

El martes pasado, en el Espacio Patiño, el chileno Rodrigo Olavarría y Benjo Chávez nos devolvieron en el tiempo para soñar las imágenes paceñas de Ginsberg. En el afiche de la charla, el gringo poeta budista de origen judío se me (a)parece a Saenz… con espesa barba y todo. Deben ser los vinitos.

Ricardo Bajo es periodista.

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