La Revista

Zamba para una mujer llamada Pablo

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Bajo H.

01:41 / 20 de abril de 2016

Quién no conoce Luna tucumana, el tema con letra de Atahualpa Yupanqui que cantó también Mercedes Sosa? Pero ¿cuántos sabemos que la música de esa joya del folklore argentino la compuso “Pablo del Cerro”? ¿Y quién se escondía —como estrella en el fondo del abismo— detrás de ese pseudónimo masculino? Pablo es Antonieta Paula Pepin Fitzpatrick (Nenette, como la llamaba Atahualpa, su marido).

Vidala para una sombra, de la compañía cordobesa Banquete Escénico, bajo la dirección de María Palacios (y la actuación de Eva Bianco y Alejandra Garabano), es un juego sutil y metafórico de espejos, dobles, silencios, velas y penumbras.

Pablo es Antonieta y Nenette es Pablo: bailan y cantan juntas, pañuelos al aire, unidas por una misma falda larga, por el hijo que viene como “agua escondida”. Un piano “comunista” regala —a cuatro manos— las zambas famosas que parió en secreto Antonieta para reflejar la historia de un pueblo, el pueblo de Atahualpa, sostenido por una mujer en la oscuridad, una mujer que eligió su destino, una mujer que compuso las notas de las canciones más hermosas.

Vidala para una sombra es un sopapo a esta era de selfis, exitismo y ansia loca por reconocimiento social; es un pentagrama iluminado que se difumina como la vida.

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