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El tequila se bebe sin sal y sin gestos

Bajo las formas de un tributo cinéfilo a la violencia de Peckinpah y su “Grupo Salvaje”, tres ladronas españolas se van para México para robar y matar a un capo mexicano por una cuestión de venganza “personal”.

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Bajo H. / La Paz

02:14 / 26 de junio de 2014

Es difícil encontrar una película digna, que no te insulte, en la cartelera de nuestras queridas y odiadas multisalas. Pero alguna vez dentro de esos paquetes completos que las majors (las grandes distribuidoras) gringas nos ordenan consumir, se cuela alguna “rareza”.

Solo quiero caminar es una de ellas. Y es “rara” por varios motivos: para empezar, es una peli “vieja” pues data de 2008; para continuar, es de un director español que se prodiga poco (el gran Agustín Díaz Yanes); y para terminar, es un filme entre Tarantino, Scorsese y Almodóvar.

Bajo las formas de un tributo cinéfilo a la violencia de Peckinpah y su “Grupo Salvaje”, tres ladronas españolas se van para México para robar y matar a un capo mexicano por una cuestión de venganza “personal”.

El reparto es de sana envidia: el trío protagonista llega con Victoria Abril, Ariadna Gil y Elena Anaya junto a Diego Luna, Pilar López de Ayala y la musa de Ripstein, Patricia Reyes Spíndola. El estilo narrativo es elegante y el virtuosismo acompaña la cámara y el montaje con una banda sonora deliciosa que va de Paco de Lucía y Enrique Morente a Los Lobos y  “Flaco” Jiménez, pasando por Roy Orbison y Patti Smith. Solo quiero caminar también enseña: el tequila se bebe sin sal, sin limón y sin gestos.

Ricardo Bajo H. es periodista.

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