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Pier Paolo Pasolini

Poeta, escritor y cineasta; Pier Paolo Pasolini estuvo implicado y comprometido con la sociedad en que le tocó vivir durante los Años de Plomo, con contubernios entre las empresas vinculadas con el petróleo, la mafia, la democracia cristiana y la influencia de la CIA.  

Foto: cinemascine

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La Razón (Edición Impresa) / Sergio Zapata

00:00 / 22 de noviembre de 2015

Poeta, escritor y cineasta; Pier Paolo Pasolini estuvo implicado y comprometido con la sociedad en que le tocó vivir durante los Años de Plomo, con contubernios entre las empresas vinculadas con el petróleo, la mafia, la democracia cristiana y la influencia de la CIA.   

Era un lector voraz, crítico ácido e implacable de la burguesía, a la que le atribuía el conservadurismo pacato de la Italia de su tiempo y la Iglesia, cuyos modos de proceder próximos a la mafia condenaba. Su cuerpo fue hallado en la playa flagelado el 2 de noviembre de 1975 en circunstancias hasta la fecha no esclarecidas.

Homosexual, sentimental, comunista, expulsado del partido, se inició en el cine, para poder reescribir eso que se entiende como realidad; primero como guionista, colaborador de Fellini, hasta arriesgarse a dirigir.

Cada tiempo, tanto Fellini como él siguieron el realismo, pero el desarrollo económico y la relevancia de la democracia cristiana en Italia degradaron el concepto, haciendo obsoleto el mismo movimiento. Sin embargo, Pasolini enfocó su atención sobre el lumpen y las relaciones tensas en la periferia de la nueva Italia. Es así que en Mama Roma (1962) asistimos a la declaración de defunción del movimiento neorrealista y la aparición del adjetivo, pasoliano, donde el cineasta esbozó sus primeras intuiciones e investigaciones.

Con Acattone (1961) y La rabia (1963) se vislumbró la tensión entre el cineasta y la semántica del neorrealismo a favor de construcciones humorísticas, nuevos personajes de una nueva clase en definición y la reciente expulsión del partido. Pasolini, quien paseaba por Roma en autos de lujo e interpelaba a la burguesía sobre su condición conservadora y pusilánime, con el mismo entusiasmo interrogó al amor en filmes como Pajaritos y pajarracos (1966), Encuesta sobre el amor (1969) y Amor y rabia (1969) para ofrecernos un fresco del amor burgués.

Construyó un ambicioso bloque preciosista con la trilogía de la vida, El decamerón (1971), Los cuentos de Canterbury (1972) y Las mil y una noches (1974), donde las clases dominantes degluten en orgías de sangre y de sexo a jóvenes de clases subalternas.

En el film póstumo, inspirado en la República efímera de Saló, Saló o los 120 días de Sodoma (1975), cruzó sadismo con neofascismo, el sexo como metáfora del poder, la cosificación e instrumentalización de los cuerpos, una práctica común del poder. No asistió a su estreno: fue asesinado.

El evangelio según San Mateo (1974) es considerada la mejor adaptación de Jesús que se haya realizado. Movió los cimientos de las capas más renovadoras de la Iglesia, imprimiéndoles el entusiasmo frecuente en los momentos de crisis, como en la actualidad.

La cinta fue rodada con actores no profesionales, sin emplear escenarios reconstruidos; su rodaje se realizó en Tierra Santa. El poeta convertido en cineasta investigó —como en toda su cinematografía— sobre el acontecimiento en planos conjuntos, con varios personajes, sujetos a la improvisación para poder captar momentos de verdad o, como él suscribía, rescribir la realidad, como los neorrealistas solo ven posible en la ficción.

Marcado por su militancia comunista, por extensión ateísta, en El evangelio según San Mateo propuso puentes entre el comunismo y la cristiandad en el gesto y visión favorable sobre los menos favorecidos, además de que construyó un relato sacro sobre la existencia. Ahí es donde se hizo posible fundir los dogmas, para contemplar, como en el caso de esta versión de El Evangelio..., la nobleza del sacrificio.

Paralelamente atendió litigios legales, difamaciones del partido que lo había expulsado, la misma Iglesia lo galardonó por este filme, otro signo de la incomprensión de este autor, quien en las últimas entrevistas afirmó que la libertad hay que tomarla y que no hay que tener esperanza, pues la espera es el eterno engaño del poder para no hacer nada. 

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