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Teatro Negro en Coroico, para afianzar la autoestima

Gestor. Roberto Nanetti dejó la Tv para emprender en Yungas un proyecto con estudiantes

Miembros. El teatrista Roberto Nanetti, al centro, trabajó durante más de tres meses con los estudiantes del colegio Guerrilleros Lanza de Coroico para presentar la obra ‘Bienvenidos  a Coroico’.

Miembros. El teatrista Roberto Nanetti, al centro, trabajó durante más de tres meses con los estudiantes del colegio Guerrilleros Lanza de Coroico para presentar la obra ‘Bienvenidos a Coroico’. Liliana Aguirre.

La Razón (Edición Impresa) / Liliana Aguirre / Coroico

00:02 / 20 de diciembre de 2015

Un cuarto completamente oscuro donde resaltan elementos fluorescentes es el espacio en el que se desarrollan las historias del Teatro Negro Andino, conformado por 14 actores de 14 a 20 años de Coroico. La compañía está dirigida por el teatrista Roberto Nanetti.

Poco queda del presentador de televisión vestido de terno, atuendo sustituido por ropa suelta, un chaleco y una simba de colores trenzada en su cabello. Nanetti, enérgico, instruye a los actores adolescentes del Teatro Negro Andino para su primera presentación, celebrada el 12 de diciembre en el salón San José del mercado modelo de la localidad yungueña.

“Decidí venir a Coroico para realizar este proyecto que trae cultura; aquí no llega el teatro. Tomé todos los ahorros y llegué para que jóvenes se formen como actores”, explicó el artista.

La técnica del teatro negro nació en China hace más de 200 años. En 1950 se popularizó en Praga. “En esta técnica se trabaja con la invisibilidad del actor. Nuestro escenario es un espacio negro con paredes, pisos, laterales y fondo de ese color. Los actores están vestidos completamente de negro. Esto permite que se transmitan ideas, pensamientos y cuenten historias sin la necesidad de que la gente los reconozca”, señaló.

Muchos de los chicos del elenco experimentaron bullying en el colegio y esta técnica les ha permitido trabajar con su autoestima. “Los más miedosos o tímidos tienen la oportunidad de estar en un escenario, nadie los reconoce y se sienten libres. Las personas están hipnotizadas observando los elementos fluorescentes”.

Hay jóvenes que tienen las ganas de hacer arte y generar cultura, pero tienen miedo o vergüenza. “Es importante enfrentar miedos y lo que te da el arte son estas herramientas. El teatro trabaja desde la parte interna para que el resultado sea externo. Trabajamos la complementariedad y no la competitividad”.

Son casi las 19.00, en media hora comenzará la función. Los nervios se sienten, pero la disciplina los aplaca. Los jóvenes ya están vestidos de negro, a excepción de Clara Vaca Peña y Álvaro Palli, quienes llevan ropa blanca con motivos fluorescentes.

“Es una experiencia única el poder actuar, me siento libre y muy seguro”, indicó Palli. Vaca señala: “Hemos aprendido a desplazarnos en la oscuridad, a tener confianza y compañerismo”. La obra cuenta las impresiones de un viajero que, por accidente, llega a Coroico, se encuentra con la naturaleza, los animales, las personas y hasta el amor.

Bienvenidos a Coroico dura una hora en escena. No hay texto; se centra en lo visual y sonoro. “El hecho de vivir solo estos tres meses en Coroico hace que no tenga mucha charla y tenga más comunicación visual. La obra es un espectáculo visual y sonoro donde se comprende una historia sin la necesidad de texto”, dijo. El salón se llena de público, se apagan las luces y solamente brillan dos luces negras. El telón se abre y los 14 actores de deslizan en la oscuridad. El viaje ha comenzado.

Teatro: una puerta para la mente de los jóvenes

“Es como si el cerebro se llenara de colores”, describió al teatro Álvaro Palli, de 20 años. Todos los días camina más de 30 minutos para ir a ensayar. “Al principio a mi familia no le gustó la idea de que haga teatro, me dijeron que dedique mi tiempo a otra cosa, pero hoy estoy feliz porque mi papá vino”. Al fondo del público, el padre de Palli aplaudía entusiasmado al terminar la obra.

Cuando Nanetti apareció en sus vidas, los actores no tenían muy claro lo que era teatro y lo tomaron como un pasatiempo. “Éramos 40 y la mayoría pensaba que sería muy divertido. Si bien es fascinante, hay mucha responsabilidad con la puntualidad y los ensayos, por eso quedamos 14”, contó Flor Riveros (14). Ella quiere ser actriz después del colegio y es la más joven del evento.

Clara Vaca Peña (19) también siente que el teatro le cambió la visión del mundo. “Ahora veo todo de manera distinta, me gustaría ser actriz porque el teatro te abre la mente y te permite vivir otras historias impensables”, agregó.

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