La Revista

Tabú: Saudade

El filme demuestra que el cine, en su versión más clásica, en el sentido de pretender simplemente contar una historia de amor, tan vieja como las de Shakespeare, tan vieja como los primeros relatos cinematográficos de principio de siglo, tiene todavía mucha vida por delante.

La Razón / Sebastián Morales E. / La Paz

00:01 / 03 de noviembre de 2013

En estos tiempos posmodernos —cuando se ha vuelto un lugar común el proclamar la muerte de todo: la muerte de Dios, de la  historia, de la verdad, del arte y del cine— aparece una película como Tabú, de Miguel Gomes. El filme demuestra que el cine, en su versión más clásica, en el sentido de pretender simplemente contar una historia de amor, tan vieja como las de Shakespeare, tan vieja como los primeros relatos cinematográficos de principio de siglo, tiene todavía mucha vida por delante.

La película, dividida en dos partes, bautizadas con los provocadores títulos de “Paraíso” y “Paraíso perdido”, cuenta dos facetas de la vida de Aurora. En la primera parte, vemos a una Aurora al filo de la muerte y de la locura; mientras que en la segunda, Gomes nos presenta al personaje en su juventud en una colonia portuguesa en África. Ahí, nos enteramos que Aurora ha tenido un apasionante, pero prohibido, amorío con Ventura.

El filme pone en evidencia que la sencillez en el relato no es un sinónimo de superficialidad, al poner en juego una serie de elementos que se van combinando entre sí. Así, por ejemplo, las desventuras de la pareja se acoplan al portugués melancólico (el de la saudade) y a una cierta nostalgia que también tiene que ver con el cine: las imágenes en blanco y negro evocan, desde lo poético, toda la historia del séptimo arte. De ahí que la cinta no es simplemente una historia de amor entre Ventura y Aurora, sino es una relación de amor entre el espectador y la película que lo interpela.

Pistas

‘Tabú’ (Murnau, 1931)

Si bien la película de Gomes no es un remake de la de Friedrich Wilhelm Murnau (Estados Unidos, 1931), sí es un claro homenaje. Al ver los dos filmes juntos, cada uno revela una nueva dimensión. Mientras que Gomes dota a las imágenes de Murnau de una cierta poética y narración amorosa, Murnau permite una relectura del Tabú actual a la luz de la larga historia del séptimo arte. Es a partir de la cinta del realizador alemán que se comprende a la perfección el porqué el filme del portugués que, entre otras muchas cosas, es un canto de amor al cine.

‘Historias extraordinarias’

El tratamiento formal de la segunda parte de Tabú recuerda al utilizado por Mariano Llinás, en su Historias extraordinarias (Argentina, 2008). En ambos filmes se emplea un narrador en off que guía el relato y se convierte en la voz de los protagonistas. Este procedimiento podría ser una nueva variante de lo que Pasolini llamaba un discurso libre indirecto. A partir de éste se encuentra una nueva relación entre la imagen y el sonido, en donde ninguno de estos elementos es subordinado al otro, pero permite potencializar la poética de la palabra y de la imagen.

‘Nanuk el esquimal’

El estadounidense Robert J. Flaherty es considerado como uno de los primeros documentalistas de la historia del cine. Nanuk el esquimal inaugura en los años 20 un nuevo género cinematográfico: el documental antropológico o etnológico. En la película, Flaherty describe la vida y las costumbres de un esquimal en su día a día. Es por eso que cuando Murnau decidió filmar en la isla de Bora Bora (en el Pacífico, a media distancia entre Oceanía y América del Sur), pidió a Flaherty colaboración para el guión.

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