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‘Videofilia’: poner en duda la realidad a partir del lenguaje

La palabra que es necesario poner en duda en el filme de Molero es justamente la de “realidad”.

‘Videofilia’: poner en duda la realidad a partir del lenguaje.

‘Videofilia’: poner en duda la realidad a partir del lenguaje.

La Razón (Edición Impresa) / Sebastian Morales Escoffier

00:00 / 06 de diciembre de 2015

Tanto el Festival de Cine Radical que tiene lugar en La Paz, como el Festival Pachamama Cinema de Frontera (el que es en  Brasil, pero es un evento en el que participan muchos críticos y cineastas bolivianos) apostaron en su programación por la película peruana Videofilia y otros síndromes virales, de Daniel Molero.

La cinta cuenta la historia de un joven que emprende un curioso negocio: la realización de videos pornográficos amateurs. El personaje principal se conoce por internet con una mujer menor que él, la que decide seguirle el juego. El filme comienza con encuentros de cibersexo y finalmente en relaciones sexuales reales. El joven aprovecha la disposición de la mujer para filmar sus encuentros sexuales sin que ella sepa muy bien sus intenciones. Mientras la relación entre los dos personajes va a pasar de lo virtual a lo real, la película en sí misma va a proponer un vaivén entre diferentes niveles de realidad.

Así pues, la  historia de la película de Molero es simplemente una excusa, un telón de fondo para hacer exploraciones formales con la imagen marcadas con el signo de la extrañeza. Si la cinta a ratos aparece como un especie de thriller psicológico, no es tanto por la relación que se establece entre los personajes, sino más bien por la forma en la que está construida. Es en realidad un juego con el espectador a partir de la percepción.

La palabra que es necesario poner en duda en el filme de Molero es justamente la de “realidad”. Videofilia combina dos estéticas dicotómicas que a medida que pasa la película van dialogando, complementándose, en la intencionalidad de poner en duda la frontera entre lo virtual y lo real. La primera de estas estéticas se podría llamar de manera muy aproximativa como realista. Se trata de filmaciones en cámara en mano, pixeladas, realizadas a partir de un solo punto de vista, como si uno de los personajes fuera el que sostiene la cámara, convirtiéndose en narrador del filme.

La segunda podría ser denominada como virtual. Es la puesta en escena de una estética de lo simultáneo, de las pantallas múltiples; en fin, de la internet. Aquí se privilegia una intervención de la imagen “realista” a partir de efectos digitales. Esta segunda estética, a su vez, permite también la multiplicación de los lenguajes. Lo gráfico, lo escrito, lo visual y lo cinematográfico se van combinando en la pantalla para lograr un resultado absolutamente híbrido, de diálogo y de ruptura que adentra al espectador en una experiencia sensorial que no le es del todo ajena, la del mundo contemporáneo.

Así, la propuesta formal de Videofilia, en el momento en que las dos estéticas empiezan a cruzarse hasta el punto en que no es fácil reconocerlas (lo que en una primera instancia parecía como imposible), se convierte a su vez en una propuesta existencial, filosófica. Se trata de interpelar al espectador, de borrar las fronteras que parecen tan claras entre lo virtual y lo real. Todo en la película es un juego de apariencias virtuales que a su vez se van actualizando de manera peligrosa en la vida de los personajes, los cuales, a medida que avanza el metraje, van desapareciendo para favorecer la percepción de lo virtual/real. De ahí que en Videofilia es el lenguaje, o más bien dicho, los lenguajes, los que ponen en duda toda concepción de realidad.

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