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A diez años de su traslado, el gigante Bennett aún sufre

Escultura. Para optimizar su conservación, se instalaron tres lectores de temperatura y humedad.

La estela, en marzo de 2002.

La estela, en marzo de 2002. Foto: archivo Ángel Illanes

La Razón / Mariana Pérez / La Paz

00:00 / 25 de junio de 2012

Ha pasado una década desde que el coloso de piedra se despidió de Miraflores y retornó a su milenaria morada en Tiwanaku. Allí, unas sales provocadas por la humedad se situaron entre la espiga y su pie. El Ministerio de Culturas ya elabora un plan.

En marzo de 2002, el monolito Bennett abandonó el templete semisubterráneo de la plaza Tejada Sorzano en medio de una ceremonia andina y la nostalgia de los vecinos miraflorinos que lo acogieron durante casi 64 años.

Su imponente presencia de algo más de seis metros y 20 toneladas fue testigo, y hasta víctima, de la historia. Según los informes de prensa de aquel año, “el príncipe tiwanacota”  tenía 21 impactos de bala en su cuerpo, fue garabateado y las heces de las palomas lo deterioraban más. Entonces, se decidió devolverlo al lugar donde fue encontrado: Tiwanaku, a 70 km de La Paz.

Fue su último viaje y se lo despidió como a un verdadero “príncipe guerrero”. Él es, quizás, la pieza más importante hallada de la cultura ancestral tiwanacota, después de la Puerta del Sol.

Diez años después del traslado, Bennett descansa en una sala del Museo de Tiwanaku y goza de un relativo buen estado de conservación. Cada vez que llega la época de lluvia, la humedad penetra por el suelo, debido a la cercanía con el lago Titicaca y afecta una parte de su cuerpo.

“Ha presentado sales que se forman entre la espiga (sistema de anclaje) y el pie”, indicó el jefe de la Unidad de Arqueología y Museos del Ministerio de Culturas, Julio Ballivián. Asimismo, el alcalde de Tiwanaku, Marcelino Copaña, también coincidió en que el único problema que afecta al monolito es el de las sales.

La espiga del monolito, que fue  incluida por sus mismos creadores y permite su estabilidad, fue conectada a una cámara de concreto al vacío que se construyó en el museo. Pese a que la cámara fue aislada con un material de caucho y goma para optimizar la conservación de la pieza lítica, existen filtraciones de agua que se generan cada vez que llueve, entre febrero y abril, explicó Ballivián.

Por ello, ya se instalaron tres lectores de humedad y temperatura que permitirán conocer el impacto de los cambios producidos por agentes externos. “Se viene trabajando en una propuesta para poder adecuar y este sector de la cámara e impermeabilizar por completo”, agregó

Desenlace. El peregrinaje de Bennett generó polémica en todas sus épocas. Desde que fue encontrado por el arqueólogo Bennett en el templete de Kalasasaya (Tiwanaku) en 1932, todos quisieron cobijar a la joya prehispánica.

Ahora, que por fin retornó a su tierra milenaria, se espera que pueda descansar y gozar de los cuidados propios de un hallazgo de su nivel. Por ello, para el alcalde Copaña es importante que se solucione pronto el problema legal de una empresa con el Ministerio de Culturas y así se concluya en su totalidad el museo donde se encuentra la escultura.

El coloso de piedra corresponde a la Cuarta Época de Tiwanaku, el periodo imperial de la antigua civilización prehispánica.

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