Cultura

Admiración, esa virtud agonizante - Ricardo Bajo

La Razón / La Paz

00:05 / 14 de junio de 2012

El primer libro que Allen Ginsberg, con 17 años, le recomendó a Jack Kerouac, con 21, (dos de los famosos de la Generación Beat) fue Las almas muertas de Gogol. Eran los años 40 y así comenzaba un fructífero intercambio de cartas (casi 300, dos terceras partes inéditas), que editorial Anagrama publica ahora. El libro, que se presentó en castellano en mayo, llega para homenajear un sentimiento: la dulce admiración, “una de las agonizantes virtudes del carácter” entre dos “hermosos dorados girasoles” (parafraseando el poema Aullido de Ginsberg).

Cartas se lee como novela, con dos personajes que comparten dichas y venturas, gusto por los clásicos y una pasión por leer, “mi interés por la lectura radica en aprovechar la experiencia de otros”, le dice Ginsberg a Kerouac.

El libro viaja por las etapas de ambos: las alucinaciones místicas de Ginsberg bajo el efecto de las drogas; el escepticismo de Kerouac; y los innumerables episodios alrededor de novias, trabajos asquerosos, poemas, chicos, pobreza, cárceles, viajes y otros.

Y por supuesto, por las peleas motivadas por robo de palabras y otras “nimiedades” (como las feroces críticas de Ginsberg a En el camino de Kerouac) que jamás pudieron terminar ni con la amistad ni con las cartas entre ambos.

Ricardo Bajo es periodista

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