Cultura

Cholitas luchadoras bolivianas se promocionan para los turistas

Ellas tienen una oficina en la calle Sagárnaga. Su espectáculo es para extranjeros

Pelea. Claudina la ‘Maldita’ practica una llave con Rosita la ‘Cariñosa’ en inmediaciones de la Sagárnaga.

Pelea. Claudina la ‘Maldita’ practica una llave con Rosita la ‘Cariñosa’ en inmediaciones de la Sagárnaga. Foto: Eduardo Schwartzberg

La Razón (Edición Impresa) / Juan René Castellón / La Paz

00:08 / 15 de junio de 2014

Frederick fue levantado por El Aristócrata y arrojado a la lona. Ésa fue la mayor emoción que el dinamarqués había vivido en Bolivia. Fue lo mejor de su visita a este país, según confesó. 

Esa escena se vio en el cuadrilátero del coliseo de la zona 12 de Octubre de El Alto, el domingo 8. Frederick era uno del centenar de turistas que ese día apreciaba el espectáculo organizado, entre otros, por Bolivian Wrestling Cholitas o Cholitas Luchadoras de Bolivia.

La pelea que finalizó de ese modo era una de dos contra dos mixto: El Aristócrata y Benita la Intocable, frente a El Picudo y Martha la Alteña.

Rosita la Cariñosa comentó que a veces los turistas piden subir al ring para pelear con los cachascanistas e incluso con las mujeres de pollera. Ella explicó que aceptan que lo hagan con los varones, pero no con las mujeres porque “ellas no miden las consecuencias y los pueden lastimar”.

Ese día Frederick había pedido al guía de turismo, Víctor Ángel Oviedo, de la agencia Buho’s, subir al escenario. Cerca de las 20.00, cuando culminaba esa pelea, su sueño se hizo realidad.

Entonces, el guía corrió donde Frederick y le dijo que suba. Éste se trepó y se enfrentó a El Aristócrata. Éste se mostró sorprendido, pero ante el embiste del dinamarqués, lo levantó en vilo y arrojó a la lona. Luego se marchó.

“Es muy agradable apreciar este tipo de show porque te muestran diferentes cosas que no te la esperas”, comentó en inglés, aún excitado, cuando era transportado por el bus de la agencia Buho’s rumbo a su hotel en la calle Sagárnaga de la ciudad de La Paz.

Las cholitas luchadoras están en los cuadriláteros desde hace 11 años de forma ininterrumpida, según cuentan Rosita la Cariñosa y Claudina la Maldita, dos de las cuatro que fueron las primeras. Además de ellas, entre las pioneras se encuentran Martha la Alteña y Julia la Paceña.

Ambas atendieron a este medio de comunicación sentadas en una oficina de la galería Paraíso, ubicada en la turística calle Sagárnaga. Al ingresar al ambiente se observa un letrero gigante que señala: Bolivian Wrestling Cholitas, The Original. 

Low Prices an book them in all the tourist agencies your ticket, include transportation, service tour guide, vip seats snack, souvenirs, photos an so on. Es decir, ellas ofrecen su espectáculo mediante todas las agencias de turismo, que transportan a los viajeros hasta el coliseo, les dan refrigerios, les ofrecen fotos con las cachascanistas y muchas otras cosas más.

Las cholitas luchadoras inauguraron hace un año su oficina de promoción en pleno centro turístico de La Paz, la calle Sagárnaga. Lo que hacen allí, cuenta Rosita la Cariñosa, es promocionar el show; son visitadas por los turistas, se sacan fotografías y les cuentan sus experiencias y cómo se desarrolla el espectáculo.

Las agencias llevan a los extranjeros hasta el Multifuncional de la Ceja, que es el escenario donde surgieron las primeras cachascanistas de pollera; hasta el coliseo 12 de Octubre, donde están desde hace tres años; y hasta el Teatro al Aire Libre, ubicado en la Ceja, detrás del Centro de Referencia Ambulatorio (CRA).

Las empresas venden el paquete, que incluye toda la promoción, por un valor de entre Bs 50 y Bs 60, y las peleadoras ganan solo por el boleto de ingreso, que en el coliseo 12 de Octubre es de Bs 25 para los extranjeros. Los nacionales pagan Bs 12.

En la oficina se ven además pequeños recuerdos: cholitas peleadoras sobre un ring o con máscaras de cachascanistas, todo fabricado de lana y alambre.

Cuando acabó el espectáculo el domingo 8, varias decenas de visitantes foráneos se subieron emocionados al escenario y se tomaron fotos con las peleadoras andinas y no así con los varones. Esto forma parte del paquete turístico.

Aquellas posan sin problema, pues su show está pensado en los visitantes. La subida al ring de Frederick es también parte de la oferta.

El escenario es un campo deportivo con graderías de cemento a un costado. Al frente de ellas están armadas graderías de madera y fierro, que son para los invitados.

Alrededor del ring están sillas de plástico exclusivamente destinadas a los llevados por las agencias. El cuadrilátero está separado de ellas por un espacio de dos metros y por unas barandas metálicas transportables.

Claudina la Maldita ingresó al cuadrilátero enjoyada y bailando la kullawada. Luego se acercó a los turistas y a uno de ellos le pidió un beso en la mejilla; pero cuando éste se acercó, ella le dio un beso en los labios. Airosa, siguió avanzando y se aproximó a otro foráneo y le ofreció otro ósculo en la mejilla, y cuando éste se asomaba, ella alejó el rostro y le dio un golpe suave en la mejilla.

Después de las fotografías, ellos se subieron a tres góndolas que los aguardaban en la calle y recibieron un recuerdo, las cachascanistas de lana que estaban exhibidas en la oficina de las Bolivian Wrestling Cholitas. Pero las artesanías no alcanzaron y una de las guías salió en busca de más y volvió con máscaras de luchadores. Frederick, que estaba sentado en los últimos asientos, recibió una de éstas y se la puso de inmediato.

“No es muy tradicional, no es muy usual. Es algo nuevo y de verdad lo disfrutamos mucho”, dijo entusiasmado, entre los gritos de sus coterráneos azuzados por el guía de turismo.

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