Cultura

Museo de textiles de Asur reabre en su propio ambiente

El museo de textiles de la fundación Asur reabre sus puertas en la zona más antigua de Sucre: el barrio de La Recoleta. El inmueble, construido con recursos propios y la ayuda de dos instituciones internacionales, cuenta con nueve salas de muestras.

La Razón / Ricardo Aguilar / La Paz

00:30 / 18 de enero de 2012

“El museo se construyó en terrenos de la fundación en La Recoleta (calle Iturricha 314). Con pocos recursos logramos levantar un lugar modesto; nunca será como el que teníamos en la colonial Casa Capellánica, que era enorme”, dijo Verónica Cereceda, directora de la institución.

Asur (Antropólogos del Sur Andino) es una fundación que trabaja con cerca de 500 comunidades de las culturas Jalq’a y Tarabuco. Tras restaurar la Casa Capellánica (construida en 1630), la fundación adquirió el derecho de usarla como museo. La Prefectura de Chuquisaca ratificó la figura, en 2005, otorgando la casona por 20 años.

En marzo de 2011, la Gobernación (encabezada por el masista Esteban Urquizu) rompió el contrato, alegando que una fundación es una institución privada y ninguna organización que no sea pública tiene derecho a usar bienes del Estado. La Gobernación ha dispuesto  otro museo en el espacio.

“Por supuesto, el nuevo inmueble quedó más pequeño, pero es una ‘joyita’”, calificó Cereceda. La Fundación Asur     recibió la ayuda de Interamerican Foundation y de la Fundación Handel de Luxemburgo. “Si bien esa ayuda fue fundamental, no nos alcanzó, por lo que Asur debió vender sus vehículos para completar los trabajos”, contó la antropóloga.

Los costos de la obra se incrementaron porque Asur no contaba con un terreno adecuado y se vieron obligados a nivelar “una parte de cerro”, dificultad que impidió que los ambientes tengan una mayor amplitud. Según la directora, el lugar tiene un aspecto campestre, con molles y otros árboles, “tal vez más acordes con las temáticas del arte del tejido”.

El museo cuenta con nueve salones de exposición: una de la cultura tinquipaya, otra de música y danza, una jalq’a, una ritual, Yampara-tarabuco, de tapices masculinos, de material arqueológico y dos de material tiwanakota. Esta última sala es de peculiar interés, pues es la única en Bolivia que reúne tejidos y cestas funerarias de la cultura Tiwanaku. Las piezas que las componen se pudieron conservar por haber estado cerca del salar de Uyuni.

Tejedores. La actividad en el museo se detuvo por más de 11 meses, pero Asur no suspendió el proyecto de trabajar con los tejedores y artesanos originarios. Esta iniciativa, explicó Cereceda, contribuye con el proceso de descolonización al afirmar no sólo la memoria oral de las culturas Jalq’a y Tarabuco, sino que da a conocer sus discursos artísticos expresados en los tejidos, los que, a su vez, contienen el correlato de sus mitos y toda su cosmovisión.   

“En cierto momento se dijo que todo el patrimonio de la entidad era público, querían sacarlo y corría riesgo”. Ante ello, Asur cuenta con el apoyo de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia, custodio del patrimonio del museo.

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