Cultura

‘Velódromo’: mala onda - Ricardo Bajo H.

La Razón / La Paz

00:07 / 24 de mayo de 2012

Uno lee o ve las películas o las novelas del sobrevalorado Alberto Fuguet y son variaciones de un mismo tema. En el MegaCenter se proyecta la segunda peli del chileno; se llama Velódromo. Es sumamente decepcionante. Nos encontramos otra vez con Matías Vicuña, su cansado y aburrido personaje de su mejor novela, Mala onda.

Otra vez el perdedor, el joven viejo, interpretado por el actor Pablo Cerda. Paseos en bicicleta por Santiago, rollos generacionales, treintañeros con problemas existenciales, vacíos nihilistas, pretenciosidad, silencios tristes, estereotipos de una juventud apática, metáforas facilonas, como dar pedales en un círculo sin fin... Tiempos muertos que no conmueven; aburren. Me cansan en exceso películas de este estilo con salas desiertas —el viernes a las ocho de la noche estábamos dos personas—, complaciéndose únicamente a sí mismas, pretendiendo imitar a los maestros, dialogando con y para su ego.

Fuguet y su obra consiguieron matar al padre con su movimiento McOndo ¿y luego qué?  Va siendo hora que el cine de Fuguet abandone la “adolescencia” y apunte a nuevos horizontes, menos tibios, menos apáticos. O de lo contrario seguirá dando vueltas en un velódromo vacío. Quizás va siendo necesario que matemos a los Matías Vicuña para no pasar a la “historia” como un pinche parricida. Velódromo es una película con sueños de ser íntima —“cinegarage”, lo llama el propio autor— y sólo alcanza a ser olvidable, anémica, quejica, mala onda.

Ricardo Bajo H. es periodista

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